Manzur contra Cristina, ¿o contra Alperovich?

19 Nov 2017 Por Juan Manuel Asis
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Ni tiempo para festejar el empate con Macri por el Pacto Fiscal le dio Cristina: sorpresivamente le apareció en la cancha, desafiándolo a transitar el incómodo camino de la toma de decisiones que destruyen y configuran nuevas relaciones políticas. Con el primero, Manzur desaceleró la tensión de los desencuentros por el año electoral; mientras que a causa de la visita de la ex presidenta deberá adelantar un partido que se preveía más cerca del Mundial de Rusia. La presencia de Cristina en Tucumán obligará a Manzur a redefinir su relación política con Alperovich -su mentor y antecesor- y resolver qué hacer con el PJ local, porque su conducción no parece estar en sintonía con el discurso del peronismo disidente nacional. La pregunta es si se animará a dar pasos en esa línea. Las circunstancias parece que determinarán sus acciones.

Lo seguro es que la movida de la presidenta del PJ, Beatriz Rojkés, de traer a la ex jefa de Estado a Tucumán le cayó a Manzur como una trompada a la mandíbula. Lo que menos podía esperar a 48 horas de haber repetido públicamente que Cristina ya fue o que ya cumplió su ciclo, es que la ex senadora organizara casi secretamente la visita a la provincia de la persona a la que precisamente ninguneó. Esta sorpresiva presencia alterará la vida del peronismo tucumano, que tendrá un antes y un después, tras el paso de la patagónica por estas tierras. Porque lo que para algunos puede ser una falta de “timing” de la esposa del senador, para otros no es más que una imprudencia política. Es un guante arrojado a la cara en un evidente gesto de desautorización de los dichos de Manzur; además de dejarlo mal parado frente a Cambiemos, justo después de firmar un acuerdo con la Nación. La acción puede hacer frotar las manos a algunos macristas. “Parece planeado por Durán Barba”, ironizó un funcionario del Ejecutivo.

Hasta los pares peronistas del titular del PE pueden dudar y sospechar de un doble discurso de Manzur: se alía a aquellos que reniegan de la ex presidenta, pero le abre las puertas de la provincia para que la aplauda. ¿Está o no afuera del círculo kirchnerista?, ¿maneja o no al peronismo tucumano? Si el gobernador venía tratando de alejar el fantasma cristinista para iniciar una nueva etapa en el PJ nacional, esta aparición “K” lo descoloca de plano. Pero más que nada lo desafía, porque detrás de la acción estaría -se sospecha- la mano y la venia de Alperovich. Se arguye malestar por las actitudes de librepensador del gobernador al designar “apóstoles” propios, ya que vería peligrar su permanencia en el trípode de poder oficialista que integra junto con el jefe provincial y con Jaldo.

Cortocircuito

La apuesta de Manzur al elegir a Cortalezzi para presidir el Concejo Deliberante capitalino habría sido el detonante del cortocircuito que puede animar y reavivar la vida interna del justicialismo tucumano. La movida de piezas habría desconcertado a Alperovich, más aún luego de que trascendiera en un círculo reducido el rechazo de Manzur a las presiones del Ministerio del Interior para que no avanzara sobre el CD. “Tenemos los números, es el juego de la democracia”, habría sostenido el gobernador para no ceder a las pretensiones nacionales. Doble mensaje, hacia afuera y hacia dentro. A soportar las consecuencias internas y externas. Nada es gratis; se está viendo.

Antes de viajar a los Estados Unidos, Manzur hizo ajustes leves en el gabinete: designó a gente de su mayor confianza -como Baratelli en la SAT- y reafirmó la buena relación que mantiene con dirigentes sindicales bancarios. Jaldo sonríe en medio del juego de definiciones y de reacomodamiento; se puede sentir más segundo que tercero en la configuración de poder tripartito. Se va acomodando por reacciones de otros. Su relación con Manzur gana en solidez. Se evidenció el viernes en Banda del Río Salí, en el Día de la Militancia: la consigna de la movilización subrayó que la conducción en el justicialismo pasa por la dupla Manzur-Jaldo, y en ese estricto orden. Sin terceros en discordia. Quien quiera oír, que oiga, dirían los compañeros.

