Ishma, el chamán que volvió para cambiar nuestra historia

Sus restos fueron hallados en febrero en Tafí Viejo y mañana se difundirá su datación exacta. Aquí te contamos detalles de su posible vida y de sus insondables dolores.

10 Dic 2017
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-- EN EL MUSEO. Guillermo Ortiz y Javier Noguera recorren la sala que se inaugurará hoy. LA GACETA / FOTOS DE JOSÉ NUNO.--

Nunca se conocerá su nombre real. Pero sin duda pasará a la historia como Ishma, el chamán de Thaaui. Vivió hacia el 500 antes de Cristo, en una zona selvática de exuberante belleza, en la que hoy se levanta la ciudad de Tafí Viejo. De hecho, Thaaui es el vocablo del que deriva la palabra Tafí. Y, según un mito urbano, por aquella época de paisajes vírgenes y culturas arraigadas, había dos Tafí: uno en los Valles Calchaquíes y otro en la zona más baja y boscosa del pedemonte. Ambos estaban dirigidos por dos caciques hermanos que, también hermanaron sus pueblos a través del nombre Thaaui.

Pero la historia del chamán es un poco más dura. Más dura y misteriosa, porque Ishma no tuvo una vida fácil. A temprana edad se fracturó la tibia y el peroné, lo que le provocó serias dificultades motoras y deformaciones en las extremidades. Como no podía caminar con normalidad, también desarrolló paulatinamente una severa desviación en la columna vertebral. Eso le impedía llevar adelante las duras tareas de cualquier hombre de su época: tal vez por eso se convirtió en chamán.

Vivía posiblemente en los márgenes de la aldea, en una choza de paja, barro y piedras, aunque no salía todas las mañanas a trabajar en el campo con los cultivos o a cuidar los animales como el resto de su grupo, sino que más bien se dedicaba a exorcizar las tribulaciones de sus vecinos. Su “discapacidad” quizás le había permitido desarrollar otras aptitudes, como por ejemplo, la facultad de curar, de comunicarse con los espíritus o de ver visiones y adivinar el futuro. De hecho, la inhalación de cebil (un poderoso alucinógeno que lo ayudaba en su paso al mundo espiritual) podría haber sido para él una costumbre que también le permitía mitigar sus propios infiernos. O al menos eso se supone.

Durante el resto de su vida debió sufrir espantosos dolores, aunque no murió por esa causa, sino probablemente por otra enfermedad, o por algún accidente doméstico. Tenía entre 35 y 45 años, que para aquella época, era la expectativa máxima de vida, de manera que no sería descabellado suponer también que Ishma pudo haber muerto de viejo.

Pero una cosa es completamente cierta y real: tras su deceso, sus familiares lo enterraron y, años después, cuando sus restos eran puro huesos, lo exhumaron y lo colocaron en una urna funeraria de cerámica, tal como se acostumbraba en aquella época.

En esa misma urna, ya carcomida por las eras y olvidada por su pueblo, fue encontrado en febrero de este año, cuando se realizaba un trabajo de ampliación en una vereda del centro de Tafí Viejo. Así, Ishma, el chamán de Thaaui, pudo volver del inframundo para dar testimonio de un pasado que ahora sale a la luz para cambiar la concepción de nuestra historia. O para iluminar la que vendrá.

Y, para ser justos, el chamán no retornó solo ya que en la misma urna se encontraron otros dos esqueletos humanos: el de una mujer, de 25 a 35 años y el de un tercer sujeto cuyo sexo y edad no pudieron determinarse debido al deplorable estado de conservación. Sin embargo es Ishma quien, con su misteriosa existencia, desconcierta a los expertos.

Un hallazgo histórico

El de los restos del chamán, cuya antigüedad acaba de ser calculada a partir de complejos estudios realizados en Georgia (EEUU), se ha convertido en uno de los más trascendentes hallazgos arqueológicos de los últimos años en el NOA. “Es uno de los más antiguos de la zona. Hay otro en Horco Molle, pero el que se hizo aquí, en Tafí Viejo, es el primero que vino acompañado con un ajuar que permite identificar al sujeto. En este caso, se han encontrado dos artefactos de hueso de ave utilizados en la práctica de inhalación de cebil, una planta alucinógena y estimulante asociada a los rituales chamánicos. Una de esas cucharas, incluso, tiene restos de cebil. Eso permite suponer que se trataba de un chamán”, señaló con entusiasmo el intendente taficeño Javier Noguera, principal impulsor del proyecto de rescate arqueológico.

Si bien Noguera se negó a revelar la datación exacta de los restos (lo hará durante la apertura de los museos que se levantaron para jerarquizar el descubrimiento), sí adelantó a LA GACETA que la edad de los huesos es anterior a Cristo. “En esta ciudad hay una historia que es muy antigua y que no se remonta a la llegada de los españoles, sino que hay registros anteriores a Cristo que queremos rescatar y conocer. Este hallazgo trae luz sobre esto, ya que nos permite determinar que la cultura Tafí no estaba sólo en los Valles, sino que también se había asentado aquí, con sus cultivos, su tecnología alfarera y su idiosincrasia tan particular. Eso explica los nombres similares de ambos pueblos. Había una conexión que ahora se puede comprobar científicamente”, agregó Noguera.

