La demorada revalorización de la zona de El Bajo

12 Ene 2018

Es uno de los lugares emblemáticos de la ciudad. Conserva aún un cierto pintoresquismo, que va desapareciendo con el avance de una modernidad que no ha podido desplazar lo feo. Desde hace varios lustros, El Bajo es sinónimo de suciedad, como consecuencia de los desperdicios que se arrojan y de las aguas servidas que con frecuencia surcan la calle Charcas o el pasaje Sargento Gómez. Por la noche, la inseguridad y la marginalidad atemorizan a quienes circulan por allí, pese a que funcionan en la zona dos organismos del Estado.

Cualquiera que vaya a pie rumbo a la terminal de ómnibus nueva -en realidad, no tan nueva-, probablemente descienda por la calle Crisóstomo Álvarez, cruce la avenida Sáenz Peña -donde se halla la ex terminal-, y transite las dos cuadras de Charcas, se encontrará con un paisaje deprimente. Aparte de la suciedad y de la atmósfera maloliente, el pavimento cuenta con un variado repertorio de baches. Ese gran mercado persa en que se ha convertido -ya hace varios años- la ex terminal contribuye a darle a la zona un aspecto desaliñado, por donde es muy difícil caminar.

El Bajo fue -y en alguna medida aún lo sigue siendo- una de las puertas de la ciudad para los comprovincianos que venían del interior y de los turistas. Llegaban por el Ferrocarril Belgrano. El movimiento comercial y cultural se hizo más intenso cuando se inauguró en 1963 la terminal de ómnibus, donde estaba emplazada la plaza La Madrid. La actividad ferroviaria cesó el 17 de diciembre de 1978, cuando partió el último tren. En 1996, en los terrenos de la ex estación de trenes, se inauguró el Predio Ferial Tucumán Norte, destinado a convertirse en un lugar de exposiciones industriales y comerciales. Tras algunas actividades, luego quedó prácticamente olvidado. En 1994, con la inauguración de la nueva terminal sobre avenida Brígido Terán, El Bajo comenzó a perder protagonismo.

En 2008, la Municipalidad capitalina lanzó el programa “Renovación de Áreas Urbanas”, cuyo objetivo era la revalorización de El Bajo. Se proponía trasladar al Predio Ferial a los vendedores y comerciantes ubicados en el pasaje Sargento Gómez. Se contemplaba la firma un convenio con la Facultad de Artes de la UNT para realizar exposiciones y otras actividades artísticas en una suerte de calle cultural. Se anunció el reciclado del edificio de la ex terminal y le pidieron al sindicato de vendedores ambulantes que liberara la vereda de la ex terminal, donde se halla la larga parada de ómnibus sobre avenida Benjamín Aráoz.

En abril de 2016, la directora de Planificación Urbanística Ambiental del municipio dijo que una vez transcurridos los festejos del Bicentenario, se abocarían a renovar la zona. En mayo pasado, en la avenida Sáenz Peña al 100 y al 200, la Municipalidad realizó un operativo para desalojar a los vendedores ambulantes que estaban instalados, cumpliendo con un fallo judicial. Pero no hubo novedades significativas.

En alguna ocasión nos preguntamos acerca de las causas que impiden concretar muchos de los proyectos para mejorar sectores emblemáticos de la ciudad, como El Bajo. ¿Incapacidad para tomar decisiones? ¿Desidia? ¿Falta de visión para potenciar el turismo? Otras ciudades han sabido reciclar con creatividad espacios similares al nuestro que tienen que ver con la identidad de una ciudad, deberíamos consultarlos y aprender de ellos para saber, por lo menos, cómo se concretan los proyectos.

En Esta Nota

Notas de opinión
Comentarios