El pueblo que se recorre cantando sus mejores canciones

Ramón Navarro es un emblema de Chuquis (La Rioja), donde las calles llevan los nombres de sus temas. Un filme le rinde homenaje.

19 Dic 2017
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PAISAJE RIOJANO. En “Un pueblo hecho canción”, Silvia Majul le rinde tributo a Ramón Navarro. ponelapava.com.ar

HOY

• A las 22, en Casa Managua (San Juan 1015).


Un viejo caminito senda gris

recorre mi nostalgia, habita en mí.

Por él se va viajera mi canción,

buscando el pueblo azul donde nací.

La primera estrofa de “Mi pueblo azul”, letra y música de Ramón Navarro (83 años), condensa una de las esencias en el decir del músico riojano que es un emblema de Chuquis, departamento Castro Barros, al noroeste de la provincia. “Con la cordillera de Velazco, pasando por Sanagasta, por Huaco se llega a la costa. Se llama la costa porque está al costado del cerro”, describe.

Hace unos años, en la presentación de un disco doble del referente del folclore nacional, alguien lanzó una metáfora que al final se hizo realidad: desde 2014, las 14 calles de Chuquis llevan los nombres “Chayita del vidalero”, “A Don Rosa Toledo”, “Coplas del valle” o “Leopoldo silencio”, entre tantas otras de su legado fundamental.

El bautismo de las calles fue el regalo que el pueblo le hizo a Navarro cuando cumplió 80 años. Silvia Majul lo registra en “Un pueblo hecho canción”, el documental que se proyectará esta noche en Casa Managua. Luego de la proyección actuará Lucho Hoyos.

“La película narra un poco ese acto y también anécdotas, reportajes en los que cuento mi vida, mis sensaciones, mis sentimientos, mi trayectoria; la etapa de los Quilla Huasi, la de los Caudillos, todo eso... “, cuenta Navarro, y refiere que el poeta tucumano Néstor “Poli” Soria le contó que las calles de Raco llevan nombres de temas de Yupanqui.

“Chuquis no tiene un trazado de damero, salvo en torno de la plaza principal, donde están los edificios principales. Más allá el pueblo se empieza a disgregar y las calles son sinuosas -relata-. Por ejemplo la calle ‘Mi pueblo azul’, donde está mi casa ahora, es como un callejón que se ha ido llenando de casas a ambos lados”.

“Fue muy emocionante ver los nombres en los carteles -recuerda-. Alguno de los changos que andaba de a caballo cantando vidalas conmigo en aquellos años todavía vive en el pueblo, y para la fiesta de cumpleaños llegaron muchos invitados importantes. Otros changos vidaleros estuvieron en la memoria, por eso fue tan fuerte”.

La conexión

Pero aquella fiesta fue sólo un punto de inflexión: Navarro sigue muy activo y se proyecta en las nuevas camadas. “Tengo la esperanza puesta en ellos. Pasa que los folcloristas de las nuevas generaciones son músicos que además de tener oído y de tener buen gusto han estudiado, entonces uno se da cuenta en sus manifestaciones artísticas de que hay un gran conocimiento musical, y eso enriquece todo, la tradición, lo lugareño, y hasta el buen gusto incluso”, señala.

“Tengo mucho contacto, estoy interesado en lo que hacen; ahora es mucho más fácil que antes, conozco muchos artistas importantísimos -afirma-. Es un privilegio estar en contacto con los jóvenes porque se aprende y se goza mucho. Lo peor que se puede hacer es creer que se sabe mucho. Al contrario, tenemos que preocuparnos por saber más y poner énfasis en la creación, cosa de no perdernos en el maremagnum de la información que trae la globalización. Puede gustar mucho lo que hace un músico de otro hemisferio, pero cuando yo voy a cantar voy a nombrar a mi tierra, voy a contar mi paisaje y a nombrar a mi gente”.

Navarro vive en Buenos Aires, pero nunca dejará de volver a ese pueblo azul en el que pasó su infancia y juventud.


> Un vidalero en cuerpo y alma

ROBERTO ESPINOSA | LA GACETA

La ternura se sienta en los bigotes y despierta un pueblo en su mirada. En el cuenco del alma brota una canción. La gorra echa a volar por los andurriales del canto, se mezcla con la gente, el paisaje, las soledades, el amor. “La luna se vino al pueblo y entró por la calle larga, con un tambor en los brazos y una copla enamorada. El carnaval de La Rioja huele a algarroba estancada, mientras crece pecho adentro la sombra de la vidala”, dice Ramón Navarro, alborotando una chayita.

Hace 83 marzos ha visto la luz en la capital riojana, pero Chuquis, el pueblo que bautizó sus calles con el nombre de sus canciones, es la querencia que vibra siempre en su pecho.

Su paso por los Quilla Huasi, la bordona generosa de Yupanqui en París, la hechura de Los Caudillos, la Cantata Riojana, personajes queridos, historias (la del yacaré cirrótico), deambulan en el relato del homenajeado, de amigos y de sus canciones, interpretadas por varios de nuestros mejores artistas. “Sus venas son ramas de viejos nogales y en la sangre danzan duendes de lagares”. La copla ha sido el espejo de su corazón, de ese pueblo azul que late las calles del silencio, en las campanas que bailan en el viento.

La sencillez y la bondad riegan los recuerdos del compositor, del cantor, y despabilan a ese tumiñico que aletea decidor en sus pensamientos.

Las bellas imágenes que recrean Chuquis, las filmaciones de archivo, van vertebrando la emoción a lo largo de 80 minutos. “Un pueblo hecho canto”, realización de la periodista Silvia Majul, recrea momentos salientes de la vida de uno de los creadores clave del folclore, que camina emponchado en el abrazo de su pueblo.

Vidalero de la vida, esa semilla que crece pa’ adentro, Ramón Navarro se llama.

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