Cambió el convento por la costura

María Luz Gray dejó la carrera de Letras en Tucumán para recluirse con las Carmelitas Descalzas en Bariloche. Jorge Bergoglio llegó a ser su tutor. Pero abandonó ese camino para estudiar Diseño de Indumentaria y Textil. Esta semana vuelve a la provincia para presentar su colección.

17 Dic 2017

> LA MARCA
María Luz Gray describe la marca que lleva su nombre como universal, atemporal, con tipologías cómodas, frescas y livianas. “Indumentaria de autor folk étnica” es su eslogan. “Mi filosofía está basada en la resignificación de distintas etnias y culturas. Mantener vivas nuestras raíces es mi objetivo principal”, sostiene la diseñadora.
El jueves, a las 21, presentará su colección en Plaza de Almas (Maipú 791). Allí le hará un homenaje a su abuela, que fue quien le enseñó a coser. El jueves 28 se presentará  en Salta, en el Teatro Municipal.


Y un día salió. Dejó para siempre el convento de las Carmelitas Descalzas, en Bariloche, para mudarse a Buenos Aires, un lugar “neutro” que le permitió tomar distancia de Tucumán. Y fue allí donde encontró lo que hoy cree que es su verdadera vocación. Pero antes se dio cuenta de que no tenía trabajo, tampoco un estilo o preferencias para vestir, porque durante mucho tiempo había usado un hábito. También se enteró de que Mercedes Sosa había muerto... hacía dos años, al igual que otros artistas internacionales; y descubrió que los celulares habían pasado de ser unos “ladrillos” negros a algo que se podía llevar cómodamente en la palma de la mano. Pasó mucho en la vida de María Luz Gray, la tucumana de 37 años que se ha convertido en diseñadora de indumentaria y el jueves presentará en la provincia su colección, cuyas prendas tienen el sello de una visión sustentable e inclusiva. Ella afirma que su eje sigue siendo el mismo: hacer algo por los demás, por su entorno, por el mundo. Un granito de arena.

Estudiaba Letras cuando decidió marcharse por un tiempo a San Martín de los Andes. Allí vivía su tía. María Luz viajaba mucho al sur y para no perder o cortar con los estudios universitarios optó por seguir allá la carrera de Magisterio. A la vez, trabajaba como voluntaria en un hogar para chicos huérfanos, dirigido por monjas. “Es que estaba todavía en la búsqueda de algo que me llenara, que me hiciera bien”, sostiene.

Empezó yendo una vez por semana para ayudar a las niñas a estudiar. Después sus visitas se hicieron diarias, hasta que decidió que la cosa iba por ahí, que transitaba por buen camino. Y en un retiro espiritual, en Bariloche, conoció a las Carmelitas Descalzas. Probó la experiencia de vivir allí durante tres meses y terminó convirtiéndose en una estadía de ocho años.

Una bomba

Pero esa búsqueda de la que habla la tucumana nacida en los 80 se vio interrumpida por una triste noticia que le llegó el Miércoles de Ceniza de 2005: su hermano se había suicidado. “Hacía dos años que vivía con las Carmelitas. Fue como una bomba que cayó en el centro de mi familia. Algo que nos cambió para siempre. Me cuestioné todo. También fue difícil ir al velorio, porque estaba en un monasterio de clausura. Pero pude hacerlo”, relata.

A la distancia, recuerda que tuvo muchas noches oscuras y siente que tomó los votos perpetuos cuando estaba muy angustiada, deprimida, enferma. Cree que no fue bien contenida, que no le llenaba la explicación de que Dios le había puesto esa prueba que debía sortear. No era feliz.

Mientras tanto, el sacudón provocó consecuencias familiares: su padre dejó todo en Tucumán para radicarse en Bariloche, porque creía que María Luz estaba recorriendo el mismo camino que su hermano. Pero él no conocía los tiempos del convento: sólo podían verse cada cuatro meses. Mientras tanto, en Tucumán, su madre se dedicó a la enfermería.

Benedicto XVI y Francisco

“Pedí un tiempo y me fui a un lugar neutro: a Buenos Aires. El delegado de las Carmelitas en Argentina me ayudó, me dio un año para pensar y afrontar el duelo. Escribimos a Roma para que me permitieran hacer un tratamiento psicológico, y fue el papa Benedicto XVI quien me lo otorgó, mediante una carta con unas palabras tan humanas que nunca olvidaré”, relata María Luz.

Fue así que pasó de ocho años recluida en un convento sin recibir noticias del mundo exterior a instalarse en la capital del país: todo llegó de golpe. La ayuda la recibió de unas monjas capuchinas junto a las que vivió un tiempo (“ellas tenían un hospedaje y nunca me cobraron nada”) y de unos curas de la Iglesia del Socorro (allí trabajó un tiempo).

Luego le pusieron un tutor para que la siguiera de cerca y le diera su apoyo: fue nada menos que Jorge Bergoglio, el papa Francisco, quien la llamaba todos los fines de semana para saber cómo estaba: “una vez le dije que sentía que no estaba haciendo nada útil y me preguntó qué sabía hacer. Contesté que en el convento usaba el telar (también mi abuela me había enseñado a coser) y que hacía rosarios de cuentas de madera y nudos. Entonces me dijo que hiciera 50 rosarios. Fue como mi primer trabajo”.

En ese momento se dio cuenta de que quería “estar con el mundo” y para ello tuvo que esperar la dispensa de los votos (algo así como la anulación del matrimonio, pero con Dios). Y dejó para siempre el hábito color marrón con el que se paseaba por las calles de Buenos Aires.

En 2014, sin currículum, sin saber cómo vestirse ni por dónde empezar a recorrer un nuevo camino, decidió estudiar computación, después música y finalmente Diseño de Indumentaria y Textil en la Escuela Argentina de Moda.

Una muestra

El jueves presentará su colección en una muestra: “no es un desfile, porque es una forma también de contar mi historia. Empezaré con prendas de colores negros, hasta llegar al color”.

Su estilo es folk -detalla-, con prendas que ella misma cose (“no trabajo con talleres y mucho menos clandestinos”). En su mayoría son de puro de algodón y sin tintes nocivos; y las borda y pinta a mano. Diseña babuchas (“es mi prenda favorita, multicultural, cómoda”), blusas y vestidos.

“Hay una moda no convencional que descubrí estudiando Diseño. Ingresé para encontrar mi estilo, pero la verdad es que me abrió un panorama de indagación conmigo misma. Tengo una necesidad de que esto tenga otro sentido; que colabore con mi entorno, que con el diseño haga algo por los demás”, reflexiona María Luz.

Al final, confiesa que es consciente de que sus prendas son para un determinado grupo de personas y que a ellas les quiere hablar; se propone decirles que no debería haber estereotipos, ni trabajo esclavo en talleres clandestinos, ni talles muy pequeños o muy grandes. Que todos deberían sentirse cómodos y a gusto con lo que visten.


LA MARCA
María Luz Gray describe la marca que lleva su nombre como universal, atemporal, con tipologías cómodas, frescas y livianas. “Indumentaria de autor folk étnica” es su eslogan. “Mi filosofía está basada en la resignificación de distintas etnias y culturas. Mantener vivas nuestras raíces es mi objetivo principal”, sostiene la diseñadora.
El jueves, a las 21, presentará su colección en Plaza de Almas (Maipú 791). Allí le hará un homenaje a su abuela, que fue quien le enseñó a coser. El jueves 28 se presentará  en Salta, en el Teatro Municipal.

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