La presencia de Cristina en Tucumán viene a desafiar esa consigna, viene a alterar la tranquilidad en el oficialismo, a generar inestabilidades y zozobras, a sembrar dudas sobre quién está con quién en el Gobierno y a instar tácitamente que hasta lo renuentes fijen posición y se encolumnen detrás de un dirigente. En ese sentido, Manzur bajó una señal clara a los peronistas que profesan el verticalismo cuando señaló que el ciclo de la senadora electa ya pasó. Dijo “por ahí no”, menos con quien despreció la sigla del PJ para ser candidata por otro partido. Y si la presidenta del PJ tucumano la trae, la grieta en el peronismo será más evidente. La consecuencia no puede ser otra que alineaciones no previstas: manzuristas versus cristinistas, o rojkesistasalperovichistas.

Si el gobernador dijo que Cristina ya fue y si Alperovich renegó del kirchnerismo, no se entiende cómo la presidenta del PJ va a contramano de esas definiciones políticas, que son claras para muchos. O hay lealtades personales más allá de las definiciones políticas o existen estrategias destinadas a horadar el poder constituido detrás de los movimientos. En las primeras se puede ubicar a la conductora del PJ tucumano. Lo seguro es que ya no se podrán mantener las diferencias a las sombras, se están poniendo en evidencia. Los peronistas que deberán decidirse por uno u otro espacio.

Por de pronto, con la excusa de que ella no pertenece al PJ, dirigentes y funcionarios del Gobierno le darán la espalda a la convocatoria de Rojkés. Habrá “esposas de” que asistirán al encuentro de mujeres del NOA, pero también habrá “esposas de” que seguirán los consejos de sus maridos y preferirán juntarse a tomar el té en otro lado. Estos estarán enviando un mensaje a Alperovich: estamos con Manzur. Por convicción, por resignación o por el peso de las circunstancias se producirán realineamientos que concluirán en la disputa por la conducción del oficialismo, peronismo incluido.

Mañana, en El Cadillal, cada lado estará con su libretita de presentes y de ausentes, mirando de reojo, acusando y sopesando consecuencias. Anotarán con quiénes podrán contar y con quiénes no en una eventual disputa de espacios. En la jerga peronista se estaría hablando de leales y de traidores -a unos u a otros- cuando, por motivo de la visita de la ex jefa de Estado, cada lado estará sopesando las fortalezas y las debilidades propias y ajenas. Jugarán para minar al adversario por pragmatismo, ideología o conveniencia. Está sucediendo. En el manzurismo-jaldista, sin necesidad de que haya una bajada de línea explícita, ya se sabe quiénes son los que no asistirán y los que operarán para el ausentismo.

Así, por venir a “mojarle la oreja” a quien la ninguneó frente “a un periodista de Magnetto”, Cristina apurará indirectamente el tiempo de las definiciones en el oficialismo provincial. De un lado puso a Rojkés y a su esposo, y del otro a Manzur. En el medio quedaron el peronismo y el PJ. Habrá que seguir con atención el desenlace del capítulo “los efectos del paso de Cristina por Tucumán”. También Alperovich tendrá que blanquear sus intenciones: deberá decir qué quiere hacer y qué papel va a jugar en el Senado; y al lado de quién, ¿de Pichetto o de Cristina? El tiempo de las definiciones está a la vuelta de la esquina.

Si bien el PJ local debe renovar sus autoridades en 2019, la disputa por la conducción se instaló impensadamente por la invitación de la ex senadora a su amiga ex presidenta. No es menor resolver si el justicialismo tucumano es cristinista o no lo es. Como tampoco es menor que Manzur y sus pares peronistas quieran sacudirse el mote de K y que aquí, donde gobierna, su partido le enrostre que está en la vereda de la ex presidenta. La ecuación no cierra. El diputado nacional José Orellana pidió el alejamiento del partido de su titular. “Ojalá tome la misma decisión (de Cristina) de irse del PJ”, deslizó a esta columna el “mellizo”, para quien no hay dudas de que la presencia de la ex presidenta es una contraofensiva alperovichista contra Manzur. El famaillense ya ve correr sangre en el peronismo. Entre los suyos alguien deslizó: “esta es una declaración de guerra”. La crisis interna estalló, los paños fríos ya no servirán.

