¡Chocolate por la noticia!

No es fácil ni común que un país tenga un Papa, sin embargo, desde que asumió, kirchneristas y macristas lo agredieron por pensar o por ser lo que fuera. En medio del debate por no visitar el país; en Tucumán, el IPV denunció a inescrupulosos que decían ser operadores del organismo.

21 Ene 2018 Por Federico Diego van Mameren
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La visita a Chile del Papa fue más difícil que atravesar la cordillera a pie. Se vio obligado a afrontar temas con tantas curvas como los casos de abuso de miembros de la Iglesia chilena. Pero también tuvo que mirar a los ojos a los mapuches en cuyo nombre se quemaron templos y finalmente, debió soportar la grieta argentina. ¿Por qué Francisco no aterriza en su tierra? Esa pregunta en cualquier otro contexto podría tener una sola respuesta: porque no tiene ganas. Y, eso implicaría que el Estado Vaticano tiene otras preocupaciones, otras urgencias u otras políticas. Sin embargo, los argentinos que se siente ombligo del mundo están desesperados porque el papa venga a la Argentina y como no lo hace, Francisco tiene motes y sus acciones tienen más interpretaciones que los gestos de Perón.

Una gran exageración de los argentinos que están más preocupados en profundizar las grietas que en curar las heridas. El maniqueísmo del que se ha hecho presa el país y que profundizan a través de las redes sociales construyen realidades exageradas. El periodismo sin dudas es cómplice de estas cuestiones cuando subraya más esos gestos antes que los hechos concretos que van aconteciendo. Francisco viene desarrollando una política desde su gobierno en la que intenta mirar a los ojos a la pobreza y enfrentarla como si fuera el mismísimo diablo. Eso nada tiene que ver si es macrista, kirchnerista, peronista. Es apenas un equilibrista en medio de la parafernalia de argentinos que lo zamarrean para un lado y para el otro.

No es fácil ni común que un país tenga un papa, una figura internacional cuyas acciones interesan a los habitantes de esa tierra. Sin embargo, desde que asumió, kirchneristas y macristas (y las distintas gamas que van en medio de estos polos) lo agredieron por pensar o por ser lo que fuera.

Mientras estos pensamientos daban vueltas en los diferentes ciudadanos, en el Instituto de la Vivienda de Tucumán redactaron un comunicado. Escueto, tan corto, que más parecía un compromiso que una acto de responsabilidad. En breves líneas se advertía a todos los tucumanos que habían detectado “personas inescrupulosas” que querían hacer de operadores que prometían casas o la inscripción en planes para acceder a viviendas. Aclaraba además que no hay gestores autorizados por el IPV para realizar esas tareas.

¡Chocolate por la noticia!

Las autoridades de ese organismo a través de ese comunicado asumían lo que es “vox populi” en la calle y reconocían lo que siempre negaron autoridades anteriores, empresarios, funcionarios de esa estructura y algunos empleados. Lamentablemente, el IPV no fue cuidado en los últimos años por sus autoridades (la actual interventora, Noemí Ferrioli, era la subinterventora durante muchísimos años) y se ha convertido en un verdadero antro.

No hace falta recordar que uno de sus principales funcionarios, Miguel Jiménez Augier, no sabe muy bien cómo explicar su buen pasar económico y era él uno de los que podía poner freno a cualquier irregularidad en la entrega de casas. No obstante, se pagaron todo tipo de favores con esas casas que son para la gente que necesita empezar a tener un techo en su hogar.

Aún en el momento en el que la Justicia ponía luz sobre su accionar en el IPV le daban a Jiménez Augier el honor de entregar una medalla y era aplaudido por todos.

Tampoco debería ser necesario recordar que otro funcionario central del IPV, Lucas Barrionuevo, mintió a todos los tucumanos diciéndoles que no tenía vínculos con parientes a los que se les adjudicaban obras.

