"Marusa", la emperatriz del golf

María Eugenia Cossio de Terán, dueña de una imagen imborrable en el golf amateur local, nacional en internacional, por su respeto a las reglas y su sana competencia, le abre las puertas de su vida a LG Deportiva. Las del pasado y las actuales.

21 Ene 2018
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Casi como un ritual, todas las mañanas melodías disparadas desde un iPod se conjugan con la luz del amanecer, que invade cada rincón de la casa, generando un impacto relumbrante en trofeos y palos de golf, exaltando aún más el éxito que tuvo María Eugenia Cossio de Terán.

Ganó una cantidad innumerable de torneos, pero los que recuerda con más afecto, por su importancia y por el desafío que le representaron, son el Campeonato Argentino, el Sudamericano “Copa de los Andes” y el Campeonato Senior que ganó siete años seguidos en individuales y seis, también consecutivos, en la categoría por equipos. Ni hablar de los dos mundiales que jugó defendiendo la bandera nacional.

“Marusa”, alejada del golf en la actualidad, vive de manera plena. “Estoy muy contenta, no volvería a jugar aunque no sintiera dolor en mis muñecas. He descubierto mejores cosas que el golf en la vida: la familia.” El máximo rendimiento en el deporte la alejó de los seres queridos en su momento, confiesa; la alejó de los afectos, de sus nietos, que son lo mejor que tiene en la vida, dice. De hecho, acepta que la vida es corta, y con la misma pasión con la que jugaba al golf pretende vivir hoy sus 80 años.

Es imposible desligar a su familia del golf; está en los genes. Tal como era su padre, los hijos de María Eugenia también son golfistas: Juan logró consagrarse campeón de Jockey Club; Julio y Lucía poseen un buen handicap; y Eugenia, con muchas condiciones y casi como un legado, por el peso del nombre más que del apellido, volvió a la competencia luego de 10 años de dedicarle a su carrera profesional y a su familia.

Sus nietos tienen una participación recreativa con el golf. No tienen la pasión desenfrenada y competitiva de María Eugenia. “Yo soy muy competitiva y perfeccionista, todo lo que hago trato de hacerlo lo mejor que puedo, y para hacer algo bien te tiene que gustar. Es igual en cualquier trabajo o profesión. Si no te gusta, yo pienso que no vas a llegar”, explica “Marusa”.

Ganadora de múltiples torneos nacionales e internacionales, tuvo un camino difícil. La habilidad y máximo rendimiento no fueron un problema para una jugadora de su jerarquía, pero para la época, vivir en Tucumán y viajar era complicado. “No había las facilidades que hay ahora para viajar. Estaba lejísimos de todo, pero me impuse llegar y llegué por mis propios méritos”, comenta. La ex golfista expresa que Dios le dio el talento, pero sin la constancia, perseverancia y espíritu de sacrificio llegar a donde ella llegó no hubiera sido posible.

La competencia viaja por las venas de María Eugenia. “Cuando uno está acostumbrado a pegarle bien a la pelota, es muy aburrido no competir”, dice. Ella debía buscar el desafío de manera constante, incluso en las prácticas, en las que jugaba con dos pelotas de manera simultánea. Una respondía a los golpes de ella, y con la otra pelota simulaba el juego de alguna campeona. Su amor por el golf es tal que, en su niñez, la frase que más le dolía era cuando su padre le decía: “hoy te quedás sin golf”, algo que sucedía si había alguna inconducta. De niña tenía una personalidad, según ella misma acepta, “insoportable”. Los enojos consigo misma cuando los golpes no salían eran intensos, pero pudo darse cuenta de que ese enojo no la ayudaba. Maduró y comenzó a trabajar sus errores de una forma más eficiente.

Pero si de frases de su padre que la marcaron se trata, hay una que no olvidará jamás, y que lleva en su memoria hasta el día de hoy. Cuenta que es el cimiento de su personalidad y la ayudó a relacionarse con el mundo. María Eugenia se encontraba en Lima, por jugar un Sudamericano. Rodeada de rivales de buen nivel de juego, y ella sin un peso en sus bolsillos, escuchó: “nadie se va a fijar en lo que tenés en la billetera, se van a fijar en tu educación y en tu conducta”.

Las convenciones y discursos que dominaban la sociedad en su juventud eran absolutamente distintas a las de la actualidad. “Marusa” lamenta no haber podido estudiar una carrera universitaria. “En esa época una chica en la universidad no era bien vista. Fue un error de la educación que nos dieron, pero no culpa de nuestros padres. La sociedad era así”, acepta.

Uno de los beneficios que le dio el golf fue viajar. Viajó mucho, conoció gente de otros lugares donde aun hoy es bien recibida y recordada con cariño.

Que los cumplas feliz

Hace poco festejó sus 80. “Hice una fiesta, tenía ganas de tirar la casa por la ventana. Me sentía bien, rodeada de todos mis seres queridos, mis amigos. Viéndolos disfrutar a ellos, disfrutaba el doble yo”, confiesa.

Hoy su plenitud es por lo que ella da y recibe de sus seres queridos. Aprendió que las puertas hoy ya no las abre el golf; eso es historia antigua. Hoy las abren los valores y es algo que practica todos los días y entrega como legado a toda su familia. Día a día.

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