Teatro tucumano: Un hombre sedentario al que le crece una civilización en la espalda

Gabriel Carreras y Sergio Domínguez estrenan “La micro superpoblación de Antón”, de Martín Giner.

19 Nov 2017
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DESAFÍO. Sergio Domínguez lleva un mundo y Gabriel Carreras lo atiende, en la nueva obra de Martín Giner. Calavera Teatro.-

DEBUTAN HOY

• A las 21 en El Árbol de Galeano (Virgen de La Merced 435).

Hasta ahora, se sabía que los trabajos sedentarios generaban condiciones propicias para el desarrollo de distintas enfermedades. Martín Giner le agrega otra derivación: son causantes de que salga un pueblo entero en la espalda. Esta noche, el dramaturgo y director estrenará su nueva obra, “La micro superpoblación de Antón”, en El Árbol de Galeano, con las actuaciones de Gabriel Carreras y de Sergio Domínguez, quien padece el extraño fenómeno de ser el portador involuntario de esa ciudad. En la producción están Paola Ortiz y Brahim Carrillo.

“Estaba esperando que me suceda algo como esta propuesta. Es un desafío cargado de mucho deseo mío en este papel, pero rodeado de gente muy capaz, intensa y comprometida que me da mucha libertad”, le explica Domínguez a LA GACETA.

- ¿Cuál es la historia?

- El nombre Antón se relaciona con la canción del Antón Pirulero, y el que cada uno atienda su juego. Ese es uno de los motores de la historia. Él trabaja desde su casa, es un ser apático, indolente e insensible, que usa su tiempo para ver la televisión sentado en su sillón. Un día descubre una verruga en su espalda, que es una mutación de donde crece una civilización de tamaño grotesco. Se da cuenta muy tarde y cuando le empieza a picar la garganta va a que lo trate el personaje de Carreras. Ahí empieza a pensar cómo es el mundo y cómo la sociedad lo ve a él, con una mirada cargada y como víctima de un rechazo.

- ¿Qué estética tiene tu Antón?

- Desde hace tiempo vengo trabajando en la técnica del clown, y este personaje la rescata sin nariz roja. Llevo al extremo esta estética en la estructura fragmentada de la obra, que está montada en pequeños bloques dinámicos, que rompe la cuarta pared y le habla directo al público. No es un relato lineal, lo llevó a Giner a romper el esquema clásico y se pone a prueba; asume riesgos interesantes en una estructura no realista. Hay mucha poesía al pasar de una situación a otra, con cambios reales en la situación.

- ¿Todos cargamos con un mundo en nuestras espaldas?

- Creo que esa va a ser una de las grandes y profundas lecturas del público. La gente está muy aferrada a una ficción, a algo virtual que cada uno crea, le da vida y lo hace carne, aunque no exista. Pensar cuántas cosas carga uno como sujeto social. Pero también confío en que habrá muchas otras lecturas en los laberintos del texto.

- Aún están disfrutando del éxito de “Un tonto en una caja”, y estrenan algo distinto. ¿Desde cuándo viene este proyecto?

- Martín venía escribiendo este texto desde el año pasado, pero le rondaba de antes, aunque tiene una actualidad que hace que parezca que lo hizo la semana pasada. Es un desafío interesante, con responsabilidades muy bien distribuidas y parejas entre los que estamos en escena y los de abajo del escenario, que es bastante pesado. Hay un planteo artístico importante, hecho a mucho pulmón y con amor.

- ¿Qué implica “La micro...” en el universo Giner?

- Esta obra llega para cambiar la manera en que venimos trabajando con Martín. La vamos a llevar a España el año que viene, con funciones ya confirmadas, porque él ya vino trabajando en Europa. El objetivo es formar un grupo fijo con Jorge García en Calavera Teatro para estrenar nuevos textos, a partir de la excelente experiencia que tuvimos entre todos con “Un tonto...”, un resultado palpable que queremos repetir. Entendemos que la labor grupal tiene que ser mucho más minuciosa y cuidada, con una planificación a futuro.


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