La música del cono sur en la guitarra de un tanguero inquieto

Daniel Mormandi se define como un artista ecléctico que ama la canción.

06 Ene 2018
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TROVADOR. Daniel Mormandi actuó en los subtes porteños muchos años. i.ytimg.com

En los vagones del subte porteño, todos los días durante ocho horas y por casi nueve años, encontró el tono de las melodías que quería tocar. Daniel Mormandi las trae hoy a Tucumán en su recital en La Banguela junto al grupo Aripa (presenta su EP “Talandobeliscos”, con canciones bautizadas como eléctrico-surrealistas) y con Juanjo Bravo como invitado.

“Hago música del cono sur, que es la forma que encontramos con mucha otra gente que manejamos el mismo lenguaje. Son los sonidos que tienen que ver con Brasil, Uruguay y la Argentina, sabores que me identifican y con los que vibro porque tienen muchas cosas en común y algunas diferencias. La música brasileña y el tango abordan la misma temática y los mismos escenarios en sus letras, aunque suenen alegres o tristes. Y el candombe uruguayo aporta el ritmo africano que desapareció en la sonoridad argentina, predominantemente europea, donde no quedó negritud, exterminada casi desde su raíz”, le cuenta a LA GACETA.

Su inspiración nace de recorrer la Capital Federal, donde habita, por lo que sus temas están atravesados -indica- “por una cosa gris y, al mismo tiempo, irónica y graciosa”. Por eso, definió como tango de autor a sus composiciones más recientes, aunque aclara: “no puedo encasillarme, aunque lo intente, porque me canso de los mismos ritmos y tengo muchas curiosidades; en estos últimos 20 años se diversificaron los estilos por la facilidad de acceder a información con la tecnología”.

Esa cercanía con el tango le llega de su abuelo, compinche de Aníbal Troilo en diferentes encuentros. “Quizás sea un tanguero inquieto, con un sentir parado en la nostalgia pero acompañado con tambores y con percusión, al punto de que algunos me identifican como candombero, aunque no me siento así”, señala.

Social y político

Mormandi reivindica que los artistas asuman una posición social y política. “Van casi de la mano. Nací en una familia de clase media alta, que iba en descenso. Cuando crecí, ya era de la clase media baja, con pocos recursos pero bastante respaldo intelectual. Terminé como músico callejero y eso cambió mi cabeza, porque los temas que hacía eran muy intimistas, de las cosas que me pasaban y que no le importaban a nadie. Entonces exploté en colores urbanos y sociales en mis canciones. Salí a la gente y es lo contrario de lo que le pasa a muchos que convocan para que los vayan a ver. Mi forma de componer está volcada a la realidad cotidiana, al laburante de cualquier clase que entrega gran parte de su vida a algo que no eligiría hacer”, describe.

Su primer disco es un reflejo de esas lecturas. Se llama “Chico loco” y trata de un menor de la calle que aspira Poxiran, comete pequeños robos y tiene los mismos sueños que cualquier otra persona. En el recital de esta noche repasará los temas que ya tiene grabados (su segundo CD es “Pai”), aparte de tangos y folclore en una sesión improvisada con Bravo a partir de la comunicación artística entre ellos.

“Soy un músico ecléctico, que ama la canción y el microuniverso que se crea con sus letras en unos pocos minutos, con la redondez que logra con su complejidad o su simpleza. No soy un guitarrista virtuoso, pero sí tengo facilidad para entrar en una canción sin invadirla, porque ella es la estrella”, sostiene.

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