El feliz regreso a casa de un ocelote recuperado en la reserva de Horco Molle

Es parecido a un gato, pero no tiene nada de doméstico. Un ocelote fue recuperado y ayer lo reintrodujeron en su hábitat, en la reserva de San Pablo.

04 Ene 2018

Tapada con una manta artesanal a rayas azules, verdes y naranjas, la jaula -mucho más grande de la que usan las mascotas- es colocada en la caja de la camioneta Hilux negra de la Dirección de Fauna Silvestre y Suelos del Ministerio de Desarrollo Productivo. Hay entusiastas a la vuelta y todos se unen en el pedido: quieren ver el interior. La manta se corre y el sonido de las cámaras de fotos y los comentarios comienzan a escucharse. Dentro de la jaula, un par de ojos claros, enmarcados por gruesos contornos negros y blancos observan por primera vez al público reunido. Ella es la estrella del día y está gozando los cinco minutos de fama que muchos anhelan alcanzar; gira de un extremo al otro del espacio y las manchas negras de su pelaje brillan en contraposición con la luz. Emite un sonido y la manta vuelve a su lugar.

A cada lado de la jaula se colocan los guardaespaldas; un pasante de veterinaria y Diego Ortiz, responsable del área de Rehabilitación, quien indica que ya es tiempo de emprender el viaje desde la Reserva de Horco Molle a la de San Pablo. El final de la escena es fugaz: en el medio de la reserva, la jaula se coloca en el suelo y Ortiz abre la puerta de metal. Apenas en un pestañeo, ella ya está muy lejos y sólo se escucha el ruido de las hojas agitarse. Es el sonido que deja un ocelote puesto en libertad.

Protagonista

El ocelote (leopardus pardalis) es el tercer felino predador de mayor tamaño en Argentina. Solitario y de hábitos nocturnos, posee un carácter fuertemente territorial y sólo busca un contacto grupal en épocas reproductivas. Vive de 18 a 20 años en cautiverio y alrededor de 12 en estado silvestre.

Juan Pablo Juliá, doctor en Biología y director de la reserva de Horco Molle, explica: “el ocelote fue diezmado y puesto en una categoría de vulnerabilidad debido a la caza e industria de pieles. Recién hace unos años la especie logró salir del rango de animal amenazado gracias al aumento de su población, pero sigue teniendo problemas por la pérdida de su hábitat y accidentes de tráfico”.

Este ejemplar de ocelote hembra fue encontrado en Potrero de las Tablas por Juan Alfredo Giménez. En octubre pasado, él lo vio al costado de la ruta y decidió recogerlo. Un día, su hija asistió a una visita guiada a la reserva de Horco Molle y le comentó a un guía sobre la situación, mostrándole una foto del animal en cuestión. “En ese momento la reserva se comunicó con la familia. Les explicamos que era un animal silvestre y que no debía estar en casa. Rápidamente accedieron a la entrega y el 27 de noviembre fuimos a Lules para retirarlo del domicilio”, comenta Ortiz.

Manos a la obra

A partir de ese momento comenzaron un proceso de evaluación del animal. Su liberación, como la de cualquier especie que sufrió un cambio de ambiente, no es una tarea fácil. Involucra un proceso logístico y etapas previas a la concreción. Se realizaron chequeos sanitarios para determinar que el ocelote no tuviera parásitos o enfermedades infecciosas (algo común en animales salvajes que conviven con otros domésticos). Además se realizó una valoración del comportamiento para decidir si estaba en condiciones de volver a su hábitat y sobrevivir allí.

Una vez que los ejemplares llegan a la reserva de Horco Molle se emprende un diagnóstico de situación. Los parámetros de análisis tienen que ver con las condiciones físicas y el comportamiento (como el grado de contacto con el hombre y la capacidad de alimentarse por su cuenta en un ambiente salvaje).

Elena Correa, responsable del área de Veterinaria, cuenta: “generalmente tratamos de no tener contacto directo para que mantenga su comportamiento silvestre”. Es un paso fundamental para las decisiones futuras, ya que un animal capturado podría adoptar conductas que no son las deseables en el hábitat.

El ocelote es un carnívoro oportunista, cuya dieta se basa en pequeños vertebrados como lagartijas, huevos de pájaros, aves y crías de chanchos del monte. No obstante, durante su paso por la casa de los Giménez fue alimentando con pedazos de pollo crudo desmenuzado y carne de vaca. Correa explica cómo estaba el ocelote cuando lo recibieron: “era una hembra adulta, de más de dos años. Estaba excedida de peso, porque la tenían en una jaula muy pequeña y era alimentada todos los días. El animal comía y no hacia ejercicio”.

Afortunadamente, como recalca Hugo Fernández, doctor en Biología y vicedecano de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT, una vez superada la etapa de cuarentena donde se realizan los exámenes veterinarios, se consideró al ocelote apto para ser liberado en la reserva de San Pablo.

La última foto

¿Cómo continúa esta historia? Antes de ser puesto en libertad, se realiza un registro fotográfico del animal. En el caso del ocelote el patrón de manchas del pelaje son como huellas digitales; cada ejemplar tiene marcas distintas, por lo que se puede obtener su identificación personal y realizar un seguimiento. La reserva de San Pablo cuenta con cámaras- trampas, un dispositivo detector de movimiento que -cuando pasa un animal- dispara una serie de fotos. Así puede determinarse, por ejemplo, si vuelve a moverse por ese lugar.

Existen otras herramientas de seguimiento, como sensores digitales, radios y collares, pero en este caso no se cuenta con los recursos. “Realmente ahí podés medir el éxito o fracaso del trabajo que nosotros realizamos con los animales. A veces nuestras especulaciones de acuerdo con la biología no se dan, por eso es bueno tener otro tipo de control que permita saber si el animal logró tener crías, pudo adaptarse y formar grupo”, narra Correa.

Otras estrellas

La reserva de Horco Molle efectúa liberaciones de forma continua. Sin ir más lejos, el año pasado se liberaron más de 50 ejemplares como cóndores, halcones, águilas, quirquinchos y boas. Pero, ¿qué ocurre si ya es demasiado tarde para reinsertarlos en la naturaleza? Dentro del área de Rehabilitación hay especies amenazadas, mientras que en otros casos son ejemplares que no están en peligro de extinción pero sufrieron accidentes. En estas ocasiones se quedan en el recinto para que el público pueda visitarlos o formar parte de algunas tareas académicas de investigación.

“Las historias se repiten -apunta Juliá-. Son animales encontrados por particulares; mayormente con algún tipo de trauma provocado por el hombre como golpes contra un cable eléctrico, choques con vehículos o heridas de bala. En muchas oportunidades los podemos recuperar, pero en otros casos, como las aves, el proceso puede llevar varios años.

Ana Palacios, jefa de Fauna Silvestre de la Provincia, comentó tras la partida del ocelote: “la sensación de liberarlo fue indescriptible. Muchas veces rescatamos los animales en muy malas condiciones y después, cuando vemos que se alejan entre la vegetación, se produce el cierre. Es un ciclo; una sensación que llena el alma”.

Encontrarse con un ocelote no es sencillo. Son animales nocturnos que se mimetizan entre las yungas, veloces y solitarios. Rara vez se acercan a las rutas y caminos. No hay certezas sobre la cantidad de ejemplares que viven en Tucumán, aunque la Facultad planea realizar un estudio sobre el tema. Tal vez pueda confundírselo con un gato, pero pronto queda claro que no se trata de un felino doméstico. Y precisamente por eso no se le pone nombre. La protagonista de esta historia ya está en su casa.

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