Bar Potente, un clásico a metros de La Ciudadela

Abrió hace 60 años y es un ícono en el barrio, además de una parada obligada los domingos que juega San Martín. Video.

08 Ene 2018

La sanguchería creada por José Soria se instaló en el '56. La historia de Bar Potente está marcada por partidos de fútbol, por decenas de estudiantes que -décadas después- siguen agradecidos por la generosidad de su creador y por un encuentro que dio lugar a una gran familia. Es que, en la sanguchería de Ciudadela, se conoció el matrimonio que hoy maneja el local: Gladys Soria y Carlos Brizuela.

"Primero fue como un bar al paso en la Marina Alfaro. Era un kiosquito de lata. Tenía 7 años, y me acuerdo de las mesas y las sillas de hierro", recordó Gladys, hija del fundador del local. Contó que ella se sentaba en la puerta y que los clientes la saludaban con el apodo de "Japonesa". Fue en el '56 cuando se instalaron definitivamente en las cercanías de la cancha de San Martín. Actualmente, el bar funciona en Bolívar 2075, a media cuadra del estadio.

Cuando se le pregunta al matrimonio cuáles fueron los momentos más felices que vivieron en el local, están de acuerdo en destacar algunos de los logros futbolísticos del "Santo". "Lo mejor fue cuando ascendió", dijo Carlos. "Cuando le hizo seis goles a Boca", recordó Gladys riendo, lo que dio lugar a que Carlos murmure "eso no tanto porque también soy de Boca".



Y es justamente gracias a un jugador "Xeneize" que el bar lleva su nombre. “Mi suegro le puso Bar Potente en el '71, por el jugador de Boca (Osvaldo Rubén Potente). José era fanático de Boca y lo había visto jugar", explicó el yerno que comparte la pasión de su suegro. Lo que pasó fue que Soria visitaba con cierta frecuencia a unos parientes que tenía en Buenos Aires, y cuando se presentaba la oportunidad, aprovechaba para ver jugar al club de sus amores en La Bombonera.


Agradecimientos internacionales

Carlos se deshace en elogios para con su suegro, que falleció en 1981. "Era una persona muy generosa", recordó. Gladys no se olvida de las costumbres que tenía su padre y relata orgullosa que su debilidad eran los estudiantes. "Mi papá iba a vender sánguches a la Quinta Agronómica. Venían muchos estudiantes y sacaban fiado. Hoy vienen y ya están recibidos, son abogados, médicos, arquitectos", dijo satisfecha de la memoria de José. "Algunos son de otros países y vienen a recordar viejos tiempos. Vienen y dicen 'Potente… ¿Usted es la hija? Cuando yo no tenía un peso, su papá me daba un sánguche. Y a veces ni me lo cobraba. Pude estudiar gracias a que su papá me daba de comer'", graficó.



"A principio de este año vino un ingeniero electrónico de Bolivia. Vino con la familia y se acordaba que mi suegro le ha dado la comida hasta que se ha recibido, porque de allá no le mandaban plata. Vino con los hijos y todo, para agradecer", completó Carlos. Los clientes del barrio también tienen sus beneficios con la actual gestión de Bar Potente. "Hay algunos que son como de la familia. A veces hago cosas especiales, como un escabeche de pejerrey, y lo compartimos con los clientes fijos”, comentó.


La mejor publicidad

El matrimonio que conduce Bar Potente asegura que la clave de su éxito es que "todo lo que hacemos, lo hacemos como si fuera para nosotros". "Lo principal de este negocio es que uno tiene que preparar la comida como si la fuera a comer uno mismo. Mis nietas comen con los clientes, creo que esa es la mejor propaganda”, dijo Carlos con confianza.



Al preguntarle cuál es el sánguche más solicitado la respuesta llega sin dudar: la milanesa. Pero Gladys remarcó que también venden comidas al plato. "También piden mucho la napolitana", aclaró. "Asado es la comida más pedida de los fines de semana", dijo Carlos antes de añadir riendo: "es la mano del asador también". Su esposa no pudo evitar alzar los ojos al cielo, como si estuviera acostumbrada a escuchar esos comentarios.

Los vecinos pasan entre las mesas y saludan a Carlos. Entran al local y conversan con Gladys. Uno de los clientes regulares se despidió diciendo que más tarde volvería a comer. Podrá pedir un sánguche o una napolitana, pero sea lo que sea, los dueños del local aseguran que será preparado como si fuera para ellos.

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