Dejaron su huella

La competencia cruzó una vez más los Valles y dejó nuevas y curiosas historias.

17 Ene 2018

Esta vez no fue a velocidad de competencia, sino de enlace. Los motores no rugieron con el apetito voraz de querer llevarse todo por delante, pero no por ello pasaron desapercibidos. La sola presencia de las máquinas del Dakar basta para revolucionar la quietud de los Valles Calchaquíes a su paso. Es una cita anual a veces más extendida, a veces más breve, pero siempre intensa. Y aunque el paso desde Salta hasta Santa María apenas haya tocado un pequeño segmento del suelo tucumano, no faltaron las curiosidades e historias que se producen a lo largo del camino.

Una de ellas tuvo como escenario una farmacia de Colalao del Valle. Allí se detuvo una de las camionetas de asistencia. “Supongo que eran holandeses, porque el apellido comenzaba con Van... algo”, comenta el farmacéutico Carlos Campero. Los ocupantes del vehículo bajaron para abastecerse de algunos productos, justo en frente de la plaza Miguel Critto. “Compraron protectores solares, porque el sol es fuerte acá. Y luego de la venta, me tiré el lance”, confiesa riéndose “Carlitos”, como lo conocen todos en el pueblo.

“Les pregunté si me podían regalar dos remeras”, relata. Con una le alcanzaba para él, pero Carlos no se olvidó de Olegario Cruz, su ayudante en la farmacia. Claro, era “el” momento, no podía -no debía- olvidarse. Para su fortuna, la respuesta fue positiva.

“Se fueron a la ‘combi’ y buscaron dos remeras. Revolvieron todo, pero sólo encontraron una nueva. Entonces, el que manejaba se sacó la que tenía puesta y me la dio, porque ya me habían prometido dos. Piel de gallina se me puso”, relata Carlos, que se quedó con la nueva. La usada fue para “Olea”, que lejos de renegar, se puso más contento aún. “Es usada pero es la mejor, es la más bonita. Tiene mejor imprenta, se notan mejor los sponsors y el logo del Dakar”, explica sonriente el joven muchacho.

En El Bañado, ubicado a 11 kilómetros de Colalao del Valle, también vibraron con el paso del Rally. Orlando García, habitante del lugar, relató: “en general estaban todos contentos, pero los que más disfrutaron del paso de los vehículos fueron los niños”, explicó el docente de la escuela primaria de El Bañado. “Comenzaron a pasar como a las siete, pero cuando más vehículos pasaron fue al mediodía. Había mucha gente sobre la ruta, en la escuela, en algunas despensas y en la cancha del club local”, compartió Orlando.

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Dakar 2018
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