Cuando los deseos no se cumplen

La insatisfacción está inmersa en la condición humana. Puede ser negativa o positiva, según como una persona se pare en la vida

23 Ene 2018 Por Roberto Espinosa
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Mirada que pestañea una mueca. Busca la mejor posición pero no la encuentra. Casi siempre hay una ceja levantada. Mirada que juzga. Critica. Descalifica. Incapaz de mirarse a sí misma. Sonríe por un ojo. Por el otro, hace puchero. Mirada de lengua bífida. Desde la cumbre de sus carencias despotrica contra la supuesta inutilidad de los otros. Nadie se salva. Solamente ella. Como el perro del hortelano, como doña gataflora, nada le viene bien. Nada hace por cambiar lo que critica. Una zanahoria se balancea en la nariz de la otra mirada. Desea. Busca. Encuentra. Pierde. Recomienza. Crea. Inventa. Lucha. Barril sin fondo, busca la perfección. Casi nunca la halla. Ese es el reto. Mirada que crece por dentro. Ofla sueños. Los vuelve alados. Los convierte en luz. A ambas les falta cinco pal’ peso. Una mirada se revuelca en la esterilidad. La otra va siempre tras nuevas albas.

Es generalmente lo contrario a la alegría, al placer, es el incumplimiento de una necesidad, un deseo, una pasión. Cuando la insatisfacción es constante puede desencadenar en una frustración. Pero al mismo tiempo, es el motor de inventos y descubrimientos, ha hecho progresar en muchos aspectos a la humanidad porque incentiva la búsqueda. En su cara negativa, promueve todo lo contrario. La actitud crítica de quienes la ejercitan impide avanzar. Se suele decir que los argentinos no tenemos piedad con nadie, estamos siempre dispuestos a encontrarles defectos a todo. Se nos enrostra que no hay nada que nos venga bien. ¿Es así? ¿Cuáles son las consecuencias? ¿Se puede ser insatisfecho y dichoso al mismo tiempo? ¿La insatisfacción es un ingrediente de la felicidad? ¿Adónde nos conduce el descontento crónico? ¿Cómo se lo transforma en positivo? “El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo”, sostenía el filósofo Epicuro.

Ser y tener

María José Rodríguez

Periodista

El hombre, por lo general, es un ser insatisfecho si lo planteamos desde el deseo ya que corre en una búsqueda incesante de satisfacción. La insatisfacción siempre está relacionada al deseo: yo tengo tal cosa, la alcanzo y persigo otra. Creo que es importante diferenciar entre el ser y el tener, hay gente que tiene todo (poder, éxito, riqueza) y sin embargo, es insatisfecha. Si uno logra el ser, lo material es solo una necesidad del ego, no del espíritu y eso lo trasciendes. La insatisfacción genera la búsqueda. Es importante ponerse metas, pequeños deseos a cumplir, gozar de la vida no solamente el dinero es lo que nos lleva a ser felices, y también avanzar en la búsqueda espiritual, porque el camino es evolucionar entonces cada vez que nosotros nos enfrentamos a dificultades poder resolverlas, poder plantear otras cosas que nos llenen de felicidad. La insatisfacción es un proceso interno, cuando completamos una meta, estamos satisfechos “momentáneamente” y comienza nuevamente la búsqueda de otro deseo, es el motor del ser humano. Si el tener influye en mi vida, habrá permanente insatisfacción. Si desarrollo el ser, uno la trascenderá.

Una oportunidad

Gigliola Petrelli

Licenciada en Turismo

Se podría definir la insatisfacción como ese sentimiento de descontento que experimentan las personas -en distintos aspectos de la vida y por diferentes causas-, cuando se siente que la realidad no condice con las expectativas y aspiraciones. Cuando aparece -salvo que se transforme en algo crónico-, no hay que desanimarse. Desde una mirada positiva se podría afirmar que como la crisis, la sensación de insatisfacción también se presenta como una oportunidad para analizar qué es lo que la provoca y sobre todo, accionar para remediarla y alcanzar el cambio esperado en la vida. Cuando se empieza a hacer algo para modificar esa realidad insatisfecha, esa sensación se va desvaneciendo, y aparece la satisfacción personal del camino a la autorrealización, cuyo sostén emocional para alcanzar los objetivos es agradecer a Dios y valorar, diariamente, todo lo que se tiene: salud, familia, amigos… además de procurar ser útil a los demás. Y si a pesar de todos los esfuerzos realizados, la realidad no deseada persiste -por factores externos al propio- hay que poner en práctica la resiliencia (“la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límites y sobreponerse a ellas”, RAE) para proyectar un mejor futuro, porque nadie tiene el control de lo que sucede, pero sí de lo que hace con ello. La felicidad es responsabilidad de cada uno y es necesario ser valientes para luchar por los sueños porque, como decía el general Belgrano, “el miedo solo sirve para perderlo todo”.

