Cocina brasileña: las delicias de Noelia curan penas y alegran el alma

25 Nov 2017 Por Florencia Bringas
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RECETA. Los brigadeiros de Noelia se cocinan a fuego medio, con leche condensada, manteca y chocolate en polvo.

¿Cómo describir un dulce que se desarma en la boca, que no relaja y puede comerse uno detrás de otro? Los brigadeiros son una especie de trufa brasileña que tienen como base a la leche condensada, al chocolate y a la manteca. Sí, son suaves a pesar de las calorías que sugieren esos ingredientes. Se comen de norte a sur y de este a oeste del gigantesco país vecino, durante reuniones o festejos familiares, después de la torta y con el café. Mientras los cocina a fuego medio, Noelia Moreira extraña un poquito menos a su hogar. Es que tienen un encanto capaz de cambiar el humor o calmar un dolor de garganta. La comida para esta joven paulista -y para sus compatriotas- es como un remedio: cura penas, reúne familias, alegra el alma.

Los brigadeiros nacieron en Brasil después de la Segunda Guerra Mundial. Hay muchas versiones sobre su creación, pero la más difundida -o la que relata Noelia- es la que sostiene que le sirvieron como estrategia política al brigadeiro (brigadier del ejército brasileño) Eduardo Gomes durante su campaña política para buscar la presidencia del país. Y fue una mujer la que comenzó a hacer estas pequeñas delicias cubiertas de granas de chocolate, con la idea de venderlas y obtener así los fondos para financiar la campaña presidencial. De todas formas, Gomes fue vencido por Eurico Gaspar Dutra.

Noelia mantiene el pelo enrulado y se define de color “café con leche”, porque tiene padre negro y madre blanca. Su alacena está colmada de ingredientes que trajo de su país, ya que muchos de ellos no se consiguen en la provincia o son demasiado caros. Por ejemplo, para hacer los brigadeiros prefiere las granas que compra en Florianópolis. “Las de acá son muy duras; las de allá son de auténtico chocolate”, explica. Atesora leche condensada en cajita, café brasileño, aceite de dendé, farofa (harina condimentada), chorizos ideales para la feijoada, leche de coco, saborizante ajinomoto (es de origen chino) y jugos de sabores que en Tucumán son prácticamente inexistentes.

Dos cambios

El amor la hizo cambiar de rumbo en dos oportunidades y la comida la acompañó para amenizar esos momentos que la arrancaron de su San Pablo natal. Era jovencita, ya mamá de Diego, cuando fue a visitar a su madre en Florianópolis. También quería pasar unos días de playa con amigas y su hermana gemela, Noemia. Haciendo dedo para ir a la costa conoció a un hombre rubio y alto que las acercaría al destino, sin saber que terminarían viviendo juntos como pareja. Los tres años que estuvo con él fueron decisivos para que decidiera quedarse en “Floripá”. “Ahí cambié mi manera de alimentarme. Comencé a comer mucha fruta, porque mi ex era vegetariano, y bastante pescado de mar y camarones”, recuerda Noelia.

Habían pasado pocos meses de su separación cuando conoció por internet a Virgilio, un médico tucumano que la convenció de venir a vivir a una provincia lejana, sin playa, con montañas y con empanadas como bandera alimenticia. El volantazo lo dio por amor: se adaptó fácilmente y después vinieron los hijos, Bernardo y las mellizas Elis y Elena, que nacieron en nuestra provincia pero que hablan perfectamente portugués.

“En casa cocino como si estuviera en Brasil. Ya aprendí a reemplazar los ingredientes que no se consiguen o que se terminan de lo que traigo de mis viajes anuales a Brasil. En esas oportunidades el auto familiar va cargado de regalos para mis seis hermanos, para mi hijo Diego que vive allí, y para mi madre. En el baúl van alfajores, dulce de leche, fernet y vino. A la vuelta traigo esos ingredientes necesarios para que mis recetas salgan tal cual como en Brasil”, detalla Noelia, cuya intensidad y simpatía reflejan muchos menos años de los 47 que marca su documento.

Entonces, en su casa se come como lo haría cualquier familia que vive en San Pablo. Los lunes hay arroz con porotos. Los martes puré o papas fritas (tiene una freidora eléctrica sin aceite) con alguna carne. Bife à rolê es su especialidad; se trata de una carne arrollada y rellena con vegetales, que se cocina en una salsa de tomates. Y los miércoles, la famosa feijoada (“ese día la ofrecen como menú tanto en restaurantes elegantes, como en los de barrio”). Los jueves hay pastas y los viernes arroz con pescado, por ejemplo. Los fines de semana es libre y seguro hay asado, del que Noelia es confesa fanática

¿Qué extraña de Brasil? Su familia, los pescados frescos y la enorme y amplia variedad de frutas, como unas bananas pequeñas y la jabuticaba que crece en la corteza de los árboles. “Nuestros países son vecinos, somos casi hermanos. No entiendo cómo no complementamos más las culturas, sobre todo en lo alimenticio. Se pueden combinar platos típicos fácilmente. Y estaría genial que los argentinos se animen a comer más frutas brasileñas. Porque cuando las traen no tienen salida, entonces ya no las importan más”, reflexiona Noelia.

Enero en la playa, en Florianópolis, la espera. Y su familia seguramente la recibirá con una Skol bien fría (es lo primero que toma al pisar suelo brasileño) y con unos brigadeiros recién hechos, que desparraman su olor a chocolate y le hacen sentir que ha llegado a casa.

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