Campeones mundiales con el premio en camino

Una pareja tucumana de bailarines ganó el World Latin Dance Cup, pero el trofeo está en Israel.

30 Ene 2018
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EN ESTADOS UNIDOS. Pablo González y Romina Avellaneda debieron reclamar para poder competir en la final.

Pablo González y Romina Avellaneda están a 12.500 kilómetros de su premio. Los bailarines tucumanos ganaron el World Latin Dance Cup como dúo amateur de bachata, realizado en diciembre en Orlando (EEUU), pero pisaron suelo argentino con las manos vacías y la promesa de que el trofeo pronto les llegará.

La distancia señalada es la que separa Tucumán de Israel. En esa tierra está el galardón, luego de una sucesión de confusiones y malos entendidos, en una historia que fue compleja desde el inicio.

Pablo y Romina bailan bachata y salsa desde hace cuatro años. “Lo hacía por hobbie, para presumirla. La llevaba a las salseras -bares con ritmos caribeños-, ella se prendió y empezamos a tomar clases juntos en academias”, cuenta González. Cuando vieron la oportunidad se anotaron en las eliminatorias del Mundial; quedaron seleccionados y armaron las valijas. Pero no sabían todo lo que iban a tener que pasar para llegar a ser campeones.

Acto 1: un largo viaje

Su primera experiencia -amarga- fue en grupo, en 2016. Ambos terminaron lesionados: un desgarro en el isquión de una pierna de Avellaneda y en los meniscos de ambas piernas de Pablo. “Mi novia tenía que hacer reposo y fisioterapia y yo me tenía que operar”, explica González. A diferencia de otros bailarines que ensayan todo un año, ellos sólo pudieron hacerlo durante seis meses para una nueva competencia.

El vestuario es una pieza fundamental del bailarín, de mucho peso económico. “No conseguíamos a nadie que nos haga los trajes para competir, hasta que encontramos a una modista de danzas árabes. Le dimos nuestra ropa para que se guiara en la nueva confección, pero destrozó la tela y modificó todo. Al estar tan desesperados, del cielo cayó una genia de la costura que se puso todas las pilas y nos hizo todo en menos de tres semanas. Sin ella no podríamos haber participado del mundial”, describe Pablo. Eso sería el inicio de una sucesión de hechos inesperados.

Acto 2: el papelón

“Ya está, Gorda, hicimos lo que pudimos y hasta acá llegamos”, le dijo Pablo a su novia cuando no escucharon sus nombres entre los finalistas. Los nominados ya habían bailado e Israel se había quedado con el premio mayor. Sin embargo, algo no le cerraba; a la noche, en el hotel donde se alojaban, revisó la planilla ya que los puntajes le daban vuelta en la cabeza y no lo dejaban dormir: “entré a la página para ver qué calificación habíamos sacado y así saber en qué teníamos que mejorar, y descubrí que los números de un jurado estaban directamente en blanco”.

González se quejó y los organizadores tuvieron que arreglar el problema. Decidieron darle al dúo la oportunidad de bailar ante una mesa especial, para que puedan pelear por un lugar en el podio. “Esta pareja que en principio no había pasado a la final, queda dentro de los finalistas (...). Dicha situación generó a la hora de publicar los resultados y anunciarlos en la premiación un error humano. La organización pide disculpas por esta situación y lo lamenta profundamente”, aclara explícitamente el correo electrónico que envió un responsable de la organización.

Los bailarines tucumanos dejaron todo en la pista y el jurado puso su puntaje. Al resultado no lo conocieron en el momento y para matar las ansias se fueron a Cancún. “Intentamos despejarnos para pasar el mal rato. ¿Qué más íbamos a hacer”, cuenta.

Acto 3: la consagración

“Son los ganadores”, les decían sus amigos que también habían participado del certamen, pero no lo podían creer. Las posiciones finales se habían modificado por su nueva participación y los resultados lo decían: Israel quedaba segundo y tenía que entregar el trofeo a los argentinos. “Me hizo acordar a la ceremonia de Miss Universo 2015, cuando hubo un error en la premiación”, resalta, sin ánimos de ofender a nadie. La “corona” tenía que ser devuelta, Tucumán era el campeón del World Latin Dance Cup 2017.

A pesar del error cometido, todo indica que el trofeo ya está en camino. “Aquí estamos, esperando a que nos llegue, supuestamente a comienzos de febrero ya lo tendremos con nosotros”, señala González.

La organización del certamen, en compensación por el error cometido, prometió que les permitirán competir directamente en la semifinal, sin pasar por ninguna eliminatoria, para el mundial que se realizará a fines de este año. A la pareja le queda evaluar si la convocatoria es suficientemente atractiva como para olvidar tantos sufrimientos y soñar con el bicampeonato.

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