Agonía del alma

Rodolfo Campero

Médico-Escritor

La insatisfacción, sentimiento irreductible de soledad ante la eternidad de necesidades, es en esencia un estado de agonía del alma que ambiciona indemnizarse con los convites del universo plural. Hemos dedicado con fijeza desvelos a ese vacío que intima a buscar sensaciones de alma llena y sentidos apaciguados, pero que aun habiendo logrado todo o buena parte, nunca cubre las previas expectativas. Cierto es que conforme pasan los años uno se vuelve menos autoindulgente, y que buscando lo que extrañamos vivimos un presente resentido de alegrías. La cara amarga de la insatisfacción así vista nos convierte, a veces, en personas intransigentes que caemos en un juicio equivocado de inequidad. Por diversas razones se añoran nostálgicos espacios que quedaron vacíos y no serán aplacados; en tal caso debemos replantear el vínculo con uno mismo y desenvolver los oscuros pesimismos. Distinta es la complacencia caprichosa o el guiño generacional consumista y constante que se mete en la vida como moneda de nuestros tiempos, convertida en una esclavitud que acelera el deseo de conseguir al instante lo prescindible cuando no lo innecesario. En dosis apropiadas, en cambio, la insatisfacción es de absoluto altruista, en tanto supone satisfacer una experiencia placentera, lo que es deseable en tanto aporta la energía para los afanes de perfección, la cuota moral de ambición y para vencer los obstáculos. Sin ese indescifrable crepúsculo, quizá no hubiera aflorado el torrente poético, o la literatura, que es su hija, como la música, la filosofía, las artes y todas las ciencias. Al decir de Séneca, “jamás se descubriría nada si nos considerásemos satisfechos con las cosas descubiertas”. El ser humano, en esencia vulnerable, a lo largo de la vida precisa de la realización como constante de plenitud.

Menudo esfuerzo

Honoria Zelaya de Nader

Escritora-Doctora en Letras

En los últimos tiempos he pensado muchos sobre dos sentimientos que estimo muy ligados a los males que como sociedad nos acosa: insatisfacción, satisfacción. Sabido es que la literatura sobre el tema es inmensa. Viktor Frankl, al planteársele la cuestión contesta, que hoy la sociedad de la opulencia solo satisface necesidades pero no visualiza la voluntad de sentido. Se carece del sentido existencial que inscriben ambos términos. Aldous Huxley, desde Nueva visita un mundo feliz, responde que la educación para la libertad es una necesidad muy urgente, por lo que se debe iniciar sin demora tal tarea para poder encontrar propias respuestas sobre lo que nos gratifica o nos esclaviza. A su vez Umberto Eco en “De la estupidez a la locura” apela a una comunidad de valores que permita a los individuos interpretar sus necesidades. Es decir a sobrevivir en una sociedad líquida en la que el parecer importa más que el ser. ¿Vale buscar la satisfacción al costo de una permanente insatisfacción? En síntesis, con una ligereza poco socrática creo haber encontrado luces, validando las raíces conceptuales de satisfacción e insatisfacción como opuestos que se contraponen de modo simétrico, y advierto que los matices que los emparientan nos conforman, y que el color que nos convoca es el que se aprende culturalmente. Ahora bien, para no dar la impresión de que me refugio en la torre de marfil de posiciones eruditas, cambio de acera y siento que para lograr la satisfacción es necesario manejar la insatisfacción. Si me adapto me curo. Si no lo hago me agravo. Definir qué es el éxito y qué es la insatisfacción, menudo esfuerzo.

