Trump cumple un año con más odio que amor por la región

Desde que es presidente, insultó a México, denunció a Cuba y amenazó a Venezuela Argentina, Brasil, Perú, Colombia y Paraguay se encuentran entre los países que se esmeraron por evitar confrontaciones.

17 Ene 2018
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SÍNTESIS. Trump posa como “golpeando duro”, en julio, durante una exposición de productos “Made in USA”. reuters

WASHINGTON.- La política hacia América Latina de Donald Trump, que el sábado cumple un año en la Casa Blanca, se ha alejado del acercamiento buscado por su antecesor, Barack Obama.

Contra los vecinos

México fue durante 2017 la “bestia negra” de Trump en América Latina. Se veía venir después de que, en campaña, el republicano insultara a los mexicanos indocumentados en EEUU llamándolos “violadores”, “criminales” y “narcotraficantes”.

La insistencia de Trump en construir un muro antimigración en la frontera con México y cobrárselo al vecino del sur motivó al presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, a cancelar la visita programada a Washington para el 31 de enero de 2017.

Pero al final, la construcción del muro, menos extenso que el previsto, se retrasa por la falta de recursos aprobados por el Congreso; y el número de mexicanos expulsados incluso fue inferior al que se registró durante el último año de Obama.

Enfriando el deshielo

Trump recuperó la retórica anticastrista para exigir cambios democráticos y respeto a los derechos humanos en Cuba. Dio marcha atrás con el histórico “deshielo” de Obama, quien en marzo de 2016 se convirtió en el primer presidente de EEUU en visitar la isla en 88 años.

Aunque no ha amenazado con romper relaciones, cosechó la adhesión de los exiliados cubanos en EEUU al anunciar en junio un endurecimiento del embargo impuesto desde 1962.

Las relaciones entre Washington y La Habana se deterioraron adicionalmente después de que el Gobierno de Trump denunciara un misterioso ataque acústicos contra diplomáticos estadounidenses en La Habana. En octubre, EEUU expulsó a 15 miembros de la embajada de Cuba en Washington, pocos días después de haber retirado a la mitad de sus funcionarios en la isla.

La intervención

Venezuela es otra “dictadura” -como él la llama- que es blanco de Trump. Washington le impuso durante 2017 sanciones financieras, acusando al Gobierno de Nicolás Maduro de violar los derechos humanos y socavar las garantías de la democracia.

EEUU vetó la entrada al país de decenas de funcionarios venezolanos, acusados de corrupción y represión, e incluyó a Maduro en la lista de los líderes más indeseables, en la que ya figuraban el presidente de Siria, Bashar al Assad, el norcoreano, Kim Jong-un, y el entonces líder de Zimbabue, Robert Mugabe.

A principios de agosto, Trump llegó a advertir de que su Gobierno no descartaba la opción militar para restablecer el “orden democrático” en Venezuela.

La amenaza de una intervención armada le valió a Trump el enérgico rechazo no solo de los aliados tradicionales del chavismo, como Cuba, Nicaragua y Bolivia, sino también de gobiernos conservadores como Argentina, Brasil, Colombia, Perú y Paraguay, que se han esmerado en evitar enfrentamientos: sus presidentes fueron los primeros en ser recibidos en la Casa Blanca.

Tres a cero

En Centroamérica, el presidente conservador de Honduras, Juan Orlando Hernández, recibió en diciembre el respaldo explícito de Trump cuando Washington decidió reconocer su reelección en los comicios celebrados un mes antes, pese a las denuncias de fraude de la oposición y la demanda de la OEA de que se repitiesen las elecciones.

Hernández devolvió el favor que le hizo Trump al apoyar pocos días después, junto con Guatemala, la decisión unilateral de Estados Unidos de reconocer Jerusalén como capital de Israel.

Además, el Gobierno de Trump no ha decidido si suspende para Honduras el Estatus de Protección Temporal (TPS), que permite a personas de determinados países que ya están en EEUU vivir y trabajar legalmente de forma provisoria. En cambio, en noviembre, Trump suspendió el TPS para los nicaragüenses; y este mes anunció la misma medida para El Salvador.

Como contraste, Obama hizo en 2009 (su primer año en la Casa Blanca) tres visitas a América Latina. Trump, ninguna. (DPA)

Una ola de renuncias y despidos

Una decena de cambios.- Desde que Donald Trump asumió el 20 de enero de 2017, su equipo ha sufrido numerosos despidos y renuncias.

Sally  Yates, 30/01.- Trump despide a la fiscal jefe con el argumento de que ella es contraria a la política migratoria del nuevo presidente.

Michael Flynn, 13/02.- El asesor de Seguridad Nacional de Trump dimite por el escándalo de la supuesta intromisión de Rusia en las elecciones.

James Comey, 9/05.- Trump despide al director del FBI “por esta cosa de Rusia”.

Mike Dubke, 30/05.- El director de comunicación de la Casa Blanca renuncia. No gozaba de la confianza plena de Trump.

Walter Shaub, 6/07.- El director de la Oficina de Ética dimite por diferencias con Trump.

Sean Spicer, 21/07.- El portavoz de la Casa Blanca renuncia. Se opone a designar director de comunicación al financista Anthony Scaramucci.

Michael Short, 25/07.- El secretario de prensa adjunto de la Casa Blanca renuncia. Scaramucci había anunciado su despido en un periódico.

Reince Priebus, 28/07.- El jefe de gabinete de Trump deja el cargo, voluntariamente, según asegura, aunque otras voces sostienen que ha sido despedido por el presidente. Trump nombra en su reemplazo a John Kelly, un ex general de política ultraconservadora de línea dura.

Anthony Scaramucci, 31/07.- El director de comunicación de la Casa Blanca es despedido, a iniciativa de Kelly, tras solo diez días en el cargo.

Dina Powell, 8/12.- La asesora adjunta de Seguridad Nacional y ex banquera anuncia su dimisión, al parecer sin discrepancias con Trump. 

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