Un aguinaldo “fantasma”

23 Nov 2017 Por Marcelo Aguaysol

Pensar en el largo plazo es una conducta de cualquier persona que tenga incorporada la cultura del ahorro dentro de su política financiera. Así como el de un país que tiene que gastar menos de lo que lo que le ingresa. Y algo de esto pasa en esta Argentina de reajustes tarifarios. Por un lado, las estadísticas oficiales muestran que los argentinos están más propensos (y con posibilidades ciertas) a endeudarse para adquirir una vivienda, aunque ello implique un juego de frazada corta frente a la realidad cotidiana.

Por caso, si se toma en cuenta el último informe sobre Bancos, difundido por el Banco Central, puede observarse que los préstamos a las familias se expandieron 3,4% o 1,4% real en septiembre respecto de agosto. Se destacó el desempeño de las líneas hipotecarias, que verificaron un incremento mensual de 14,4% (12,3% real). Por su parte, aunque en menor magnitud, los préstamos prendarios y los personales también crecieron en el período, en tanto que las tarjetas de crédito se redujeron. En otras palabras, el consumidor argentino prácticamente agotó su solvencia para financiar compras. Según la entidad monetaria nacional, durante el tercer trimestre del año las líneas hipotecarias fueron las más dinámicas, con un incremento real de 36,8% entre fines de junio y septiembre (casi 90% interanual real). Así, el número de deudores hipotecarios ha venido creciendo de forma sostenida en los últimos meses: entre julio y septiembre se incorporaron al sistema financiero más de 19.000 casos, acumulando 34.000 en lo que va del año, dice el reporte.

Esa es una foto de la realidad. Sin embargo, hacia el último trimestre del año se agregaron algunas nuevas “obligaciones” para la economía hogareña, por efecto del gradualismo. El reajuste de las tarifas de los servicios públicos privatizados hará, por ejemplo, que el aguinaldo sea un verdadero fantasma para el bolsillo del asalariado. Durante el último mes del año, la tarifa del gas subirá un 58% y la de la electricidad, en promedio, un 25%. ¿Un premio para los ahorristas? El Ministerio de Energía de la Nación subió la vara y todo aquel usuario que ahorre electricidad un 30% o más podrá acceder a una bonificación del 10% en el precio de la tarifa. Con temperaturas en ascenso, la premisa es casi imposible de lograr. A su vez, la boleta del agua viene con incrementos que casi duplican a lo que se pagaba en igual período del año anterior. Y la nueva conducción de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT) ya anticipó que habrá otro retoque, sin revelar aún el porcentaje.

En materia de impuestos, el aguinaldo tampoco se salva. Ganancias sigue siendo una mochila bastante pesada, tanto que aquellos que recibieron un aumento no lo puedan gozar. Sencillamente porque el cambio de categoría les significó una mayor carga fiscal, tan alta que hasta llegó a devorarse la mejora. Párrafo aparte al impacto de las reformas en los impuestos patrimoniales. Es posible que las provincias se vean obligadas a “ensayar” una actualización del valor fiscal de las propiedades para tratar de compensar, en parte, lo que el Gobierno nacional aspira a alcanzar: la reducción paulatina de Ingresos Brutos. Si se cumple la premisa de todos los años, el impuesto Inmobiliario puede llegar a reajustarse entre un 25% y un 35% por efecto de la actualización de los valores catastrales. Tampoco hay que perder de vista lo que sucederá con el impuesto al Automotor y el cálculo de las valuaciones de los rodados. Eso sin tomar en cuenta que, en lo que va del año, el precio de las naftas ya trepa un 30%, con todo el impacto que ello implica para el resto de los precios de la economía. Generalmente, todo mayor costo termina trasladándose al consumidor.

El importe de los reajustes de los precios de la economía terminan el año a otro ritmo que la mejora de los salarios, por más que la inflación cierre en torno del 22%. El aguinaldo siempre fue considerado como una suerte de salvavidas para las finanzas familiares. Sin embargo, en los tiempos actuales, no es más que un parche que permite no quedarse atrás en el pago de las obligaciones y, lo que es peor, endeudarse a tasas elevadas. Cada vez son menos los argentinos que “atesoran” un 30% del aguinaldo como ahorro. Diciembre, entonces, no será la excepción a la regla, a juzgar por tantos reajustes en los precios.

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