Urge una “historia clínica” del arbolado

25 Nov 2017 Por LA GACETA

La falta de políticas en torno del arbolado urbano es una constante en Tucumán; una omisión no sólo observable en la capital . sino también en otras ciudades de esta provincia cada vez más urbanizada, con el consecuente avance del cemento y del calor creciente como efecto colateral. Una producción publicada en la edición de ayer de LA GACETA muestra que ese vacío incide en al menos dos aspectos de la vida diaria de los tucumanos: 1) ambiental y; 2) de seguridad. Respecto del primer punto, en nuestro diario se ha publicado con insistencia que la falta de espacios verdes genera lo que conocemos como “Islas de calor Urbano”, fenómeno que indica, entre otras variables, aumentos en la temperatura de la superficie. A modo de ejemplo de ese impacto, en la Guía del arbolado urbano de Tucumán, que acaban de reeditar Alfredo Grau y María Alejandra Kortsarz, se grafica cómo la presencia de áboles mitiga las altas temperaturas. Se tomó como ejemplo la calle San Lorenzo (altura 1.100 y 1.200), en un mes de enero. Se midió esas superficies con un termómetro infrarrojo, y se observó que en una calle con arbolado pobre la incidencia de la radiación solar sobre un transeúnte o sobre un vehículo puede ser superior en más de 30°C a aquellas en las que hay superficies sombreadas. En cuanto al segundo aspecto, vale recordar que por lo menos dos personas -un niño y un adulto- murieron en los últimos años en Tucumán aplastados por las ramas de árboles que no eran, ni son, los adecuados para el entramado urbano. Cuando esas tragedias ocurrieron -una en Yerba Buena, otra en la ciudad capital- hubo acciones inmediatas de poda y extracción de las especies que habían estado involucradas en sendos eventos. Pero esa reacción espasmódica llegó tarde, porque hubo que lamentar con víctimas la falta de prevención en materia de planificación del arbolado urbano. Menos dramático es el testimonio de una vecina cuyo automóvil estaba situado en la playa de estacionamiento de una veterinaria ubicada en Mate de Luna al 4.300 y quedó aplastado por un árbol. La damnificada todavía se pregunta quién se hará cargo de pagarle los arreglos de de su vehículo. Esta semana, tanto la titular del Jardín Botánico de la Fundación Miguel Lillo, Ana Levy, como Guillermo Olivera, de la Sociedad Amigos del Arbol, insistieron, en sendos diálogos con LA GACETA, en la necesidad de que se haga un relevamiento de los ejemplares que están en pie. Una suerte de “historia clínica” de cada árbol, según detalló Levy. La profesional del Lillo también destacó la importancia del protagonismo del vecino/ ciudadano en la cuestión. Y no es un aspecto menor, si se atiende a la numerosa cantidad de lectores que -tanto en cartas a nuestro diario como en los posteos que se pueden leer a partir de la producción de ayer- se quejan a viva voz por la falta de respuestas de la Municipalidad capitalina a sus diversos reclamos solicitando la poda o extracción de ejemplares que significan un riesgo latente en sus entornos. Vale señalar, al respecto, que el vecino en estos casos está atado de pies y manos, ya que es la Dirección de Espacios Verdes la responsable de la remoción o reemplazo de un árbol, porque es, en teoría, la que sabe qué ejemplares necesita cada cuadra o zona, en función del ancho de las calles y cuadras, o de las características del tendido eléctrico. Hace un tiempo, el intendente Germán Alfaro dialogó con autoridades de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT para coordinar acciones en pos de un buen arbolado para la ciudad de Tucumán. Sería auspicioso que las buenas intenciones se cristalicen en acciones, por una mejor calidad de vida para los vecinos.

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