Grandes personas a pequeña escala

11 Ene 2018

La superpoblación de la tierra es tema recurrente en distintas películas, que abordan soluciones hipotéticas en clave de acción, terror o humor. Abundan los filmes de grandes catástrofes que acaban con casi toda la humanidad; zombies que desplazan a las personas en cantidad y con un hambre insaciable; o estrategias criminales para achicar la población a cifras manejables en tanto la cobertura de las necesidades básicas.

“Pequeña gran vida” aborda el tema desde la comedia. La solución científica a este problema global pasa por reducir el tamaño de la población a una altura promedio de 10 centímetros, con lo cual la escala de las urgencias alimentarias, habitacionales y de servicios, entre otras, se achicarían en la misma proporción.

El matrimonio que en ficción integran Matt Damon y Kristen Wiig decide ser pionero en el experimento que encaran expertos noruegos y pasar por el proceso de minimización que llevará, dentro de 200 años, a que todo el mundo sea más chico y sobreabundante en recursos y posibilidades. El sueño de alcanzar un futuro mejor al que tienen actualmente es seductor, aunque no cuentan con toda la información que les hubiese venido bien tener antes de lanzarse a la aventura.

Detrás de las cámaras y de la historia está el director y guionista de origen griego Alexander Constantine Papadopoulos, quien cambió su apellido a Payne. Tres veces se escuchó ya su nombre en los premios Oscar: en dos casos como ganador del mejor guión adaptado, “Entre copas”, de 2005, y “Los descendientes” (estrenada en 2012); y la restante fue cuando estuvo postulado a mejor director por “Nebraska” (2014).

Payne debutó hace 15 años con la elogiada “Las confesiones del Sr. Schmidt”, por lo que no se puede esperar una simple y común comedia de su creación, sino que siempre hay una vuelta de tuerca y un giro reflexivo en torno a sus relatos. En este filme apunta directamente contra las costumbres materialistas y la política del despilfarro, en una crítica por elevación al consumismo capitalista, sin que la narración pierda un tono simpático.

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