Cada uno atiende su juego

El cambio de la política implica una transformación. Sin embargo, los actores principales y de reparto no quieren asumir la posibilidad de analizar un nuevo libreto y de adecuarse al papel. Se aferran al libreto que conocen.

07 Ene 2018 Por Federico Diego van Mameren
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El cambio de la política implica una transformación. Sin embargo, en los actores principales -y los de reparto también- no quieren asumir la posibilidad de analizar un nuevo libreto y de adecuarse al papel. Se aferran al libreto que saben como el náufrago al tablón.

Algo de esto ocurre con el servicio de transporte urbano de la Capital tucumana. Un aumento de precio se ha convertido en una máquina de rayos x que ha dejado más que desnudos a los distintos protagonistas. Se les ven sus incapacidades, sus desintereses, sus ambiciones, sus miedos y, principalmente, sus irresponsabilidades.

El incremento del precio del boleto de ómnibus se ha convertido en un juego en el que todos creen que hacerse los tontos y mirar para otro lado es picardía y carta de triunfo. En verdad, todos pierden. Salvo los empresarios, nadie dice que no se debe subir el valor del viaje en ómnibus. De nuevo, excepto los dueños de las unidades que circulan, ningún actor afirma que se debe aumentar el boleto. Todo es especulación. Ninguno asume su responsabilidad o su convicción. ¿Cómo caerá? ¿Cuándo es el momento oportuno para hacerlo? ¿Cómo defiendo mi postura para quedar bien con Dios y con el Diablo?

Problema de todos

La actividad ha cambiado: el Gobierno Nacional ha avanzado con la disminución -indefectible- de los subsidios que venía funcionando en la última década. Esa es la discusión primaria. Los diferentes intérpretes afrontan de alguna manera esa situación. Por ese motivo tampoco es un problema tucumano. Es una tema que está afectando a todo el país. En la mayoría de las provincias ya se ha otorgado el incremento.

El panorama tucumano es que la mayoría de los empresarios han hecho su inversión con unidades nuevas. Afirman que llegan a los 300 millones de pesos. Sin embargo, aún no se han adecuado para abaratar costos. En alguna época realizaban compras de insumos como gomas u otros en forma conjunta.

El ministro Guillermo Dietrich augura que en 2021 los subsidios sean igual a cero y eso es una amenaza que nadie se dispone a resolver. La preocupación del municipio y de los ediles parece circunscripta a definir la cifra exacta del aumento y nada más. Y, cada sector se desvela para ver cómo ese monto impacta menos en las críticas que vendrán.

En este juego de intereses nadie está dispuesto a ceder. Por eso alguna vez el informe que se pedía desde el Concejo Deliberante fue elaborado con una exagerada parsimonia por parte del del subsecretario de Tránsito y de Transporte Municipal, Juan Giovanniello. Una vez que fue confeccionado no alcanzaron a mandarlo ni por e-mail ni en auto. Una tortuga Salió presta a dejarle a los concejales el estudio

No fue la única chicana de este proceso. Los concejales de Cambiemos eligieron en su momento no sentarse en el recinto para que todo el costo le cayera a la oposición del peronismo. Pero no faltó tampoco la desesperación por limpiar del presidente Armando Cortalezzi, quien no pudo llamar a sesión porque justo debían desinfectar el Concejo Deliberante. No son los únicos que especulan. Los empresarios del Transporte, por ejemplo, han elegido esta plataforma, y han decidido que se desate el conflicto en el municipio, pero no han hecho planteos ante las autoridades de la provincia donde sólo necesitan de la decisión del responsable de la Secretaría de Transporte en forma unilateral (sin concejales mediante) y fijan el valor del viaje en ómnibus fuera de la capital. Seguramente, han decidido no traerle dolores de cabeza al gobernador Juan Manzur para dejarlo salir de vacaciones tranquilo.

La granada del aumento del viaje en ómnibus ha sido activada. Tarde o temprano le va a estallar en las manos al usuario. El ministro Dietrich debiera revisar el funcionamiento de los subsidios. En Salta, por ejemplo, sigue rigiendo en manos de la provincia. El Departamento Ejecutivo Municipal y los concejales debieran también atender el juego de los usuarios y no hacer como en el Antón Pirulero y cada uno atiende su juego, sus preocupaciones. Cuando la granada estalle, todos tendrán responsabilidades.

Estallido inesperado

La bomba ha estallado en los vuelos de parapentes. La muerte de Natalia Vargas ha demostrado que la actividad era un salto al vacío. Ni legisladores, ni funcionarios ni el Poder Ejecutivo tuvieron como prioridad atender esta cuestión. Hasta que les estalló en la cara.

