“Sí, y no soy la única, le aviso”

La flamante secretaria general de la Gobernación desnudó cómo desde el poder le restan importancia a cumplir misiones oficiales en sábados y domingos y aún en las Fiestas. Las debilidades de Cano y de Alperovich. Traje deshilachado.

17 Dic 2017
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“Sí, y no soy la única, le aviso”. Fue la frase de la semana. Se la dijo a LA GACETA la secretaria general de la Gobernación, Silvia Pérez. En sólo ocho palabras desnudó que detrás de los decretos 2.917/1 o del 3.757/1 hay cosas que si no son irregulares o poco éticas, son –por lo menos- incómodas. Con su afirmación, la funcionaria que llegó al Poder Ejecutivo de la mano de Raúl Paulino Ríos, aquel ministro de Economía de Ramón Ortega, ratificó que sus misiones laborales suelen incluir fines de semana y hasta las fiestas de fin de año. Cuando sentencia que “no es la única” pareciera que Pérez intenta protegerse de la peor manera, como si el hecho de que otros hicieren lo mismo la liberara de culpas. El “le aviso” de la frase final, descubre una actitud provocadora como si quisiera mostrarle al periodista que no hay noticia en su búsqueda o en su pregunta.

La flamante secretaria general de la Gobernación quedó atrapada en su propia frase. Si su proceder es absolutamente correcto y no tiene ninguna importancia que los decretos que suelen referirse a sus viajes a Buenos Aires para cumplir tareas oficiales incluyan los sábados y domingos para qué aclara y desafía que no es la única. En cambio, en el supuesto de que hubiera una falta ética, ella, como funcionaria pública responsable debiera advertir a los otros que sabe que reciben esos mismos beneficios para no perjudicar la ética pública. Debería frenarlos. Ni lo uno ni lo otro.

Silvia Pérez salió a buscar protección. La encontró. El mismísimo gobernador se ocupó de defender a su funcionaria. Aclaró que todos los de su equipo son full time, por lo tanto trabajan sábados y domingos, y fiestas de guardar. No le importó que lo descubrieran recitando un ideal que nada tiene que ver con lo que realmente estaba ocurriendo con la abogada que él eligió para cuidarle las espaldas legales en la Casa de Gobierno. Ella figura en decretos cumpliendo misiones los sábados y domingos, y hasta en algunos se le autoriza a cobrar viáticos aunque ella asegura no haber cobrado.

“En los decretos que se publican jamás se dice cuál es la ‘misión oficial’, ¿alguna vez se sabrá en qué consisten esas tareas?”, le preguntó LA GACETA. “Eso estamos tratando de modificar. En los últimos decretos estoy pidiendo que lo pongan. Se van a conocer a partir de ahora”, sentenció la funcionaria que cuando juró como secretaria general de la Gobernación en reemplazo de Pablo Yedlin manifestó que el acceso a la Información Público está en agenda. Sobre eso el gobernador no dijo nada.

La vida se ve atravesada por los grupos de Whatsapp. Deben sobrar los dedos de la mano para contar a los que no forman parte de alguno. En uno de los tantos que hay de funcionarios se celebra cada vez que alguno recibe críticas de la prensa. Se sienten fortalecidos porque ven a la prensa como un enemigo, y no como el necesario aporte para controlar y contribuir a un mejor funcionamiento de las instituciones. Por eso, Pérez se quedó tranquila después de que Manzur le diera su respaldo. Es parte de la doctrina Alperovich que supieron aprender en los últimos 12 años. “Lo que importa es lo que yo pienso de vos”, les repetía el ex gobernador a su equipo sin tener en cuenta si la conducta de su gente fuera correcta.

Basura bajo la alfombra

El ejemplo más claro es lo que ocurrió en el Instituto de la Vivienda. Hay empleados que venden casas, pero eso, aunque lo sepan muchos –funcionarios y ministros, incluso-, no tiene importancia. Había directivos que hacían lo que quisieran con las casas que eran costeadas por fondos públicos y administradas como propias por funcionarios. A las denuncias de irregularidades que efectuó la prensa se las trató también como algo intrascendente. Hasta la Justicia le aplicó un bisturí selectivo. Sin embargo, las irregularidades confirmaron –entre otros ejemplos- que la empresa Marán, cuyos dueños -jamás quisieron hablar ni dar la cara- eran sobrinos de Lucas Barrionuevo, coordinador del Instituto de la Vivienda que desde que mintió ante las cámaras no para de enfermarse. No es lo único que pasó en el IPV: también se habrían pagado salarios a jugadores de básquet, amistades y hasta indemnizaciones en algunos comercios con viviendas. La Justicia, desgraciadamente, no ha podido desentrañar esas cuestiones.

