De los refugios de San Miguel de Tucumán, sólo queda el esqueleto

A lo largo de calles y avenidas los relativamente nuevos refugios para esperar el ómnibus -datan de 2015- dan más pena que abrigo. La mayoría ya no tiene los asientos, porque los fueron desmantelando y llevándoselos de a poco. La Municipalidad estudia cómo hacer para enfrentar el vandalismo.

30 Nov 2017

“Uno de los mayores beneficios del acero inoxidable es su durabilidad, resistencia a la corrosión y al paso del tiempo”. Esa fue una descripción del municipio capitalino respecto del material elegido para los últimos refugios que instaló en 2015. Sin embargo, desde entonces, todo ese mobiliario fue desmantelado y ninguno está completo. El material no resistió ni el mal uso ni los actos vandálicos.

“¿Que si estoy incómoda? Y... es el único lugar donde se puede descansar esperando El Provincial. Hay muchos ladrones que se fueron llevando las partes de estos refugios. No va a quedar nada en poco tiempo”, se queja Nancy Carrizo mientras se acomoda entre dos caños que antes fueron la base de los asientos de un refugio ubicado en la vereda de la Maternidad. Así, desmantelados, están todos a lo largo de la avenida Mate de Luna. Hasta les arrancan las vigas de los respaldos. Al lado de Carrizo está María Rojas, con ocho meses de embarazo. Suspira y señala que es mejor descansar debajo del árbol, que da más sombra y hasta cobija cuando llueve, porque debajo de esas placas transparentes no hay resguardo. Y reflexiona que algo anda mal en el diseño de esos refugios

En avenida Mate de Luna y en las plazas de San Miguel de Tucumán, en abril de 2015, los usuarios de ómnibus encontraron los modernos refugios de acero inoxidable con el detalle de las líneas de colectivos que en cada parada pueden abordar y sus recorridos. Si se tiene suerte, todavía se pueden encontrar algunas de esas placas. En esa primera etapa se renovaron 28 refugios, y los que existían en esas paradas se reubicaron en zonas periféricas que no contaban con este equipamiento, como las avenidas Silvano Bores y Pedro Miguel Aráoz, entre otros sectores, informaron entonces las autoridades municipales.

Además de detallar los beneficios del material, como que es higiénico y fácil de limpiar debido a la ausencia de porosidad en la superficie, la Municipalidad sostenía que estos refugios brindarían mayor comodidad a los usuarios del transporte público de pasajeros, y los resguardarían de las inclemencias del tiempo.

Recuperarlos

Lo cierto es que desde que los instalaron, los rompieron, los despedazaron, y se los fueron llevando de a poco, comenta Silvia Fernández, que siempre toma un colectivo en la parada de Muñecas al 800, sobre plaza Urquiza.

Al respecto, Jorge Pérez Musacchia, director de Saneamiento Urbano municipal, dice que le preocupa sobremanera el vandalismo. “Es uno de nuestros principales flagelos. Ahora nos concentramos en salir a recuperar los refugios que se instalaron anteriormente a los de acero inoxidable, los que están pintados con los colores del municipio. La semana pasada arreglamos unos de la avenida Kirchner y ya les han pegado papeles con propaganda”, agrega el funcionario, y sostiene que los de acero inoxidable han sido más “tentadores” para los vándalos. “Es probable que los asientos que fueron arrancados se los llevaran para hacer banquetas o vaya a saber qué otra cosa”, añade.

“Tenemos que encontrar algo no tan tentador, algo similar a los otros asientos de los refugios. Estamos estudiando cómo los arreglaremos y qué tipo de asiento pondremos”, comenta el funcionario.

Por otra parte, José Luis Avignone, secretario de Relaciones Institucionales, detalla que en la época de Domingo Amaya (se refiere a su intendencia) se instalaron 22 de esos refugios a lo largo de la avenida Mate de Luna; dos en el parque 9 de Julio; y dos en la plaza Urquiza. Destacó que hace menos de una semana colocaron seis frente a la Terminal de Ómnibus. Estos últimos -señala Avignone- serán como un termómetro para saber cuánto tiempo estarán sanos y completos.


> PUNTO DE VISTA

Alternativas para evitar el vandalismo

MATÍAS ROHMER 

Arquitecto y director del Instituto de Diseño de la Universidad  San Pablo-T

Tucumán es una provincia complicada por sus condiciones climáticas: mucha lluvia en poco tiempo y sol muy fuerte en verano. Si se tienen en cuenta esos factores, sería necesaria una cubierta gigante en un refugio. Pero se podría lograr una buena cobertura teniendo en cuenta orientaciones especiales, pero que no siempre se pueden lograr por cómo viene la mano de la calle. Lo ideal será que quien diseñe un mobiliario urbano sea de acá, que conozca Tucumán, que esté interiorizado. El vandalismo es otro punto importante. Se puede tratar de mitigar de diferentes maneras: con elementos propios del diseño, como tornillería exclusiva para que nadie tenga la llave para desarmarlos (como sucede con los juguetes de la famosa “cajita feliz”, es imposible abrirlos); o usando materiales poco atractivos desde lo económico y buscar la estética mediante otras formas. Otro aspecto muy importante es lograr una identificación, una apropiación del objeto, que los vecinos lo sientan suyo y luchen contra el vandalismo. ¿Cómo hacerlo? Fomentando la participación, por ejemplo, proponiendo que se realicen muestras de artistas locales en esos espacios. En las paradas hay mucho tiempo de ocio en el que se tiende a hacer daño. Quizás si se provee de acceso a Internet o estaciones de carga para los celulares no prestarían mucha atención al refugio en sí. Sirve distraer. Por último, es útil trabajar con elementos suficientemente económicos para reemplazar las piezas. Eso no pasa con las paradas de colectivos ni con los juegos para niños de las plazas. A la ciudad le cuesta muchísimo mantenerlos. Y eso nos lleva a la “teoría de las ventanas rotas”: si un edificio tiene una ventana rota y no se repara, los vándalos tenderán a romper unas cuantas más. Finalmente, quizás hasta ingresen en el edificio. Entonces la ciudad debería poner de su parte para que la gente quiera seguir cuidándola.

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