Julieta Lanteri, la primera mujer en votar en Sudamérica y el país

La inmigrante italiana fue aceptada en el padrón municipal en 1911

27 Nov 2017

La mujer se acercó con paso firme a la mesa de votación presentó su documento, el presidente corroboró su identidad y la habilitó para emitir su sufragio. Al finalizar se veía la satisfacción en su rostro al igual que en la del presidente de mesa, que la felicitó. Esta crónica normal de un día de elecciones ocurrió nada más y nada menos que el 26 de noviembre de 1911. La protagonista fue Julieta Magdalena Lanteri, una inmigrante italiana que había recibido su carta de naturalización ese mismo año y que se convirtió en la primera mujer en Argentina y en Sudamérica en sufragar. El presidente de mesa que se “congratuló” con su voto era el historiador Adolfo Saldías, quien presidia la mesa 1 de la segunda sección electoral de la Capital Federal, en la iglesia San Juan Evangelista del barrio de La Boca. Al tiempo que estrechaba su mano reconoció su “satisfacción por haber firmado la boleta de la primera sufragista sudamericana”.

Para llegar a emitir su voto Lanteri debió hacer una presentación ante la justicia para que sea incorporada al padrón de las elecciones municipales de 1911. Al leer el llamado a elecciones: “los ciudadanos mayores, residentes en la ciudad, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos” se percató que no se hablaba de género. Por ello solicitó su inscripción en el padrón ante la justicia. El juez Claros resolvió a su favor y expresó que “Como juez tengo el deber de declarar que su derecho a la ciudadanía está consagrado por la Constitución y, en consecuencia, que la mujer goza en principio de los mismos derechos políticos que las leyes, que reglamentan su ejercicio, acuerdan a los ciudadanos varones, con las únicas restricciones que, expresamente, determinen dichas leyes, porque ningún habitante está privado de lo que ellas no prohíben”.

La prensa de entonces informó del hecho. Tras ello el Concejo Deliberante sancionó una ordenanza especificando que el padrón se asentaba en el registro del servicio militar. Se excluía a las mujeres. Ella decidió seguir adelante en su lucha por los derechos femeninos, solicitando su enrolamiento. Su pedido llegó hasta el ministerio de Guerra y fue rechazado. En 1919 se convirtió en la primera mujer en ser candidata a una banca en la Cámara de Diputados usando los mismos argumentos de 8 años antes. “La Constitución Nacional emplea la designación genérica de ciudadano sin excluir a las personas de mi sexo, no exigiendo nada más que condiciones de residencia, edad y honorabilidad, dentro de las cuales me encuentro”, otra vez fue aceptado su pedido.

La inmigrante italiana llegó al país con seis años junto a sus padres en 1879. Fue la primera mujer en ser aceptada en el Colegio Nacional de La Plata. Estudió medicina y se convirtió en la quinta mujer en lograr ese título, camino abierto por Cecilia Grierson. Fue la organizadora del Congreso Femenino Internacional en 1910. Conformó el partido Feminista Internacional. Su labor le fue generando enemigos. Su brega por los derechos femeninos siguió aún después del golpe de estado de 1930.

Junto a figuras de la talla de Grierson; Sara Justo, la primera odontóloga argentina; Elvira y Ernestina López, ambas egresadas de Filosofía y Letras; y Elvira Rawson de Dellepiane, segunda médica del país conformó la Asociación de Universitarias Argentinas.

Un extraño accidente, “un vehículo en marcha atrás” la atropelló al subirse a la vereda en pleno centro de Buenos Aires el 23 de febrero de 1932, le puso fin su vida. El hecho generó polémica en la prensa por que en el parte policial fue tachado el nombre del conductor y los datos del vehículo. El conductor era David Klapenbach, miembro de la agrupación de extrema derecha Liga Patriótica Argentina.

Esta mujer, nacida en la localidad de Cuneo, en la región del Piamonte el 22 de marzo de 1873, logró sufragar cuarenta años antes que el voto femenino sea habilitado en 1951, por impulso de Eva perón.

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