Tribunales alterados

En los Tribunales provinciales el terremoto de los veedores sobre 33 causas que se tramitan aún tiene réplicas. Y, en los próximos días las habrá más. En los pasillos del piso superior del Palacio de Tribunales se comentaba que, apenas venció el plazo para recusarlo, Benjamín Moisá (subrogante en la Corte) habría emitido su opinión en un fallo de mucho rifirrafe político. Hay causas como la de la increíble elección del ex senador Sergio Mansilla, cuya definición siempre está a caer y, sin embargo, termina en el letargo. Las novedades van a tener que ser vistas con dos anteojos diferentes: 1) el adminículo de los que creen que es hora de que se defina ese proceso y 2) el de los que intentan tallar en la interna del oficialismo.

El tuit de la debilidad

En la causa Mansilla, como en las cuestiones del IPV, o respecto de cualquiera de los funcionarios del Poder Ejecutivo, el ex gobernador Alperovich necesita meter su nariz. El actual senador y asesor ad honorem de Manzur no ha podido mantenerse prescindente del poder. Eso lo desvela. Por ello esta semana cometió un verdadero furcio. Apenas se enteró de que el gravamen a las bebidas azucaradas se diluía se desesperó por ser el primero que contaba la noticia. Llamó a la prensa y se aferró a su celular para que en las redes sociales se propagara como un virus lo que él quería contar. Le ganó incluso a Manzur que estaba recibiendo esos datos de funcionarios nacionales. ¿Por qué hizo esto? Para dejar mal parada a su creación, el gobernador Manzur y, de paso, decirle a todos que él mueve los hilos como buen titiritero. Por el contrario, Alperovich que hizo de lo público su manejo privado y que disfrutó de tener en su puño a toda la provincia mostró el estado de debilidad en el que se encuentra. Ya no es el poderoso de antaño y eso lo desequilibra. Tanto que terminó haciendo un tuit en lugar de disfrutar de sus logros, si es que fueran suyos. El político que disfrutaba del silencioso manejo del poder ahora se desespera por gritar sus acciones.

Desinflado

Alperovich y José Cano no sólo se parecen por sus nombres y por los tiempos políticos que les tocaron compartir. En esta semana no sólo Alperovich mostró sus síntomas de debilidad. Cano, también. El todavía radical –Alperovich se convirtió en peronista- empezó la semana siendo el casi seguro presidente de la Unión Cívica Radical Nacional. Pero terminó perdiendo la pulseada, y se quedó sin el pan y sin las tortas. El eterno y sinuoso Enrique Nosiglia, junto a Federico Storani y al hijo del legendario Raúl Alfonsín, se encargaron de desequilibrar a Cano recordando sus derrotas electorales.

Imágenes de un naufragio

El macrismo también quedó enredado en su discurso. El ya no tan nuevo Gobierno nacional navega en las aguas del respeto y del cuidado institucional. Sin embargo, la embarcación Cambiemos naufragó. Los diputados son constitucionalmente los representantes del pueblo, sin embargo, el errático jefe de Gabinete Marcos Peña considera, aconseja, porfía y dispone que se negocie con los gobernadores, y que estos manejen a los diputados como si fueran sus soldados. Precisamente, por transitar en esta falacia vienen trastabillando.

El gobernador Manzur es un grumete en esa embarcación. Promete navegar en ella, accede a prestar diputados, pero, verdaderamente, no los controla. Uno de los emblemas es el ya popular mellizo José Orellana, quien fue descubierto y todas las candilejas lo iluminaron. Este diputado tiene fama de pícaro. Más de una vez amagó estar con unos y después terminó con otros. Si lo sabrá José Alperovich. Ahora lo sufrió Manzur porque firmó el dictamen que le pidió el gobernador para que saliera el despacho de comisión, pero no dio quórum para que se aprobara en el recinto. Y Manzur volvió a incumplir sus promesas. El traje de canciller con el que se puede dialogar y acordar ya es un ropaje muy deshilachado en el cuerpo del mandatario.

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