CheChelos es una apuesta al nuevo folclore

Los chelistas Mauro Sarachian y Ramiro Zárate Gigli debutarán en Tucumán con “Instinto”.

28 Ene 2018
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DESESTRUCTURADOS. Zárate Gigli y Sarachian juegan con el humor.

La vida artística corre a la velocidad del arco sobre las cuerdas para el dúo CheChelos. Mauro Sarachian y Ramiro Zárate Gigli decidieron conformarlo en 2016, el año pasado fueron elegidos Revelación en el Festival de Cosquín y esta noche se presentarán por primera vez en Tucumán, en Casa Managua, para desplegar el contenido de su primer disco, “Instinto”.

Su propuesta se enmarca en la renovación folclórica que circula en el país. Dos violonchelos y dos voces en escena, que abordan un repertorio popular de compositores clásicos y nuevos, con arreglos originales y un toque distintivo de humor y diversión, sin ser una pareja cómica. Chacareras, gatos, zambas, vidalas, cuecas, chayas, huaynos, rasguidos dobles y canciones se suceden para viajar de los hermanos Ábalos a temas propios, pasando por el riojano Ramiro González, el cordobés José Luis Aguirre y el jujeño Pachi Herrera.

“Con Ramiro nos conocimos en la Orquesta Filarmónica de Río Negro, que es única en su especie en todo el país porque hace giras permanentemente por todos los rincones de la provincia -señala Sarachian-, y con artistas de todo el país. Como siempre estábamos viajando, en los descansos y en los hoteles zapábamos con folclore, hasta que nos dejaron tocar en la previa de los conciertos, como teloneros. Los dos somos músicos profesionales académicos y ahora nos concentramos en el dúo, por lo que renunciamos a la formación”.

Para este chelista, la de 2017 fue su segunda vez en Cosquín, 15 años después de su joven presencia con un quinteto. “Teníamos una sensación rara, pero estábamos convencidos de que había que presentarse y el reconocimiento nos abrió muchísimas puertas”, admite.

“Empecé a tocar a los 13 años con el bajo eléctrico, y al año siguiente entré en el Conservatorio Nacional. Siempre quise hacer melodías y el chelo me lo permite, aunque es un instrumento muy ingrato y suena feo hasta que lo dominás, porque no te perdona errores. La única manera de aprenderlo es en la academia y con la tradición europea. Pude estudiar seis años en Barcelona y en Bélgica, y en todo momento me interesó hacer folclore. Lo clásico me permitió dominar el chelo para hacer lo que quiero, tener la técnica al servicio de todo estilo de música”, destaca.

El músico reconoce que su instrumento no está todavía suficientemente integrado al folclore, aunque se viene dando una apertura: “el chelo suele estar relegado a hacer notas largas y nuestro sueño es dar a conocer todas las posibilidades que tiene, para que en el futuro sea normal verlo en una peña”. El listado de sus escuchas iniciáticas lo demuestra: abarcó desde el Chango Farías Gómez y Mercedes Sosa a Juan Quintero y su Aca Seca Trío, ampliado ahora.

CheChelos ensaya a distancia. Mauro vive en la Capital Federal y Ramiro en Neuquén. “Ensayamos por teléfono, con manos libres. Nos pasamos los arreglos, cada uno los prepara por su lado y cuando nos juntamos lo terminamos de trabajar juntos. Desde el principio fue así, es un sistema que lo tenemos probado y nos funciona porque todo fluye bien cuando hay química musical”, resalta Sarachian.

El dúo ya está trabajando en su segundo CD, con la mitad del repertorio de composiciones propias de raíz folclórica. “En ‘Instinto’ tomamos varios temas que están en el oído de la gente, le cambiamos el timbre y logramos emular el rasguido de la guitarra con el arco -explica-. Es nuestra particularidad para que sea folclórico”.

ACTÚA HOY

• A las 22 en Casa Managua (San Juan 1.015).

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