Una búsqueda

Jorge Montesino

Escritor

Rolling Stones. I can’t get no satisfaction (no puedo tener satisfacción). Y sin embargo, bailo y sin embargo, canto y todos: músicos y público y oyentes se zambullen en la satisfacción; porque bailar y cantar tienen que ver con el placer. Y el placer hace eso: que no pensemos, sino más que en ese momento de disfrute, donde nos sentimos satisfechos porque no hay preguntas. La insatisfacción es hija de las preguntas. Como pasa en la canción de los Rolling. Pero el escritor que soy (artista al fin) no puede vivir del no pensar, sus personajes, sí: el escritor nunca queda del todo satisfecho porque piensa y se pregunta. Porque incluso tiene que convivir con sus propios errores, que la mayoría de las veces forman parte de sus textos -y los errores nos llenan de insatisfacción-: “Esa frase no me convence pero si la saco, el texto se cae”. Siempre hay algún detalle que no termina de “cerrar”. Deseamos poder escribir con la extraña soltura enrevesada de César Vallejo, la sabiduría de Borges, la vitalidad de Arlt, la creatividad de Huidobro, la riqueza de Joyce, la elegancia de Bioy, la procacidad de Sade, el ingenio de Pérec, la revelación de Lovecraft, la inteligencia de Rimbaud, la oscuridad de Isidore Ducasse, pero no sabemos cuán satisfechos estaban ellos con sus escritos. Simple: generalmente deseamos que las cosas sean perfectas, pero como la naturaleza de todas las cosas es imperfecta, y en ello radica su belleza, aprender a vivir con lo que nos falta podría hacernos seres completamente satisfechos.

Un motor

Cristiana Zanetto

Periodista italiana

Leonardo Da Vinci, hasta el último de sus días, trató de intervenir sobre su cuadro más famoso: La Gioconda. Se sentía insatisfecho del resultado y solía llevar consigo esta obra para poder “corregirla”. La leyenda dice que Amedeo Modigliani, no sintiéndose contento de muchas de sus espléndidas esculturas, las tiraba en el Fosso Mediceo, en Livorno. Paul Cézanne, según el legendario testimonio de otro artista, Yves Tanguy, vivía totalmente insatisfecho de lo que creaba, al punto de dejar varias obras incompletas. ¿Qué quiero decir con estos ejemplos? Que quizás la insatisfacción y la infelicidad pueden ser las fuentes principales de las que se nutre la actividad artística, tomándola como un ejemplo posible de la expresión más sublime de la creatividad humana, y que no hay nada más estéril para la inspiración que la serenidad y la despreocupación. Esta afirmación es notoria pero nadie lo trasmite con mayor eficacia que la anécdota popular que cuenta que cuando le preguntaron a un viejo sabio por qué escribía solo “cosas tristes”, respondió: “Porque cuando estoy feliz y satisfecho, salgo.” La insatisfacción es el motor de nuestro afán de perfectibilidad y, por ello, está en estrecha relación con la personalidad humana. Creo que nada tiene que ver con el lamento. Cada persona posee un grado de insatisfacción que lo empuja hacia una particular búsqueda de perfección y mejoramiento que no necesariamente se explicita en una obra de arte. Puede expresarse en cualquier actividad no alienada que realice. La mayor parte de las veces se trata de un pesimismo constructivo para intentar el encuentro de algún momento de felicidad.

