La violenta jornada legislativa no debe repetirse

17 Dic 2017

Corridas, represión, balazos de goma, encapuchados, fuerzas de seguridad, manifestantes, pedradas, gases lacrimógenos, heridos, vandalismo, automóviles y contenedores quemados; por lo menos, tres fotoperiodistas lesionados; vidrieras destruidas. Agresiones verbales y físicas, patoterismo, tumulto, adentro y afuera del Congreso de la Nación. El frustrado tratamiento en la Cámara de Diputados del proyecto de ley de reforma previsional dejó además como saldo 26 detenidos. 
Los incidentes y choques protagonizados el jueves pasado en la Plaza de los Dos Congresos tuvo por protagonistas a mil efectivos de Gendarmería, la Prefectura y la Policía Federal, manifestantes de organizaciones sociales, políticas y gremiales, pero también a los mismos legisladores, varios de los cuales se insultaron y hubo conatos de pelea. Como consecuencia de los graves incidentes, se levantó la sesión legislativa.
La violencia, la intolerancia y la represión fueron una vez más las reinas de esa bochornosa jornada, que incluyó a aquellos, nuestros representantes, que son justamente los que deben dar el ejemplo de cordura y estar siempre a la altura de las circunstancias. La politización constante de la realidad refleja un país histórica y constantemente dividido, en el que habitualmente se trata de dirimir las diferencias mediante la fuerza. De un lado o de otro, se busca torcerle el brazo al rival, considerado muchas veces un enemigo.
Son actitudes poco o nada democráticas, que muestran una negación o incapacidad para debatir civilizadamente sin caer en las descalificaciones personales o en agresiones, que atentan contra el funcionamiento de las instituciones. 
La sesión se ha pasado para mañana. Se ha informado que el operativo de seguridad en torno al Congreso de la Nación y sus alrededores, estará a cargo en esta oportunidad de la Policía de la Ciudad que depende del Ministerio de Seguridad porteño, mientras que las fuerzas federales (la Gendarmería y la Prefectura), que estuvieron a cargo el jueves, sólo prestarán colaboración “de manera subsidiaria”; sin embargo, no trascendieron detalles acerca de la cantidad de efectivos que serán parte del despliegue policial.
Si bien el dar o no quórum en una sesión forma parte del folclore legislativo, rehuir al debate o impedirlo nunca es positivo, como tampoco lo es aprobar o rechazar una norma de manera apresurada, por urgencias o presiones políticas, sin debatirla en profundidad, mucho más cuando está en juego el destino de millones de jubilados. Cada legislador debe conocer hasta en los mínimos detalles la iniciativa que se pondrá a consideración y ser consciente de que ha sido elegido por el pueblo para que lo represente, de manera que sus acciones deben estar encaminadas siempre a promover el bien común.
Manifestar, expresar públicamente el descontento, es un derecho de la ciudadanía, pero cuando se apedrea, se incendia y se destruye, a cara descubierta o tapándose el rostro, nos hallamos frente a un acto delictivo, del mismo modo es reprobable cuando se reprime a mansalva. La fuerza, la violencia, la furia, nunca son buenos caminos para zanjar las diferencias y menos para solucionar problemas. En ese sentido, tiene una gran responsabilidad la clase dirigente, pero también el resto de la sociedad. Sería importante que mañana no se repitiera la vergonzosa e iracunda jornada del jueves, porque profundizará aún más la división de los argentinos. “Lo que se obtiene con violencia, solo se puede mantener con violencia... la violencia es el miedo a los ideales de los demás”, sostenía el pacifista y líder hindú Mahatma Gandhi.

Corridas, represión, balazos de goma, encapuchados, fuerzas de seguridad, manifestantes, pedradas, gases lacrimógenos, heridos, vandalismo, automóviles y contenedores quemados; por lo menos, tres fotoperiodistas lesionados; vidrieras destruidas. Agresiones verbales y físicas, patoterismo, tumulto, adentro y afuera del Congreso de la Nación. El frustrado tratamiento en la Cámara de Diputados del proyecto de ley de reforma previsional dejó además como saldo 26 detenidos. 

Los incidentes y choques protagonizados el jueves pasado en la Plaza de los Dos Congresos tuvo por protagonistas a mil efectivos de Gendarmería, la Prefectura y la Policía Federal, manifestantes de organizaciones sociales, políticas y gremiales, pero también a los mismos legisladores, varios de los cuales se insultaron y hubo conatos de pelea. Como consecuencia de los graves incidentes, se levantó la sesión legislativa.

La violencia, la intolerancia y la represión fueron una vez más las reinas de esa bochornosa jornada, que incluyó a aquellos, nuestros representantes, que son justamente los que deben dar el ejemplo de cordura y estar siempre a la altura de las circunstancias. La politización constante de la realidad refleja un país histórica y constantemente dividido, en el que habitualmente se trata de dirimir las diferencias mediante la fuerza. De un lado o de otro, se busca torcerle el brazo al rival, considerado muchas veces un enemigo.

Son actitudes poco o nada democráticas, que muestran una negación o incapacidad para debatir civilizadamente sin caer en las descalificaciones personales o en agresiones, que atentan contra el funcionamiento de las instituciones. 

La sesión se ha pasado para mañana. Se ha informado que el operativo de seguridad en torno al Congreso de la Nación y sus alrededores, estará a cargo en esta oportunidad de la Policía de la Ciudad que depende del Ministerio de Seguridad porteño, mientras que las fuerzas federales (la Gendarmería y la Prefectura), que estuvieron a cargo el jueves, sólo prestarán colaboración “de manera subsidiaria”; sin embargo, no trascendieron detalles acerca de la cantidad de efectivos que serán parte del despliegue policial.

Si bien el dar o no quórum en una sesión forma parte del folclore legislativo, rehuir al debate o impedirlo nunca es positivo, como tampoco lo es aprobar o rechazar una norma de manera apresurada, por urgencias o presiones políticas, sin debatirla en profundidad, mucho más cuando está en juego el destino de millones de jubilados. Cada legislador debe conocer hasta en los mínimos detalles la iniciativa que se pondrá a consideración y ser consciente de que ha sido elegido por el pueblo para que lo represente, de manera que sus acciones deben estar encaminadas siempre a promover el bien común.

Manifestar, expresar públicamente el descontento, es un derecho de la ciudadanía, pero cuando se apedrea, se incendia y se destruye, a cara descubierta o tapándose el rostro, nos hallamos frente a un acto delictivo, del mismo modo es reprobable cuando se reprime a mansalva. La fuerza, la violencia, la furia, nunca son buenos caminos para zanjar las diferencias y menos para solucionar problemas.

En ese sentido, tiene una gran responsabilidad la clase dirigente, pero también el resto de la sociedad. Sería importante que mañana no se repitiera la vergonzosa e iracunda jornada del jueves, porque profundizará aún más la división de los argentinos. “Lo que se obtiene con violencia, solo se puede mantener con violencia... la violencia es el miedo a los ideales de los demás”, sostenía el pacifista y líder hindú Mahatma Gandhi.

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