Este chamán fue bautizado Ishma por los expertos que lo están estudiando. Pero según Noguera, está la idea de abrir un concurso para alumnos de colegios para que sean ellos lo que lo bauticen oficialmente, tras conocer los detalles de su vida. “Nuestra intención es que este hallazgo se jerarquice. Por eso hemos creado un guión que cuenta un poco la vida de los habitantes de esa época y ratifica que ese pasado, de alguna manera, forma parte de nuestro presente. Y queremos invitar a todos a que lo conozcan”, señaló.

Por esa razón mañana se inaugurarán dos museos para difundir este hallazgo. A las 20, en la vereda de la Policlínica Municipal (avenida Alem 490) se habilitará el museo de sitio, que consiste en un cofre transparente cavado en el lugar del hallazgo, que contiene una réplica de la urna.

Posteriormente, en la Hostería Municipal se inaugurará el Centro de Interpretación Arqueológica, en el que se podrá ver un sofisticado holograma con la imagen del chamán invitando a hacer un recorrido por la historia de su pueblo. Allí también se podrá ver la urna original, pero sin los huesos del chamán.

la investigación
Junto a los restos de Ishma se encontró también un fragmento óseo de camélido, animal de gran importancia en el mundo prehispánico. “Las llamas eran fuente de alimento, de abrigo y de utensilios. Y, debido a su capacidad de carga en el tráfico caravanero, también servía para el intercambio de conocimientos y objetos con otros grupos humanos. Por eso, el hecho de que se hayan encontrado restos de camélido en esta zona indica que los antiguos habitantes de Tafí del Valle tenían vínculos con las aldeas antiguas de Tafí Viejo”, comentó el arqueólogo Guillermo Ortiz, coordinador del área de Patrimonio Arqueológico del Instituto de Arqueología y Museo / UNT-ISES-Conicet.
Según el experto, la zona de Tafí Viejo hace 2.000 años era muy distinta. “La selva era muy frondosa y abundaban los árboles de gran porte. La vegetación autóctona debió haber sido realmente apabullante. Pero, con la llegada de los españoles, esa magnificencia se fue perdiendo hasta quedar casi extinta. Esta zona selvática y boscosa se comunicaba de manera directa con los Valles Calchaquíes y había una ruta que unía a los pueblos. La aldea que estaba ubicada en lo que hoy es Tafí Viejo se organizaba alrededor de los campos y sus pobladores eran agricultores y pastores”, enfatizó Ortiz.
Y agregó: “el rico legado cultural de los grupos humanos que habitaron tempranamente el actual territorio tucumano es testimonio irrefutable de su complejidad social y de su elevado desarrollo espiritual: chamanes que curan, rituales que aseguran buenas cosechas, batracios que ruegan por la lluvia, muertos que trascienden el tiempo en vientres de barro y pueblos que abrieron huellas por donde hoy transitamos todos”.
> La investigación
Junto a los restos de Ishma se encontró también un fragmento óseo de camélido, animal de gran importancia en el mundo prehispánico. “Las llamas eran fuente de alimento, de abrigo y de utensilios. Y, debido a su capacidad de carga en el tráfico caravanero, también servía para el intercambio de conocimientos y objetos con otros grupos humanos. Por eso, el hecho de que se hayan encontrado restos de camélido en esta zona indica que los antiguos habitantes de Tafí del Valle tenían vínculos con las aldeas antiguas de Tafí Viejo”, comentó el arqueólogo Guillermo Ortiz, coordinador del área de Patrimonio Arqueológico del Instituto de Arqueología y Museo / UNT-ISES-Conicet.
Según el experto, la zona de Tafí Viejo hace 2.000 años era muy distinta. “La selva era muy frondosa y abundaban los árboles de gran porte. La vegetación autóctona debió haber sido realmente apabullante. Pero, con la llegada de los españoles, esa magnificencia se fue perdiendo hasta quedar casi extinta. Esta zona selvática y boscosa se comunicaba de manera directa con los Valles Calchaquíes y había una ruta que unía a los pueblos. La aldea que estaba ubicada en lo que hoy es Tafí Viejo se organizaba alrededor de los campos y sus pobladores eran agricultores y pastores”, enfatizó Ortiz.
Y agregó: “el rico legado cultural de los grupos humanos que habitaron tempranamente el actual territorio tucumano es testimonio irrefutable de su complejidad social y de su elevado desarrollo espiritual: chamanes que curan, rituales que aseguran buenas cosechas, batracios que ruegan por la lluvia, muertos que trascienden el tiempo en vientres de barro y pueblos que abrieron huellas por donde hoy transitamos todos”.

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