Señales políticas por decreto

27 Nov 2017 Por Fernando Stanich

La segunda mitad de la gestión arrancó develando algunas características del camino que seguirá la política tucumana hacia el final del mandato. Y diciembre, ya con la presencia del gobernador, Juan Manzur, puede arrojar algunas otras definiciones.

San Miguel de Tucumán promete mantener activa la disputa entre la Casa Rosada y la Casa de Gobierno. Lo que acontece en el Concejo Deliberante es una prueba de que el enfrentamiento persistirá y que cada uno apelará a las herramientas que tenga a mano. El oficialismo provincial utilizó su mayoría para arrebatarle la conducción del cuerpo deliberativo al intendente Germán Alfaro, y el jefe municipal macrista respondió como había deslizado que lo haría: cerrando el grifo de los fondos. El nuevo presidente, Armando Cortalezzi, grita que no hay recursos en el Concejo porque el presupuesto está agotado, y el intendente responde con un decreto. Y así lo hará en lo sucesivo. Alfaro no está dispuesto a ceder dinero para que la oposición haga política, por eso el presupuesto no se ampliará y desde la Intendencia le transferirán al Concejo únicamente la plata justa para el pago de salarios de los ediles, de los trabajadores y de los enigmáticos empleados de bloque. Precisamente, estos últimos son los únicos no bancarizados del cuerpo deliberativo y conforman la “caja” de la que menos se habla. Es la forma que tienen, desde hace décadas, los concejales para mantener de rehenes a centenares de punteros políticos en los barrios. “Los invisibles”, al depender de la muñeca de la presidencia del Concejo y de los acuerdos políticos entre los ediles, en más de una ocasión quedaron presos de las internas. Ocurrió ya en el recambio de gestión, a fines de 2015, cuando los atrasos en los pagos derivaron en tibias protestas que luego se disiparon.

En paralelo, la disputa por el rearmado de las comisiones también permite presagiar otro frente de conflicto, porque Cortalezzi quiere darle protagonismo a los suyos y porque el macrismo ya desliza que podría judicializar cualquier conformación de los grupos de trabajo que no respete la presencia de todas las bancadas.

Ansiedad y tensiones oficialistas

El regreso de Manzur luego de su viaje por Estados Unidos develará cuán enojado quedó el gobernador con el alperovichismo, y confirmará que el vicegobernador Osvaldo Jaldo se quedará en su lugar.

El tranqueño espera ansioso que su compañero de fórmula aterrice para que se pueda anunciar que la dupla no se toca y que a la Cámara de Diputados irá el secretario general de la Gobernación, Pablo Yedlin. Ya antes de subirse al avión, el mandatario había dejado en claro su malestar por la presencia de Cristina Fernández de Kirchner en Tucumán. Por eso el vicegobernador sonrió tanto en estos días: la grieta que pueda producirse entre el matrimonio Alperovich y Manzur lo beneficia directamente a él, que puja porque la fórmula se repita en 2019 y para eso necesita al senador debilitado. La tensión en el trío es tal que ya hay temor entre la dirigencia por las consecuencias de esa fractura. Incluso, quienes frecuentan al ex gobernador están gestionando para que antes de fin de año haya una foto entre Manzur, Alperovich y Jaldo que selle la paz, al menos, en lo gestual. La imagen serviría para mantener el orden en los mandos medios, aunque no evitará la disputa de poder que necesariamente se librará hasta que se definan los roles que cada uno ocupará en un par de años.

El regreso de Manzur también puede apurar los cambios en el Gobierno que se inauguraron hace unas semanas en la Sociedad Aguas del Tucumán y en la Caja Popular de Ahorros. Antes de partir, el gobernador dejó redactado el decreto mediante el que se crea el Ministerio de Seguridad, y se le quita esa estructura a la cartera que conduce el monterizo Regino Amado. Quizás estos días fuera del país le sirvieron al mandatario para madurar una idea que venía gestando: la de colocar al ex gendarme Claudio Maley como secretario de Seguridad y a un abogado como ministro. Hay una funcionaria y un legislador -ambos letrados- con chances, pero el que parece haber sacado una luz de ventaja es el ex legislador y actual secretario de Relaciones Institucionales, Bernardo García Hamilton.

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