“Todos sabían que lo matarían, pero nadie hizo nada para evitarlo”, dijo la esposa del recluso asesinado

Ana Silva contó toda la odisea que vivió para tratar de salvarle la vida a su pareja y por qué lo mataron en la cárcel.

26 Nov 2017
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LA VÍCTIMA. Fernando Sebastián Medina tenía 31 años.

“A él lo mataron porque denunció a los guardiacárceles por vender droga en el penal. Sus dichos sirvieron para que detengan a cuatro, uno de ellos sigue en prisión y los otros tres fueron liberados”, dijo sin dar vueltas a LA GACETA Ana Silva, la pareja de Fernando Sebastián Medina, el recluso asesinado.

- ¿Por qué su pareja se animó a denunciar?

- Porque estaba cansado de que le hicieran la vida imposible. Él estaba por empezar a gozar de salidas transitorias porque había cumplido más de cuatro de los cinco años y medio de condena. Le decían que si no vendía drogas para ellos, le darían vuelta la carpeta para que no salga y esa situación lo terminó aterrorizando. Quería salir cuanto antes.

- ¿Y de ahí qué pasó?

- Consiguió que lo trasladaran en septiembre a la seccional 7° por una cuestión de seguridad. Allí permaneció hasta que sin autorización de nadie lo regresaron al penal. Nos enteramos recién el lunes, cuando nos avisó.

- ¿Cuándo lo volvió a ver?

- El martes, en el día de visita. Ahí me contó que los guardiacárceles los habían molido a golpes camino al penal. Apenas si podía caminar. Tenía todas las piernas con hematomas, la espalda y el pecho. Tampoco podía orinar de los dolores que sufría. Esas lesiones fueron comprobadas en la autopsia. También me dijo que tenía que sacarlo porque sabía que lo matarían y que harían fingir todo como una pelea.

- ¿Qué hizo?

- Con nuestra abogada (Silvia) Furque fuimos a ver al juez de Ejecución de Penas para contarle lo que estaba pasando. Ni siquiera nos atendieron el martes ni el miércoles. Nos decían que era imposible que lo hayan trasladado porque ellos no lo habían autorizado, pero no nos dieron ningún tipo de respuestas.

- ¿Y entonces?

- Volvimos con mi hermana a casa. Eran como las 15.20 cuando él me llamó desde el penal. Me dijo que ya se había enterado que un tal “Machilo” le había entregado un cuchillo a “Pichi” Mendoza para que lo matara por pedido de los guardias. Ahí salí corriendo a tribunales y cuando estábamos llegando, nos avisan que se había producido una pelea. Me quedé helada. Le pedí a mi hermana que fuera al penal para que averigüe qué había pasado, para que pueda conseguir que me escucharan. Como a las 17.30 me llamó ella para contarme que lo habían matado hacía una hora. Me quedé helada, no me podía mover.

- ¿Qué hará ahora?

- Voy a seguir peleando hasta el final por lo que pasó. Y lo haré porque tengo mucha bronca. Todos sabían que lo matarían, pero nadie hizo nada para evitarlo. Eso es lo que más me duele. Él se equivocó, se comió más de cuatro años por el robo de un celular. Por todo lo que vivió en ese infierno me prometió que nunca más lo haría. Por eso no quiso arreglar con los guardiacárceles que le pedían que vendiera droga para ellos. A él lo mataron una semana antes de que empezara a salir a rehacer su vida. Ya tenía todos los papeles. ¡No es justo! Estaba feliz porque volvería con su familia. Hasta le habíamos conseguido un trabajo.

- ¿Cree que lo mandaron a matar?

- Estoy segura. Todo estuvo organizado por los guardias. Lo llevaron sin autorización al penal. En el camino le pegaron muy feo. Y después comenzaron a amenazarlo en la cárcel hasta que lo terminaron matando. Y lo que más me duele es que estaba al tanto de todo y no podía hacer nada. En realidad, no me dejaron hacerlo porque nadie me escuchó. Estuve pidiendo auxilio el martes y miércoles, pero nadie me escuchó.

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