La criminalidad cae en Nueva York notablemente

09 Ene 2018

Por Emilio J. Cárdenas - ex embajador de la Argentina ante la ONU

Se puede. Es así. La criminalidad en las grandes ciudades puede reducirse sustancialmente.

Una vez más, el ejemplo más claro de este año que se cerró es Nueva York, la ciudad de la que alguna vez fuera huésped durante mi breve experiencia diplomática. En 2017 se han registrado allí 286 asesinatos. Nunca desde que este tema es objeto de cuidadosos estudios, año a año, la cifra había sido tan baja.

A comienzos de los 90, los asesinatos en Nueva York estaban en algo más de 2.000 por año. La cifra es hoy escasamente el 13% de la que fuera hace, entonces, un mero cuarto de siglo. Se puede, queda visto, reitero.

Algo similar ha ocurrido en Chicago y Detroit. Se puede, insisto. Especialmente si se vigila, de cerca, a las bandas y organizaciones criminales y a los reincidentes. En promedio, el número de delitos se ha reducido en Nueva York en un 90% desde 1990. Lo que es notable y debe generar imitación.

Lo que sucedió con los asesinatos se replica asimismo en casi cada una de las diversas categorías de delitos. Todos los crímenes han caído notoriamente. Es una tendencia que lleva ya unos 27 años seguidos. No es obra de la casualidad, por cierto. Las autoridades policiales de la Gran Manzana pueden sentirse orgullosas de su labor. Los 8,5 millones de habitantes de esa moderna ciudad, también.

Hay, sin embargo, un rincón de preocupación que subsiste: el de las violaciones, aunque ellas este año hayan también caído un 7% respecto del año pasado. Quizás porque ahora ellas se denuncian más que en el pasado cercano, lo que cabe celebrar, porque sugiere que hay menos miedo y menos vergüenza, al tiempo de animarse a denunciarlas. Pese a que los casos de los deplorables toqueteos abusivos e irrespetuosos han crecido un poco.

Los residentes de New York por todo lo antedicho se sienten más confiados en las fuerzas del orden que los custodian día y noche. Y colaboran más con ellas. Aunque ellas usaron sus armas tan sólo unas 23 veces en todo el año. Una vez cada dos semanas, entonces.

Prefirieron recurrir a los llamados “stun guns”, esto es a las pistolas que aturden, aunque no matan. Las que aún muchos rechazan entre nosotros, pero que fueron utilizadas unas 500 veces en el 2017 en Nueva York, sin mayores incidentes colaterales. Aparentemente, con muy buen éxito. Unos 15.000 policías de Nueva York hoy están bien entrenados en su buen uso. Y recurren con toda eficiencia a ellas.

Para pensar.


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