Rusia promete renovar la fantasía

Viajar al Mundial vale la pena y dos periodistas de LA GACETA cuentan por qué

30 Dic 2017 Por Federico Espósito

Rusia es para los argentinos, como para el resto del mundo, un gran enigma. Pese a su rol protagónico en la historia moderna y siendo el país más extenso del planeta, poco se sabe acerca del funcionamiento interno del gigante euroasiático. Por eso, el Mundial de fútbol que se celebrará allí a mediados de 2018 representa una inmejorable oportunidad para descubrir -al menos en parte- qué se oculta bajo ese velo de misterio. Los periodistas Guillermo Monti e Irene Benito (quien visitó Rusia a mediados de año con motivo del Centenario de la Revolución) abordan la cuestión desde diferentes ópticas, tratando de esbozar una idea de con qué se encontrarán los argentinos que asistan al principal evento deportivo del año.

GM: desde el principio, la elección de Rusia como sede estuvo salpicada de sospechas. Se habló de favores económicos y políticos por parte el régimen ruso a las autoridades de la FIFA, muchas de las cuales hoy están en prisión. Hay una cuestión de legitimidad que está muy ligada a ciertas prácticas políticas de esta democracia tan particular que tiene Rusia.

IB: ...Una democracia muy formal; es decir, con forma de democracia y escaso contenido. Winston Churchill (primer ministro británico durante la Segunda Guerra Mundial) dejó una definición histórica: “Rusia es un acertijo, envuelto en un misterio, dentro de un enigma”. Señalaba además que una clave para descifrar ese acertijo es seguir el interés nacional. Eso va de la mano con la polémica por doping de Estado que se desencadenó tras los Juegos Olímpicos de Sochi, y que le costó sanción de por vida a muchos atletas rusos. Con la clave de Churchill, se puede inferir que para Rusia era más importante ganar y mostrarse fuerte que respetar las reglas del deporte. 


GM: hay que tener en cuenta la importancia que los rusos le dan al deporte. Esto viene ya de una política de Estado de la URSS durante la Guerra Fría, ya que uno de los ámbitos de enfrentamiento era el deportivo. Y si bien puede parecer que no, en Rusia el fútbol es una pasión. Vos que estuviste hace poco, ¿pudiste percibir el clima mundialista?


IB: sí. Hay una atmósfera intensa de propaganda. Los Mundiales son una gran fantasía, que sacan de la rutina y reavivan el sentimiento nacionalista. Putin es un experto manipulador de ese orgullo, y su empeño de ser anfitrión de un Mundial quizás haya buscado un doble provecho: por un lado, mantener a su electorado entretenido y ocupado, y a la vez exhibir su poderío ante las otras naciones. Además, el Mundial va a disputarse meses después de la elección presidencial, a la que Putin ya dejó en claro que se va a presentar.

GM: en un Mundial es muy importante cómo funciona la infraestructura interna. Tiene que estar muy aceitado el sistema, desde el transporte, la hotelería, la oferta gastronómica, la seguridad, etcétera. Y la sensación es que vamos a un país donde eso va a estar absolutamente garantizado.

IB: sí, se ve una maquinaria de obra pública a dimensiones increíbles. Ahora, vos que fuiste al de Brasil, ¿por qué pensás que hay que ir al Mundial de Rusia?

GM: yo creo que hay que ir a todos los mundiales. Son una burbuja maravillosa, que tienen algo de mágico, de fantasía, de evasión. Te cruzás con gente de 32 países que fue a hacer lo mismo que vos. Aparte del Mundial que se juega en la cancha, está el que se juega en la tribuna y en la calle. Recorrer las ciudades cruzándote e interactuando con hinchas de todos los países te abre la cabeza. Y eso sin mencionar la posibilidad de ver jugar a Messi, a Cristiano Ronaldo y a tantas otras figuras.

IB: ¿Será quizás el último Mundial de Messi?


GM: lo dudo. Salvo que sufra una lesión grave, puede llegar en buena forma con 35 años a jugar el Mundial de Qatar. Pero volviendo a Rusia, ¿por qué creés vos que hay que ir?


IB: porque, aún con sus falencias y oscuridades, es un país con una historia y una cultura muy ricas. Es el ballet, es el teatro Bolshoi, es Dostoievski, es Tchaikovski, es Pushkin... 


GM: en un Mundial, hay tanto para ver y para hacer que siempre conviene armar un itinerario bien definido, y por eso se recomienda tener una guía a mano y bajarse todas las aplicaciones que puedan servir. Por fortuna, a la Selección le toca jugar en Moscú y San Petersburgo, que son las ciudades principales y con mayor carga histórica. Eso sí: será más caro que otros Mundiales, así que conviene planificarlo con tiempo. Si alguien está en la duda, tiene que decidirse y comprar los pasajes ya.


IB: para moverse por Moscú conviene usar el subte o el Uber. Este último es barato y confiable. Además, recibe tarjeta de crédito y por GPS se puede indicar adónde se quiere ir, con lo que se soluciona el gran problema que presenta Rusia: el de la comunicación. La mayoría de los rusos sólo habla su idioma, y los carteles, por supuesto, están en cirílico (alfabeto ruso).

GM: los mundiales no son la ocasión ideal para hacer tours de compras. Todo es más caro y habiendo tanto para hacer y conocer, meterse a un shopping es un desperdicio.

IB: también es una experiencia desde lo gastronómico. La cocina rusa tiene influencias de toda Europa y Asia, por lo que es muy variada. Por otro lado, hay mucha vida nocturna, con bares abiertos las 24 horas. Recordemos que Rusia tiene uno de los índices de consumo de alcohol más altos del mundo. Mal haría un argentino en tratar de competir en ese terreno con un ruso.

GM: ¿Qué tal funcionan las comunicaciones? 
IB: muy bien, pero es necesario comprar un chip. La conexión a Internet es estable. Lo mejor es que por todos lados hay enchufes para cargar el teléfono. 
GM: otro dato muy importante a tener en cuenta es que las fuerzas de seguridad rusas son muy estrictas. Vale subrayar esto por esa tendencia a la transgresión propia del argentino. Si te dicen que por tal lugar no se puede pasar, no hay que pasar. Y si te agarran, no te van a llevar a la comisaría y dejarte ir a las dos horas. No es país para travesuras.

IB: las fuerzas de seguridad rusas están acostumbradas a reprimir manifestaciones casi a diario. Por eso, lo más recomendable es ir a disfrutar y no a perturbar.

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