La amenaza de Trump y la abstención de Argentina

23 Dic 2017

Carlos Duguech - Analista internacional

En sesión extraordinaria (de emergencia), la Asamblea General de la ONU para considerar un planteo formulado por Yemen y Turquía. Se debatió sobre un proyecto de resolución de ese cuerpo, integrado por 193 miembros, para que rechace la decisión del presidente Trump formulada el 6 de diciembre sobre Jerusalén, reconociéndola como capital de Israel (incluido Jerusalén Este, ocupada militarmente desde la guerra de los seis días, lanzada el gobierno israelí en junio de 1967.)

El lunes último Estados Unidos ejerció el irritante poder de veto en la reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CS).

¿Qué se trataba? El proyecto de Egipto, que contaba con el apoyo de los otros 14 miembros del CS (Entre ellos Gran Bretaña, Francia, China, Rusia) que adhería al planteo de que “cualquier decisión sobre el estatus de Jerusalén carece de efecto legal”.

No era sino ratificar una resolución 478 del CS del 20/08/ 1980 que condenaba la intención de Israel de anexión de Jerusalén Este, retenida militarmente desde 1967. Además se les requería a los estados miembros que se abstuvieran de instalar su embajada en Jerusalén. Lo que llama la atención en la decisión de Trump es que su país es miembro del “Cuarteto para la paz en Medio Oriente”.

¿Cuál es uno de los asuntos en análisis y discusión? Pues, nada menos que Jerusalén.

El veto vale, el voto nada

Finalmente la Asamblea General logró una elocuente mayoría de sus miembros (128) que suscriben una resolución que no tendrá ni pena ni gloria. Sí será una burla al sistema congelado de la ONU, que desde hace 72 años consagró un quinteto de países con asientos permanentes en el Consejo de Seguridad y con su principal espada: el veto. Que también poseen los cuatro países mencionados, integrantes permanentes del CS.

El único lugar en la ONU donde la democracia impera en las votaciones es en la Asamblea General, pero es la “democracia de un solo día”. En el Consejo de Seguridad se instala un sistema imperial, no muy distinto del sistema que encumbró a Donald Trump, el más previsible de los imprevisibles presidentes de Estados Unidos, y el más peligroso para la humanidad.

Por miedo

Es evidente que el presidente Mauricio Macri se asustó con las burdas amenazas que el megalómano Trump formuló a los países que -en la reunión de la Asamblea General de la ONU- apoyaran la moción contra el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel. Por eso, Argentina -junto a otros 34 países- se abstuvo. Y hay que decirlo: pese a que el mismo 6 de diciembre del anuncio de Trump sobre Jerusalén la cancillería Argentina emitió un comunicado oficial cuyo último párrafo expresa: “Al igual que la mayor parte de la comunidad internacional, la Argentina apoya el régimen internacional especial de Jerusalén, conforme lo establece la Resolución 181 (1947) de la AGNU, así como el libre acceso, visita y tránsito sin restricción a los Lugares Santos para los fieles de las tres religiones monoteístas (judaísmo, cristianismo e Islam), por lo que Argentina lamenta medidas unilaterales que pudieran modificar este estatuto especial”.

En conclusión

No tenemos una política exterior de plena soberanía. Somos temerosos, dependientes. En casi todo.

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