Viajeros confundidos en el aeropuerto

Los veedores aterrizan con poca visibilidad de las causas dudosas que les ordenó la Nación revisar. Cuando Cristina descienda en el Benjamín Matienzo, Manzur ya habrá decolado a otras tierras. Sobrevuelo del pulpo.

19 Nov 2017 Por Federico Diego van Mameren
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El Poder Ejecutivo de la Nación se ríe de los tucumanos. Es indudable que el Poder Judicial necesita un llamado de atención serio. Hay causas que duermen el sueño de los justos. Hay investigaciones que caminan más lerdas que los elefantes. Hay graves incapacidades de fiscales y jueces. Cuando aparecen involucrados con poder político a la Justicia le tiembla el pulso. Tanto que hace sospechosos a quienes podrían no serlo. Entonces la política termina siendo la basurita que se le mete en los ojos a la señora de los ojos vendados y ella termina quitándose las vendas de la imparcialidad.

En Tribunales, la cuestión del Instituto de la Vivienda no logra avanzar como para dilucidar definitivamente si las irregularidades, las posibles ventas de casas, las ayudas a algunas empresas son cosas ciertas o simples mentiras de la prensa. Menos aún analizar si los funcionarios se enriquecieron. Seguramente cuando se pueda llegar a la verdad -cualquiera fuera- ya será tarde. La causa “Teves” es otra mancha más que en vez de limpiarla llevándola a juicio termina expandiéndose como una mancha de aceite que ensucia a todos por igual en el foro tucumano. Las denuncias que se hicieron por la línea 11 hacen dar vergüenza del Poder Judicial. Hay jueces que demoran allanamientos que piden fiscales. Ni hablar de la causa por la muerte de Paulina Lebbos que, en vez de poner luz sobre ella, puso oscuridad. En todos estos vericuetos se ven incómodos desde el presidente de la Corte saliente, Antonio Gandur, hasta el ministro fiscal Edmundo Jiménez, pasando por fiscales y magistrados.

La senadora nacional Silvia Elías de Pérez (Cambiemos) hace varios meses le había pedido al ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano, que hiciera algo para ayudar a que la Justicia de Tucumán cambiara. No le llevaron el apunte. Este viernes llegó la tardía noticia de que Garavano designó veedores para analizar qué pasa con 33 causas que se tramitan de forma dudosa en el palacio de Tribunales de Tucumán. Garavano parece tener más lentitud que la paquidérmica Justicia provincial.

El Ministro de Justicia de la Nación no sólo se les rió a Elías de Pérez y a José Cano, quien también había sumado su queja en cierta oportunidad; también se les rió a los tucumanos que hubieran esperado una ayuda para calzarle las vendas correctamente a nuestra Justicia. En su decisión nombró veedores a Juan Roberto Robles y a Ana Colombres Garmendia. El primero tiene una clara militancia política, además de intervenir en una (tal vez la más emblemática, “Teves”) de las 33 causas. Además, recientemente fue denunciado por cobrar en la Facultad de Derecho por dictar clases que no dictaba. Colombres Garmendia, en tanto, es funcionaria de Cambiemos en la provincia. Robles, principalmente, y Colombres Garmendia no podrán ver los ex pendientes. Garavano nombró no veedores. Por ver la basurita en el ojo ajeno, Garavano no vio la viga en el propio. Tanto uno como la otra serán impugnados para cumplir con una tarea que parecía necesaria y fundamental.

Aún cuando la Nación no fue cuidadosa al designar a los veedores, esta movida le desacomoda el tablero que tenía estudiado el flamante presidente de la Corte tucumana, Daniel Posse.

Susto en el Palacio

Cuando en el Poder Ejecutivo de la provincia recibieron la noticia de la designación de veedores, se espantaron más que Macri en helicóptero. En los despachos del primer piso de la Casa de Gobierno hablaron de una declaración de guerra del Gobierno nacional. Si hubiera inocencia en muchas de las cuestiones que se dirimen en la Justicia provincial, nadie debería incomodarse en el Ejecutivo o entre los funcionarios que administraron en el poder en los últimos 12 años. Acostumbrados a manejar desde la política a la Justicia, muchos funcionarios actuales y viejos consideran que a la “señora de los ojos vendados” se la tiene cortita desde la política. Las palabras equidad, transparencia y justicia no aparecen el diccionario básico tucumano.

