La violenta pelea juvenil en San Isidro de Lules

23 Ene 2018 Por LA GACETA

Los hechos de violencia social son una expresión del malestar de la sociedad, cuyas causas son diversas. En los últimos tiempos han proliferado las grescas juveniles en espacios públicos, dejando como resultados lesionados y también muertes. En la madrugada del domingo 14 de enero, en una estación de servicio ubicada frente a la rotonda que conecta las rutas 321 y 301, a la altura del acceso principal a la ciudad de San Isidro de Lules, un grupo de jóvenes protagonizó una pelea campal. El enfrentamiento, seguido de un tiroteo, que tuvo una duración de unos 30 minutos, dejó por saldo un adolescente herido de bala, otros dos, hospitalizados a causa de los golpes recibidos; dos policías de civil, detenidos y un local con grandes destrozos, cuyas pérdidas ascenderían a $150.000.

De acuerdo con la Policía, la pelea se inició a la salida de un boliche ubicado en el camino a la Quebrada de Lules, sobre la ruta 321, donde dos grupos se tomaron a golpes. El tumulto prosiguió en el acceso al municipio y de allí se trasladó hasta el interior del bar, que está en la estación de servicio. Los integrantes de la Guardia de Infantería tuvieron que hacer disparos con balas de goma para controlar la refriega. Luego, aprehendieron a tres adolescentes de 17 años, en la playa de estacionamiento. Dentro del bar, fueron detenidos dos hombres, que se identificaron como policías, y que estaban vestidos de civil, uno portaba un arma provista por la fuerza de seguridad.

No es la primera vez que Lules es escenario de reyertas juveniles. A fines de septiembre pasado, en la plaza principal de esa ciudad, tuvo lugar un festival por el Día del Estudiante. Grupos de adolescentes se agredieron física y verbalmente. Los disturbios llevaron a los organizadores a dar por terminado el encuentro cuando aún restaba la presentación del último número musical. El intendente luleño le restó importancia al episodio, pero un integrante de la fuerza policial afirmó que se habían enfrentado más de 100 menores de edad y tuvieron que actuar para disolver el disturbio.

Con el argumento de “son cosas de chicos”, se dejó correr las peleas juveniles. El 19 de mayo pasado, dos estudiantes del Gymnasium Universitario fueron apuñalados a metros de la esquina de 25 de Mayo y Santiago del Estero en medio de una pelea con adolescentes de otros colegios. Uno de ellos recibió un puntazo en el corazón y falleció. Los tres adolescentes acusados del ataque fueron dejados en libertad porque eran menores de edad. El episodio conmocionó a la sociedad y todo hacía suponer que generaría un debate a fondo para encontrar soluciones inmediatas, pero tras los primeros espasmos, finalmente, todo volvió a la normalidad, pese a los hechos violentos se registraron nuevamente en las semanas subsiguientes, pero sin víctimas mortales.

Los padres no pueden mirar hacia otro lado. Esta realidad está reflejando una alarmante falta de comunicación con los hijos, hasta el punto de ignorar qué es lo que hacen o piensan o cuáles son sus problemas. La violencia es sinónimo, entre otras cosas, de ausencia de diálogo, de no poder resolver civilizadamente las diferencias, como si la agresión pudiera solucionar algo. Estamos aprisionados en un sistema que promueve el individualismo y el consumismo, de cual solo se puede salir a través de la comunicación y la educación. Lo peor que puede hacer la sociedad es seguir tirando la tierra bajo la alfombra y descuidar la salud mental de los jóvenes.

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