¿Puede repercutir en lo inmediato en el PJ esta crisis política? El consejo provincial del PJ está integrado por Rojkés, Manzur, Jaldo, Amado y Yedlin en los primeros cinco puestos, y luego vienen Juri, Ruiz Olivares, Cortalezzi, Roque Alvarez, Beatriz Mirkin y Daniel Toledo, entre otros. El consejo ya excluyó a José López del cuerpo, el utrakirchnerista de los bolsos con millones de dólares. Algunos reducen la pelea a los que van a militar en las cárceles con los corruptos o los que festejan la militancia en un mitin peronista. En fin, la visita de Cristina dejará su estela y conmoverá al peronismo, pero no por su condición de ex presidenta, de senadora electa o de líder de un sector del kirchnerismo sino porque agrietará lo que hasta ahora funcionaba en conjunto, garantizando la gobernabilidad y la unidad del justicialismo en la provincia.

Compensando

Y si Cristina descompensa, Macri compensa. Precisamente, Manzur y el resto de sus pares usaron el concepto de “compensación” para justificar el acuerdo con el Gobierno nacional, un arreglo que igualaría las eventuales pérdidas con las supuestas ventajas. Se garantizaría un equilibrio financiero que llevaría cierta tranquilidad a la gestión provincial.

Las primeras palabras que formuló el mandatario entre sus colaboradores para referirse a las negociaciones con los funcionarios nacionales se redujeron a “fue duro” y “presionaron”. Confió que los gobernadores también hicieron lo suyo, pero que el convencimiento sobre que eran más los efectos favorables terminó de darle forma a un acuerdo que muchos calificaron de histórico. Máxime si se tiene en cuenta que el último pacto de este tipo ocurrió allá por los noventa. No salió disconforme con el resultado final, aunque aún quedan pendientes para Tucumán el tratamiento de la suba de los impuestos a las bebidas azucaradas y la merma en el precio del bioetanol. Celebró como un gol de último momento -como lo habría deslizado el santafesino Lifschitz- que hayan obtenido a último momento un bono para las provincias -Tucumán recibiría $ 5.000 millones el año próximo y $ 12.000 millones a partir de 2019 durante 10 años-, precisamente para compensar futuros desfasajes. Ventajas económicas de un acuerdo político. ¿Y los beneficios políticos del pacto fiscal? Hay que esperar las señales del Gobierno nacional; advierten en el Ejecutivo.

En ese marco, Manzur habría mantenido charlas con Frigerio para que finalmente todos terminaran estrechándose las manos. No habría tenido un papel secundario o de bajo perfil en las tratativas, habría actuado en representación de las provincias gestionadas por peronistas. Un alivio adicional para las provincias fue el desistimiento de María Eugenia Vidal al planteo judicial por el Fondo del Conurbano, cuyo trámite judicial venía perfilándose en contra de los intereses de los gobernadores. De hecho, algunos de ellos deslizaron que ya estaban los votos favorables a la pretensión de la bonaerense de parte de Lorenzetti, de Maqueda y de Rosenkrantz.

Finalmente será la Nación la que aporte esos recursos a Buenos Aires. Si hay un ganador en todo este proceso es Vidal, que recibirá $ 40.000 millones en 2018 y $ 65.000 millones en 2019. Con esos recursos, si los coparticipa para obras -como le están reclamando los intendentes peronistas más despiertos- y hace una buena gestión, tendría la reelección asegurada. La pregunta a hacerse en función de los acuerdos institucionales en el plano nacional y de los disensos políticos internos, es si Manzur buscará otros cuatro años al frente del PE y con quién secundándolo. Cristina puede influir y acelerar esa determinación.

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