Mensaje de Whatsapp

El audio difundido supuestamente por la acusada en la estafa con viviendas muestra la maquinaria de corrupción enquistada que involucra a la política y también a empresarios que consideran estos métodos como un mal necesario.

28 Ene 2018 Por Federico Diego van Mameren
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“Es muy difícil, se lo juro, trabajar y mandar mensajes a la misma vez, yo desde las 7 de la mañana estoy parada luchando para que ustedes tengan su hogar. Yo sé que ustedes no lo ven o no lo saben, pero nosotros estamos trabajando mucho porque es una responsabilidad. Yo hoy hablé con una integrante del grupo para pedirle que me ayudara porque de verdad me siento muy mal; sin embargo no voy a bajar los brazos, pero les pido por favor que no me sigan poniendo palos en la rueda”.

La voz de la mujer suena tranquila. Sería la de Elizabeth Rosa Alzogaray. Pero podría ser la de cualquiera que repite y repite cuán duro están trabajando. La mujer dice que es una responsabilidad de ella. ¿Responsabilidad? Hacer trampas para entregar una casa no puede ser algo responsable. El reclamo de la gente que se siente estafada significa para quien es corrupto poner palos en la rueda.

Con la ayuda de Marta

La voz no se detiene. El audio enviado por Whatsapp a las personas a las que les sacaron plata para que tengan su casa tiene más frases célebres.

“Porque este proyecto se va a dar como se ha dado en otros momentos, pero el apoyo de la gente es fundamental. Si nosotros no tenemos sus apoyos no tenemos nada porque ustedes, los que vienen con la necesidad y vienen y hablan y nos cuentan sus problemas y ¿por qué ingresan por esta puerta? o ¿por qué no ingresan por otro lado? o ¿por qué no hacen su casa? Nosotros somos conscientes. A mí, Marta, cuando me trae una carpeta, me dice a esta persona le pasa tal o cual cosa, esta persona tiene una discapacidad.”

Para esta mujer que siente que está haciendo política de una manera responsable ¿qué significará este proyecto? ¿Será engañar con acciones le competen al Estado? Hay ministerios completos que se ocupan de estas necesidades. Tan parecido a lo que lo que legisladores usaban como justificativo para sus gastos extras. La aparición de Marta, quien supuestamente sería una empleada del Instituto de la Vivienda, confirma que adentro del organismo estatal también hay focos de corrupción para que esta maquinaria -proyecto según esta voz- funcione.

¿Intermediaria?

La mujer necesita parar el enojo, la bronca, por eso no se detiene y sigue hablando: “yo sé lo que ustedes viven, sé lo que pasan, pero quiero que sepan que yo no quiero defraudarlos, pero necesito que me colaboren y que me ayuden con su fe. Mandándome con la positiva. Yo no soy su enemiga, tampoco soy la dueña de las viviendas. Si yo lo fuera, les aseguro que el día que se han inscripto les hubiera dado la llave en la mano. Sólo soy una intermediaria entre ustedes y su hogar. Nosotros necesitamos de su fe y de su paciencia sobre todas las cosas.

Esto no es soplar y hacer botellas; no se hace de un día para el otro”.

La necesidad para tener una casa y las trabas burocráticas de un Estado que no facilita las cosas permite que este negocio funcione. La voz advierte que no es enemiga. Es una intermediaria. Innecesaria figura si las autoridades responsables del IPV, del Gobierno, quisieran -e hicieran- que la institución funcione correcta y éticamente.

El peor momento

Pero hay más. Es necesario que la culpa sea de otro y entonces la supuesta Alzogaray ensaya sus penúltimas palabras: “Estamos pasando por uno de los peores momentos de nuestro país y tenemos que hablar y luchar con pinzas. Entonces les pido por favor que me entiendan. Yo también espero respuesta. Pero estoy tranquila porque ustedes van a tener su lugar. Marta sabe”. Cualquier político de hoy (el poco creíble Osvaldo Jaldo no se cansa de repetir esas frases) está seguro de que los problemas actuales son por culpa del otro. No hay mea culpa. Y ahora en este juego de irregularidades nada mejor que echarle la culpa a la crisis. A los necesitados de un hogar les hubiera salido todo más barato sin corrupción.

El show va a continuar

“Nadie quiere joder a nadie, sáquense esa idea de la cabeza. Ya voy a informar. Ustedes me exigen que les informe algo pero yo también necesito que me informen a mí, que me digan algo. Así va a ser. Les pido por favor que se tranquilicen y se relajen. Ayúdennos, sean positivos. Yo creo que si me agarra un infarto o un ACV, porque me puede pasar, no sé qué puede pasar, porque me siento muy mal; pero si a mí me pasa algo, la que me va a reemplazar no va a ser como yo. Yo dejo mi alma, mi cuerpo y mi vida en esto. Les pido que me entiendan de corazón. Por favor. En el transcurso de lo que queda del día les voy a avisar. Pero quiero que sepan que van a tener su lugar”. Así concluye el mensaje de cinco minutos con 49 segundos. Finaliza contradiciéndose porque desde el primer momento cobrarle a alguien por algo que no debería abonar ya implica estar aprovechándose de la necesidad de alguien. Aún peor, augura que si ella no estuviera (tal vez intuye que puede ir presa) quien venga no será como ella. Es decir que piensa y confirma que el sistema de trampas, irregularidades y corrupción seguirá. Lo da como algo inexorable, como si la única forma de acceder a una vivienda fuera haciendo trampas.