Las soluciones ficticias - 
He leído diversos artículos sobre la insatisfacción; escucho a diario a diferentes personas expresar y manifestar su angustia a raíz de ella, tantas opiniones médicas y psicológicas que la consideran un síndrome y sugieren “tratamientos” alternativos, como una suerte de sanación a este problema. Llega a ser un caos para muchos y lo que produce, es un abanico inagotable de soluciones ficticias que no son más que una parte del mismo sistema que la genera. Más allá del juego de definiciones que hagamos, la insatisfacción es generada por cada ser humano y sostenida por toda una sociedad, trascendiendo generaciones. 
Ya sabemos que vivimos en un mundo ultra consumista, capitalista, competitivo y dividido, en el que necesitamos diferenciarnos de los demás, mostrarnos en nuestra superación material, intelectual y amorosa y más aún, mostrarla, para lo cual las redes han venido como anillo al dedo. Entonces, cumplir las medidas de belleza, tener el auto de moda, la casa moderna y de confort, la pareja perfecta, los hijos talentosos, ser un trabajador destacado, en un trabajo de status, de una empresa prestigiosa, veranear cada enero en la playa más exótica y cumplir los tan ansiados dueños, nos hacen personas satisfechas y eso equivale a la felicidad, a la plenitud. Aquí pareciera no haber insatisfacción. 
Todo lo contrario, son solo los falsos motivos de lo que creemos es nuestra felicidad. Sin alguno de ellos, o aun con todos ellos, comienza esa famosa sensación de insatisfacción. Nos pasamos analizando las causas por las cuales no me siento feliz, no me siento satisfecho, no me siento pleno. Y es justamente, una única causa. La única causa por la que no me siento feliz, no me siento satisfecho, no me siento pleno, es por las interpretaciones que les estoy dando a las experiencias. Que supuestamente, están teniendo lugar fuera de mí. Pero realmente, no hay nada fuera de mí que me dé paz.
Por Alejandra Muratore - Cantante y coach ontológica
El éxito y el Amo Mercado
La insatisfacción se da justamente porque no podemos focalizar deseos genuinos nuestros. El disco rígido está lleno de los deseos que debemos tener para llegar a ser “exitosos”. El éxito lo da el poder y el dinero para comprar lo que el Amo Mercado señala como imprescindible para no ser un marginado. 
El narcisismo de los argentinos nos hace creer que somos perfectos y no soportamos cuando chocamos con la realidad. Queremos que las cosas se transformen como por arte de magia. Delegamos en los otros el esfuerzo y nosotros criticamos a todos. ¿Y nuestro esfuerzo? La única manera de poder sentir la alegría de alcanzar una meta se dará cuando nos miremos hacia adentro para conocer lo que nos hace sentir bien: ¿qué tipo de amigos y encuentros? ¿Qué actividades para, en base a ellas, decidir en qué trabajaremos? ¿Cuáles valores priorizaremos para tenerlos en cuenta en nuestro andar, y así estar serenos, y por ende, ver con más claridad y energía como alcanzar lo buscado?
Esto no es nada simple, pero si queremos sentirnos conformes con nosotros mismos la insatisfacción solo aparecerá cuando avizoremos otra meta valiosa y no anulemos nuestra pasión por alcanzarla trayendo a nuestra mente pensamientos pesimistas, negativos y sobre todo buscando un culpable para cada situación molesta o dolorosa. De ser así solo lograremos estancarnos en esa insatisfacción nefasta que lleva a la frustración y a una tristeza infinita que nos corroe y daña a todo nuestro entorno. Esta característica a nivel individual se proyecta al colectivo de nuestra sociedad y en esta situación la satisfacción por lo logrado es casi imposible.
Dejemos de fantasear nefastamente que “El Paraíso” lo alcanzaremos a través del esfuerzo de políticos y economistas. Alcanzaremos la posibilidad de sentirnos satisfechos si sabemos desde que nos gusta saborear, qué actividad nos entusiasma y qué priorizamos como valores.
Así nos sentiremos potentes para crear proyectos con las tácticas y estrategias que nos permitan llevarlos a cabo. También para fortalecer vínculos que nos nutran y sostengan. Solo con vínculos profundos y la posibilidad de diseñar y caminar proyectos lograremos registrar momentos y formas de bienestar. Esto nos permitirá experimentar muchísimas y variadas vivencias de satisfacción y plenitud. Cuando seamos muchos los que hagamos este esfuerzo saliendo de un individualismo destructivo, tendremos la posibilidad de que nuestros gobernantes acaten nuestras demandas.
Por Lydia Rosemberg - Psicoanalista

