Distribuidores de pobreza

13 Dic 2017

La pobreza es una de las manifestaciones más brutales del fracaso de un Gobierno.

La pobreza que marchita la vida de uno de cada tres argentinos, y también de uno de cada tres tucumanos, es, primeramente, el fracaso sin concesiones del kirchnerato, así como de su capítulo subtropical, el alperovichato.

Los creadores del eslogan “Argentina, un país en serio” asumieron en la Casa Rosada con un presupuesto nacional de 50.000 millones de pesos. Cuando la dejaron, 12 años después, ese cálculo federal de ingresos y de gastos era de 1 billón. Es decir, un millón de millones de pesos. Más del 30% de los argentinos seguía siendo pobre después de ese período en el que la Argentina administró más recursos que jamás en cualquier otro período de su historia. El kirchnerato, entonces, no combatió la pobreza: sólo les transfirió dinero a los pobres. Léase, clientelismo.

Un pobre con dinero sigue siendo estructuralmente pobre. Algo que la estadística argentina ha perdido de vista, porque su sistema de medición de la pobreza en realidad mide sólo una dimensión: la de los ingresos. El valor de la canasta familiar (alimentos, indumentaria, costo de los servicios básicos) ronda hoy los $ 15.000 en el país, según el Indec. ¿Si a una familia de La Costanera, del barrio Antena o de Los Vázquez se le dan $ 16.000 por mes ya no es pobre? ¿Pasa inmediatamente a participar de la clase media? La pobreza estructural, en cambio, se estima sobre la base de otros indicadores. Uno que mide el acceso a la salud, a la educación, a la seguridad y a la vivienda digna, y que se conoce como de Necesidades Básicas Insatisfechas. Aquí no se “estila”.

Pero el kirchnerato clausuró todo debate sobre la pobreza. La ex presidenta, Cristina Fernández, expresó en la FAO en junio de 2015 que la pobreza en la Argentina era del 5%, luego de lo cual el entonces jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, aseguró que este país tenía menos pobres que Alemania. Por ese entonces, el ex ministro de Economía, Axel Kicillof, no pudo responder en una entrevista cuál era exactamente el índice de pobreza, pero se justificó alegando que indicadores de ese tipo sólo “discriminaban” a las personas.

Pobres los pobres: ni un porcentaje les habían dejado…

Tucumán también dejó escapar la oportunidad histórica de construir una provincia socialmente mejor a partir de un Estado empachado de recursos. El alperovichato recibió la Casa de Gobierno en 2003 con un presupuesto anual de 2.000 millones de pesos. Cuando entregó el poder hace dos años, la partida general de recursos del Estado era de 34.000 millones de pesos. En 12 años administró $ 140.000 millones. Pero mantuvo en la pobreza al 35% de la población.

Después de esa “década ganada”, la democracia pavimentadora sólo dejó asfalto de adjudicaciones y ejecuciones dudosas. Ni siquiera la infraestructura para que los tucumanos no se inunden. ¿Cuál es la idea del progreso en una provincia que, como en el paleolítico, tiene a sus habitantes mirando al cielo y rezando a los dioses para que el agua no se lo lleve todo?

En segunda instancia, la pobreza que hace patente el Observatorio de la Deuda Social Argentina también muestra que el Gobierno actual, el del macrismo en el país y el del manzurismo en Tucumán, están fracasando sin escalas.

Dos años de gobierno después, sigue siendo pobre más del 30% de los argentinos. Son 13,5 millones de compatriotas. La mitad son niños: tienen menos de 14 años. En coincidencia, más del 30% de los hogares argentinos tiene déficit de agua potable, de cloacas, de energía eléctrica o de gas. Y también más del 30% de esos hogares tiene un niño o un adolescente que no estudia.

Queda claro que hay muchos años de oprobio antes de la llegada de este Gobierno. Pero transcurrida la mitad del mandato, las cifras también dicen que esos acreedores internos no han tenido la misma prioridad que los de afuera para esta gestión. “La pobreza es inaceptable”, ha dicho ayer el jefe de Estado nacional. Sin embargo, lleva 24 meses de notable tolerancia.

Al Gobierno tucumano le caben todos esos reproches, más todos los agravantes surgidos del hecho de que Juan Manzur co-gobernó la Provincia con José Alperovich desde 2007 en adelante. No hay nada heredado ahí: todo el despojo es de manufactura propia.

Si la pobreza es para las personas mucho más profunda que la superficialidad del dinero, lo mismo cabe para las gestiones estatales. Mientras uno de cada tres argentinos y tucumanos viva en la pobreza, la lectura será la misma, sin importar los colores partidarios. Porque sólo es de gobiernos míseros, se llamen como se llamen, repartir tanta pauperidad.

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