La vida de un adicto a las cámaras

28 Ene 2018

De Máximo Hernán Mena.-

Con la mención de tres datos puede comenzar la fama, como si las palabras pudieran ser el resumen de una existencia y de un futuro: “Me llamo Sergio, tengo 23 años y vivo en San Isidro”. Hace cuatro años que Sergio Torres pronunció esta frase como presentación. Luego, salió de la Casa de un reality show y, de vez en cuando, aparece en algún programa de televisión. Sin embargo, con el transcurso de su relato y de la novela es posible entender que casi no hay más nada que esa línea escueta, como si todo el tiempo el personaje compusiera un rostro o una frase para tramar una imagen. La farsa y la fama se escriben con las mismas mentiras y cuentan con las mismas superficies de placer.

Sergio se aseguró de continuar en los márgenes de la fama, en las orillas de la pantalla, y así se convirtió en el verdadero ganador. Por ello es que desea que las cámaras sigan persiguiendo su imagen a todos lados, como si al amparo de ese gran ojo todo pudiera ser más real. Ha comprendido que para permanecer y volver a aparecer, debe reinventarse a sí mismo.

© LA GACETA

Comentarios