“Con la supresión del Ballet Nacional pierde el pueblo”, alerta Marcantonio

La bailarina tucumana integra la compañía de Iñaki Urlezaga, que fue desfinanciada por Cultura.

23 Ene 2018
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PROTESTA CON ARTE. Los integrantes del desactivado Ballet Nacional reclamaron por su situación frente al Ministerio de Cultura de la Nación. canalabierto.com.ar

Eran nómades de la danza clásica. Recorrían el país (literalmente, de norte a sur) con funciones y clases gratuitas. Habían comenzado a programar la actividad de este año, pero todo se frustró hace 10 días, cuando desde el Ministerio de Cultura de la Nación se decidió desactivar el Ballet Nacional de Iñaki Urlezaga y más de 60 integrantes de esa compañía quedaron en el aire.

En ese cuerpo de baile hay una tucumana. Flavia Marcantonio deseaba cerrar su etapa en la Capital Federal y volver a vivir a la provincia, pero no de este modo. “Quería regresar en 2019; ahora no sé qué voy a hacer como no lo sabe ninguno de mis compañeros. Pero en este cierre perdemos todos: nosotros nos quedamos sin trabajo, pero el pueblo, sin un proyecto extraordinario, con escenografías, vestuarios, equipo y propuestas maravillosos. Y las generaciones futuras, sin este espacio de creación federal que buscaba popularizar la danza en el país”, afirma en una visita a LA GACETA.

Cultura dispuso desfinanciar el ballet (creado hace cuatro años en el ámbito del Ministerio de Desarrollo Social) al no darle los $ 30 millones anuales para su funcionamiento con el argumento de que es una compañía privada. “Nuestro vínculo es a través de la Universidad de San Martín, que es la que nos contrata con los fondos de la Nación. No sabemos qué va a pasar, porque todavía nadie se comunicó con nosotros, ni de la universidad ni del Ministerio. Nada hacía presumir este presente porque hasta nos pidieron la programación de 2018. El Estado reclama tener sus empleados en blanco; lo nuestro es muy loco”, se queja.

La bailarina reivindica la experiencia realizada. “En cualquier lugar, las funciones siempre fueron a sala llena. Nunca se cobró entrada y actuábamos más que el ballet del Colón. Hubo una gran respuesta de la gente en todos lados. En vez de cerrarlo, se podrían buscar alternativas como empezar a cobrar un mínimo en las grandes ciudades para subvencionar otras funciones; buscar sponsors como pasa en todo el mundo; y seguir recibiendo algún apoyo oficial, como pasa en Gran Bretaña con el Royal Ballet, por ejemplo”, propone.

Para que el ministro Pablo Avelluto revierta su decisión se impulsa un pedido en la plataforma www.change.org, donde se puede adherir a que siga la compañía. “Es impresionante el apoyo que estamos teniendo; nos sorprende aunque siempre supimos que teníamos el respaldo de la gente”, cuenta. El planteo ya supera las 58.500 firmas.

La posibilidad de que el cuerpo se transforme en una compañía totalmente privada es inviable, según sus cálculos. El ballet no sólo tiene a los bailarines, sino también a vestuaristas, técnicos de sonido, escenógrafos, maquilladores, peinadores y hasta kinesiólogos, lo que es poco frecuente en otras formaciones. “Tenemos todo lo que un artista desea”, subraya.

“Los mejores bailarines del mundo son argentinos y están afuera -destaca-. Todo se globalizó y cada vez es más fácil ir a audicionar afuera que entrar en el Colón si no estás estudiando ahí desde muy chiquita. Por eso es contradictorio el cierre del Ballet Nacional, que marcó un antes y un después, ya que era un lugar para contener a los artistas de todo el país, más cuando hay provincias donde ni hay teatros adecuados como pasa en el sur. Cuando fuimos a bailar, lo hicimos en estadios repletos y con un público muy agradecido porque llega muy poco arte, mucho menos que al norte”.

En 2013, Urlezaga recorrió la Argentina y realizó 32 audiciones (desde Jujuy hasta Ushuaia) para seleccionar a los miembros de su compañía. Flavia ya había trabajado con él en 2004, pasó el filtro y se sumó al grupo, rodeada de bailarines de distintas provincias, lo que era un cambio de paradigma. “Buscó hasta abajo de las piedras y en cada lugar daba talleres gratuitos. La formación es fundamental en la danza clásica; podés salir de esta base e irte a otras ramas, pero si empezaste por fuera, nunca llegás a lo clásico. Te modifica tanto el cuerpo que, luego de un tiempo, no lo podés hacer. Es una disciplina que requiere mucho esfuerzo y dura poco tiempo, porque a los 40 años te retirás si no tuviste lesiones graves; después seguirás otros caminos, pero no en el escenario. Tenés que amar profundamente la danza para poder transmitirla”, dice.

Marcantonio está de licencia en el Ballet Estable de la Provincia desde que se sumó a la formación nacional y evalúa reintegrase a sus filas. “Pero mis colegas no saben qué van a hacer. Todos, con Iñaki a la cabeza, estamos destruidos. Sentimos una impotencia terrible, queda en la nada algo que estaba muy bien hecho y que llevó mucho tiempo armar”, asegura. Espera que esta medida no implique el abandono simbólico de la Nación a la cultura. “No creo que haya un mensaje encriptado: quizás todo sea por desconocimiento o por desinterés de lo que hacíamos, porque jamás fue nadie del ministerio a ver una función nuestra. No saben de nuestra calidad ni de nuestra convocatoria. Es una muestra de ignorancia”, concluye.

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