En algún momento el ex interventor del IPV, Gustavo Durán, llegó a aceptar que podría haber algo, alguna falta, pero lo importante eran las miles de casas que se habían hecho. La justificación de la corrupción como un error que puede ocurrir es la misma que utilizó Hugo Moyano cuando habló de que es el Presidente de la Nación quien lo persigue. Niega a la Justicia y las propias responsabilidades.

Desde el poder político, cuando se denunciaron este tipo de irregularidades en el IPV, les pedían a las autoridades que aguanten, que ya iba a pasar. De alguna manera ese mismo mensaje está encriptado en el audio de WhatsApp de la intermediaria. El concepto es: “ya se va a olvidar la prensa”, como si fuera algo dirigido en contra de alguien, cuando en realidad, el periodismo se hace eco de las cuestiones de las que se queja o preocupan a determinados actores de la sociedad. De alguna manera, la prensa actúa como una fuerza de equilibrio que puede servir de bote salvavidas para las instituciones; no se trata de un acorazado que sale al mar a destruir enemigos. A esa última metáfora adhieren los principales actores del poder con el fin de victimizarse y eludir responsabilidades. en lugar de pedir disculpas y de corregir rumbos.

Más de lo mismo

Ninguno de estos procesos puede sorprender a las máximas autoridades, que gobiernan Tucumán desde hace 14 años. Tanto el ex mandatario José Alperovich como el actual Juan Manzur sabían de las irregularidades que ocurrían en el IPV. Tampoco pueden presumir inocencia otros dirigentes, como legisladores que, al contrario, se beneficiaban contra el gran circo de la entrega y de la construcción de viviendas. Ni qué hablar de los empresarios para los que, con tal de tener el negocio cerrado, la corrupción era un mal necesario. Cada vez que a Alperovich o a Manzur (ellos tratan de diferenciarse, pero en este caso son idénticos) se les consultó sobre estas porquerías respondieron que alguna vez la Justicia se ocupará del tema como si no dependiera de sus gestiones ponerles coto a las irregularidades. Los políticos suelen vivir en tiempo futuro. Se preparan para lo que vendrá, especulan con lo que va a pasar, presumen de adivinar qué ocurrirá y todas sus acciones están dirigidas al mañana, subestimando el presente. Creen que el hoy se ordena solo, total en pocas horas ya será pasado y no creen que ese pasado los condene. Por las dudas sólo se ocupan de poner amigos en la Justicia que puedan darles una mano si fuera necesario. Pensar sólo en el futuro se difunde en los ámbitos políticos como figuras con olfato, cuando en realidad se convierten en piezas necesarias de la fábrica de corrupción.

Cómplices

Muchos ciudadanos son cómplices de ese proceder. La desesperación por encontrar el camino más corto los hace vivir en esta doble moral. Nadie se preguntó ¿por qué debían pagar para llegar a tener un hogar cuando el trámite no necesita íntermediarios? ¿Alguien tomó conciencia de que antes de protestar por los focos de basurales podrían no haber arrojado desperdicios donde no debían? ¿Nadie pensó que pagar una coima es salvarse él mismo y hundir a todos; en cambio, pagar la multa es cumplir con sus deberes? De tal palo, tal astilla.

Un mes que se las trae

Enero se despide. Fue incapaz de resolver problemas. Al contrario, los potenció. Las soluciones se fueron de vacaciones. Descubrió que no había permiso para volar. Le endosó el aumento del viaje en ómnibus a febrero. Y, por las dudas, si este corto mes no sabía bien qué iba a hacer ya agendó el comienzo del juicio de Paulina Lebbos. Tribunales vivirá en una montaña rusa, de la que el flamante presidente Daniel Posse no podrá bajar fácilmente. El gobernador les debe los nombramientos de jueces, compromiso que adquirió cuando expiraba el año pasado y la Justicia de Paz está en deuda con la sociedad a raíz de que en las designaciones muchas veces pesa más el amiguismo político antes que la idoneidad. Y la velocidad de estos carruseles puede acelerarse si los famosos veedores de la Justicia nacional que no son veedores sacan trapitos al sol en las causas en las que hay figuras políticas involucradas.

Los motores empezarán a rugir en la Universidad Nacional de Tucumán, que en el próximo cuatrimestre empezará a definir sus nuevas autoridades. En las últimas elecciones esos comicios, lejos de ser un ejemplo de pulcritud y transparencia, estuvieron cargados de sospechas de corrupción.

Al comenzar la semana pasada, el papa Francisco revisó su conducta en Chile y salió a pedir perdón por lo que dijo y por las formas de defender a un padre acusado de abusos sexuales. En Tucumán los excesos o irregularidades se justifican y nadie pide disculpas por ellos.

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