Nudos parentales

Las ataduras de la Justicia son más complicadas que las de los otros dos poderes del Estado. Los nudos están hechos con parientes. Suele criticarse el manejo de los legisladores que designan parientes, ahijados y cuanto entenado encuentran. Sin embargo, en la Justicia pareciera que les llevan ventaja. El problema mayor es que pone en riesgo la transparencia del ejercicio de Justicia y de la toma de decisiones. Precisamente, sobre este tema tuvieron un verdadero enfrentamiento verbal que derivó en un escrito interno entre los vocales de Cámara Enrique Pedicone y Liliana Vitar, a quien el magistrado le preguntó si iba a poder mantener su imparcialidad al estar designado en el Ministerio Público un familiar directo. Este pequeño escándalo que se dio ante relatores y empleados judiciales patentiza lo que es una práctica secreta en muchos juzgados o fiscalías. Tantos escondrijos y vericuetos derivan en incidentes que se ventilan en los expedientes y a veces inciden en las sentencias. Este tipo de obstáculos se debe haber querido transformar con la designación de veedores que hizo Garavano, pero terminó riéndose de los tucumanos. Cambió para no cambiar.

Se perdió en la escribanía

La actitud de la Nación con esta designación es como jugar a hacerse los sorprendidos. Casi una hipocresía. Es como si Osvaldo Jaldo se sintiera gratamente sorprendido porque el pueblo peronista le pide que no sea diputado nacional y se quede como vicegobernador. El lector desprevenido debería solidarizarse con el pobre vicegobernador al que el pueblo lo ha puesto en esta difícil encrucijada sin que él pudiera hacer nada. Pensar que Jaldo amenazó con ir a una escribanía para que le crean que iba a asumir como diputado nacional. Ahora, por culpa de este clamor que lo arrastra y lo contiene, corre el riesgo de no poder llegar al Congreso. Cuán dificultoso parece ser un político exitoso. Patrañas.

En el peronismo -ni en la dirigencia ni entre los punteros ni entre los aplaudidores- les importa esta suerte de engaño. Por el contrario, el mismísimo gobernador aplaude este estado de crispación y desesperación en el que ha entrado todo el peronismo porque Jaldo se sentaría en una banca de diputado que él pidió al pueblo que le diera. Todos miran para otro lado, como ocurre con los que fueron al acto de entrega de diplomas de los diputados nacionales electos. Ese día, en la calle, se agarraron a las trompadas, hubo roturas de autos y a nadie le importó. Ni a las autoridades de la Justicia Federal, ni a los dirigentes de Cambiemos, ni a los Justicialistas. A nadie. Bueno, sólo a un ciudadano que le dañaron el auto y que necesita la denuncia sólo para que el seguro le reconozca el daño. Pero sólo eso porque no quiere meterse en problemas. El daño lo sufrieron las instituciones, la política, la convivencia, pero a nadie le preocupa, aún cuando las cámaras de seguridad saben la verdad de lo que pasó.

Chicotazo de pulpo

Como ágil titiritero de este momento de bullicio dentro de la política oficialista tucumana, José Alperovich atizó el fervor kirchnerismo. Mañana recibirá con los brazos abiertos a Cristina Fernández de Kirchner. Hoy no sobran los dirigentes dispuestos al abrazo con Cristina. Al contrario, se alejan. El vicegobernador tomó distancia, el gobernador dijo que la senadora electa es el pasado. En medio de tanta contradicción la que le tiende la alfombra es la esposa de Alperovich, Beatriz Rojkés, quien al mismo tiempo es presidenta del peronismo, partido del que Cristina ya se fue. En el momento menos pensado desciende la ex presidenta en estas tierras, y ha creado un verdadero revuelo y una gran confusión. El mismísimo ex gobernador Julio Miranda anduvo diciendo (en el programa radial Café Prensa) que Cristina no es peronista. Cabe recordar que este “pulpo” peronista fue quien terminó catapultando al máximo poder a Alperovich y hoy reconoce esa acción como un error.

La ex Presidenta intenta darse algún baño de popularidad y reconocimiento para contrarrestar sus visitas a diferentes fiscales por casos de corrupción. Mientras esa es su preocupación, en la provincia va a dejar una nueva grieta en el trípode más poderoso de la provincia.

Aprendizaje

Entre las huestes de Cambiemos no se habla de otra cosa que del cambio. Pero del cambio de candidatos para 2019. Macri alguna vez dijo que el postulante iba a ser Cano. Pero la aparición de Alfonso Prat Gay, aun con problemas constitucionales de residencia, pone nerviosos a los tucumanos. En el radicalismo Silvia Elías de Pérez orejea las cartas para saber si ella puede inscribirse en esa carrera. Todos radicales. El Pro sigue brillando por su ausencia y por su desorden. Ahí también se profundiza la grieta. Hay hombres Pro que están seguros de que la presencia del peronismo no les sumó ni un voto más. Son dirigentes que reniegan de las mañas del PJ, pero van a aprendiendo de él. Por eso declaran seguros de que van a dar peleas internas dentro de Cambiemos, pero que a la hora de la definición de candidaturas apoyarán al candidato que esté mejor posicionado.

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