Las soluciones ficticias 

Alejandra Muratore 

Cantante y coach ontológica

He leído diversos artículos sobre la insatisfacción; escucho a diario a diferentes personas expresar y manifestar su angustia a raíz de ella, tantas opiniones médicas y psicológicas que la consideran un síndrome y sugieren “tratamientos” alternativos, como una suerte de sanación a este problema. Llega a ser un caos para muchos y lo que produce, es un abanico inagotable de soluciones ficticias que no son más que una parte del mismo sistema que la genera. Más allá del juego de definiciones que hagamos, la insatisfacción es generada por cada ser humano y sostenida por toda una sociedad, trascendiendo generaciones. 
Ya sabemos que vivimos en un mundo ultra consumista, capitalista, competitivo y dividido, en el que necesitamos diferenciarnos de los demás, mostrarnos en nuestra superación material, intelectual y amorosa y más aún, mostrarla, para lo cual las redes han venido como anillo al dedo. Entonces, cumplir las medidas de belleza, tener el auto de moda, la casa moderna y de confort, la pareja perfecta, los hijos talentosos, ser un trabajador destacado, en un trabajo de status, de una empresa prestigiosa, veranear cada enero en la playa más exótica y cumplir los tan ansiados dueños, nos hacen personas satisfechas y eso equivale a la felicidad, a la plenitud. Aquí pareciera no haber insatisfacción. 
Todo lo contrario, son solo los falsos motivos de lo que creemos es nuestra felicidad. Sin alguno de ellos, o aun con todos ellos, comienza esa famosa sensación de insatisfacción. Nos pasamos analizando las causas por las cuales no me siento feliz, no me siento satisfecho, no me siento pleno. Y es justamente, una única causa. La única causa por la que no me siento feliz, no me siento satisfecho, no me siento pleno, es por las interpretaciones que les estoy dando a las experiencias. Que supuestamente, están teniendo lugar fuera de mí. Pero realmente, no hay nada fuera de mí que me dé paz.

El éxito y el Amo Mercado

Por Lydia Rosemberg 

Psicoanalista

La insatisfacción se da justamente porque no podemos focalizar deseos genuinos nuestros. El disco rígido está lleno de los deseos que debemos tener para llegar a ser “exitosos”. El éxito lo da el poder y el dinero para comprar lo que el Amo Mercado señala como imprescindible para no ser un marginado. 
El narcisismo de los argentinos nos hace creer que somos perfectos y no soportamos cuando chocamos con la realidad. Queremos que las cosas se transformen como por arte de magia. Delegamos en los otros el esfuerzo y nosotros criticamos a todos. ¿Y nuestro esfuerzo? La única manera de poder sentir la alegría de alcanzar una meta se dará cuando nos miremos hacia adentro para conocer lo que nos hace sentir bien: ¿qué tipo de amigos y encuentros? ¿Qué actividades para, en base a ellas, decidir en qué trabajaremos? ¿Cuáles valores priorizaremos para tenerlos en cuenta en nuestro andar, y así estar serenos, y por ende, ver con más claridad y energía como alcanzar lo buscado?
Esto no es nada simple, pero si queremos sentirnos conformes con nosotros mismos la insatisfacción solo aparecerá cuando avizoremos otra meta valiosa y no anulemos nuestra pasión por alcanzarla trayendo a nuestra mente pensamientos pesimistas, negativos y sobre todo buscando un culpable para cada situación molesta o dolorosa. De ser así solo lograremos estancarnos en esa insatisfacción nefasta que lleva a la frustración y a una tristeza infinita que nos corroe y daña a todo nuestro entorno. Esta característica a nivel individual se proyecta al colectivo de nuestra sociedad y en esta situación la satisfacción por lo logrado es casi imposible.
Dejemos de fantasear nefastamente que “El Paraíso” lo alcanzaremos a través del esfuerzo de políticos y economistas. Alcanzaremos la posibilidad de sentirnos satisfechos si sabemos desde que nos gusta saborear, qué actividad nos entusiasma y qué priorizamos como valores.
Así nos sentiremos potentes para crear proyectos con las tácticas y estrategias que nos permitan llevarlos a cabo. También para fortalecer vínculos que nos nutran y sostengan. Solo con vínculos profundos y la posibilidad de diseñar y caminar proyectos lograremos registrar momentos y formas de bienestar. Esto nos permitirá experimentar muchísimas y variadas vivencias de satisfacción y plenitud. Cuando seamos muchos los que hagamos este esfuerzo saliendo de un individualismo destructivo, tendremos la posibilidad de que nuestros gobernantes acaten nuestras demandas.

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