Todo comenzó como un simple hecho policial. Un accidente. La política miraba para otro lado. Hasta que se fue poniendo blanco sobre y negro y quedó claro que la Provincia estaba promoviendo un emprendimiento con muchos vacíos legales. En el acto comenzó a tensarse la cuerda. Funcionarios de la provincia empezaron a echarle la culpa a La Nación y viceversa. Pero tampoco alcanzaba. Eso es sólo diversión electoral. Las esquirlas del estallido empezaron a salpicar a todos. Hasta la Justicia fue la de siempre. No había detenidos, no se consideraba un asunto de feria. Los días pasaban y Tucumán volvía a dar muestras de su impericia. Hasta el gobernador se fue de viaje como si en la provincia no se hubiera instalado un monotema que a él de algún modo lo implicaba. Apenas asumió, el vicegobernador a cargo del Poder Ejecutivo, Osvaldo Jaldo, sacó las papas del fuego. Obviamente, que también saldrá chamuscado porque ya era tarde para todo. Una marcha recorrió las calles de la ciudad recordándole a las autoridades que habían hecho mal los deberes.

Desde el viernes por la noche, habrá un antes y un después de la muerte de Natalia Vargas. En Tucumán este tipo de hechos y de desatenciones tiene un antecedente ya lejano pero omnipresente: la muerte de Paulina Lebbos. La muerte de la jovencita cuyo juicio empieza el mes que viene hizo cambiar todo. La desesperación del entonces gobernador José Alperovich cambió los horarios de diversión, modificó el sistema de servicio de taxis y hasta dio vuelta algún ministerio.

La historia vuelve a repetirse. Una joven muere, un padre se desespera y lucha a brazo partido porque las instituciones hagan lo que debieron hacer. Nadie ha podido separar la actividad entusiasta de un grupo de amigos, de un emprendimiento deportivo y de una cuestión comercial. El Ministerio de Seguridad (cualquier evento deportivo debe tener autorización policial en la provincia), la Dirección de Deportes, la Dirección de Aeronáutica, la Dirección de Rentas (control de una actividad comercial) y el Ministerio del Interior (los municipios y las comunas deben abonar tasas por las cuestiones comerciales) tendrán que revisar sus papeles.

Por estos días la vida en Loma Bola ha perdido su encanto bucólico. Se han convertido en un sitio de tensiones, de tristezas, de discusiones y hasta de enojos y llantos. Absolutamente comprensible. De ser la más bella de la fiesta pasó a ser cenicienta. Los parapentes vendían Tucumán. La provincia presumía con ellos y más de una actividad comercial recibía dólares o euros a partir de la alfombra que tendían los parapentistas. Todo se derrumbó con la caída de Natalia. Luego de deslindar las responsabilidades y de ordenar la casa, los tucumanos deberían seguir disfrutando de este emprendimiento que empujaba el turismo.

¿Es la única actividad que afronta este vacío legal? Seguramente, no. Deberán revisar con atención todo. El parapente encierra un riesgo alto, pero en los diques y en las montañas tucumanas hay interesantísimos emprendimientos flojos de papeles.

Manos a la obra

Juan y José se fueron de la provincia. En febrero los espera el comienzo del juicio de Paulina Lebbos. Para ellos como para los intendentes, delegados comunales y cuanto político asoma por estos lares, 2018 es la plataforma de lanzamiento. Ya han pasado dos años y muchos intendentes aún no han podido mostrar mucho de sus gestiones. Apenas se han acomodado y ya empieza la cuenta regresiva. Este año debe ser el de la gestión. Es en estos meses cuando deberán mostrar si fueron capaces y qué es lo que hicieron. Después cuando llegue el proselitismo de 2019 todo será marketing y obras a las apuradas. Alperovich debe haber soñado con empezar su campaña este año, Lebbos le cruzó un juicio en el camino y va a ralentizar su estrategia. Manzur camina despacio y no se cansa de repetir el nombre de Osvaldo. Se apoya en Jaldo porque sabe que hoy cada vez que nombra a Alperovich es un paso hacia atrás. Como un síntoma de debilidad. El peronismo mira cada movimiento como si fuera una partida de ajedrez. El peronismo va a vivir este año a los saltos. No es apto para cardíacos seguir la tranquilidad oriental de Manzur y contener las ansiedades de Alperovich y de Jaldo.

En Cambiemos los tiempos son muy diferentes. El pro es incapaz de crear un referente. Todos esperan que la varita mágica de Mauricio señale a alguien. Demasiadas deudas en las cabeza para que el Presidente trate de arreglar lo que los tucumanos no pudieron en tantos años. Los otros referentes no son del Pro: Domingo Amaya transita por un desfiladero incómodo. No aparece hoy con buen estado físico para llegar en 2019. José Cano aún no se recupera de tantas derrotas. Podría ser un gran elector y el patriarca de Cambiemos en Tucumán, pero las ambiciones y las envidias lo hacen equivocarse. Si alguien no lo entiende, se lo podrían preguntar a Silvia Elías de Pérez y al mismo Alfonso Prat Gay. Ella mantiene intenciones de llegar muy lejos en las candidaturas tucumanas aún cuando le faltan rendir algunas materias políticas y al porteño devenido tucumano le están facilitando las cosas las indecisiones provinciales. Quedan en el tapete el matrimonio Alfaro-Avila que de a poco va generando confianza en algunos sectores de esta heterogénea agrupación pero que seguramente sus ambiciones no coinciden con lo que están dispuestos a cederles.

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