Todas las irregularidades eran conocidas por las anteriores autoridades (incluso el ex gobernador José Alperovich) y por las actuales (el doctor Juan Manzur), por los empresarios a los que no les importaban las irregularidades mientras pudieran hacer negocios con el Instituto de la Vivienda y terminaron recibiendo casas y obras mucha gente de una manera irregular y no la correcta. Por eso el comunicado sorprendió más porque se haya asumido que hay fallas que por lo que decía ya que eso verdaderamente es algo que todos saben y nadie quiere hacerse cargo.

La cola interminable

Las falta de escrúpulos para tener una actitud ética en el IPV es tan común como las colas para atender a los tucumanos en el edificio de la Anses que funciona en Córdoba y 25 de Mayo. No le sorprendería a nadie que en cualquier momento de esa institución saliera un comunicado que se ha detectado que cientos de personas que deben soportar incómodas esperas en la calle. Claro que hay muchos ciudadanos que le han encontrado la vuelta a este problema. Sólo tienen que llamar a un número que cada vez circula en Whatsapp tanto como la foto de el gobernador caminando por una playa de Punta Canas. A partir de allí es todo simple. Alguien atiende del otro lado y tiene la paciencia de escuchar la queja hasta que el necesitado de un turno le advierte que no logra conseguirlo por internet. Es en ese momento cuando por una suma casi irrisoria (apenas tres cafés aproximadamente) esa persona le da una cita en algún lugar céntrico. Cuando se encuentran recibe el número del turno en el que lo atenderán. Las autoridades seguramente y desgraciadamente, ignoran esto, pero si alguna vez se hubieran preocupado por poner coto a las eternas colas tal vez los tucumanos no tendrían que recurrir a convertirse en corruptos.

El juicio

El viaje del papa fue sin duda un hito en estos primeros día de 2018. Las cámaras en los días subsiguientes habrán puesto su foco en el viaje del Presidente Mauricio Macri al exterior. Una agenda osada de la que se esperan resultados especiales. Los ecos llegan a este Tucumán que se prepara para otro hito, cual es el juicio por la muerte de Paulina Lebbos. Será imposible que la política no tenga injerencia en esas audiencias y más difícil aún será evitar que lo que allí ocurra no afecte a la vida de los políticos.

José Alperovich no quiere salir de escena. El poder lo ha tocado con su varita y cual cenicienta en el baile con el príncipe quiere que nunca lleguen las doce. Las campanadas ya empezado a sonar por eso intenta acelerar los tiempos. Antes de partir de vacaciones a Miami le hizo saber a quien lo escuchara que cuando regresara iba a lanzar su candidatura. Los más cercanos dicen que esas palabras son parte de un juego interminable que sólo busca que nunca terminen las campanadas. Alperovich no quiere que el poder se vaya y lo olvide aún cuando no haya decidido ser candidato a gobernador por cuarta vez.

Los que no están tan cerca y tampoco son muy afectuosos con el ex mandatario aseguran que él no puede lanzar ninguna candidatura ni salir al ruedo hasta tanto no baje la espuma que levantará el juicio de Paulina.

Péndulo loco

Cuando Manzur escucha estas elucubraciones mira para otro lado como si el tema no fuera central para su futuro político. Esa actitud le ha dado resultado en los últimos tiempos. Quien más nervioso se pone con esas actitudes displicentes es Osvaldo Jaldo.

La preocupación central del gobernador sigue siendo la relación con la Nación, algo que se ha movido como un péndulo enloquecido. Nunca ha encontrado equilibrio para afrontar su vínculo con el Gobierno Nacional. En estos días se siente más tranquilo. El pedido de Macri a sus ministros de que mimen a algunos gobernadores (entre ellos estaba el tucumano) le han devuelto la sonrisa. Eso le ha alcanzado para llamarse a silencio. Por eso no opina ni una palabra cuando se le consulta sobre el atrevimiento de Jaldo de haber dado de baja contratos que habían sido pedidos por dirigentes muy cercanos a Alperovich.

Tampoco dijo nada cuando le contaron que en el programa Los primeros de Canal 10 su ministro Regino Amado sugirió que “equipo que gana, no se cambia”. De esa manera dejaba confirmado su respaldo a que Manzur-Jaldo volvieran a intentar repetir sus candidaturas. Su silencio no pudo esconder la sonrisa, obviamente.

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