Carta al parque 9 de Julio

17 Nov 2017

Carta al 
parque 9 de Julio
============02 TEX con Capitular (11951924)============
Estimado parque 9 de Julio: vayan estas líneas a modo de disculpas públicas por tanto manoseo, tanto maltrato, tantos años de descuido coronados, por estas horas, con una disputa que a la ciudadanía no le mueve el amperímetro. Como si al gobernador y al intendente no les faltaran argumentos para mantener una pelea full time que a la sociedad lo único que le provoca es vergüenza ajena, ahora se les ocurrió meterte en el medio. Perdón, entonces, por esta discusión que corre el eje sobre lo que realmente importa: tu salud. El tironeo sobre quién administra tus recursos -la Provincia o el municipio- se parece a esas internas familiares por el cuidado del abuelo: en el fondo no interesa cómo puede sentirse él, sino contar con el poder para cobrarle la jubilación.
Perdón, querido parque, por la desaprensión de quienes te visitan y dejan montañas de basura por todas partes. Carlos Thays, el visionario que te diseñó, jamás hubiera sospechado que algún día serías blanco del vandalismo y de la mala educación de infinidad de tucumanos. Al paso que vamos, habrá que recubrir estatuas, bebederos, mobiliario y cartelería con estructuras de blindex.
Perdón por haberte mutilado de manera sistemática, por haberte robado el verde. La mayoría cree que el límite sur de tu superficie es la avenida Benjamín Aráoz, y que de allí en adelante es tierra de nadie. Lo que se hizo, en realidad, fue recortarte sin demasiadas explicaciones ni contemplaciones. Y al menor descuido seguirá sucediendo.
Perdón por tanta edificación cuando casi la totalidad de tu cuerpo debería ser pura naturaleza. Se entiende que ya cumpliste 100 años y que los paradigmas fueron cambiando, que la construcción se desarrolló como un goteo a lo largo de décadas y que, seguramente, no hubo premeditación. Pero a seguro lo llevaron preso y somos conscientes de que hay demasiado cemento del que deberías deshacerte. Sí, perdón por haberte cargado a lo largo de décadas con bares, clubes, un centro universitario, un autódromo, tribunas, un estadio que de palacio de los deportes no tiene nada, atracciones mecánicas, edificios del gobierno, un camping y mucho, pero mucho asfalto. En todos los parques del mundo la relación verde/hormigón es cuidada y proporcional. No es tu caso.
Perdón por no ayudarte a disfrutar de un espejo de aguas cristalinas. Damos fe de que lo limpiaron, lo drenaron, le pusieron patos, lo llenaron de pescaditos, lo dotaron de botes y de carritos a pedal, colocaron mil carteles rogando que lo cuiden... y nada. Ensuciar el lago San Miguel es una de las actividades favoritas de generaciones de tucumanos. En algún momento, tal vez en un futuro no tan lejano, procederán a vaciarlo, tapizar la zona de adoquines y a otra cosa.
Perdón por tanta contaminación visual y auditiva, porque no sólo con residuos sólidos y líquidos se construye la polución. No pretendemos que seas una réplica de Hyde Park, pero nos conformaríamos con un poco más de respeto. ¿Bajar el volumen de la música es mucho pedir cuando hay miles de familias intentando desenchufarse a la vez en una tarde de domingo?
Perdón por los que te invaden para robar, para vender o consumir drogas; en fin, para violar la ley. En el caso del parque, la ley de Murphy no falla: la vigilancia se nota en el lugar y en el momento equivocados.
Perdón en nombre de los que te quieren, te cuidan y te miman. De los laburantes que cortan el pasto, arreglan los canteros, podan los árboles, pintan, hermosean, y al día siguiente descubren que ese trabajo fue en vano porque alguien hizo de las suyas con absoluta impunidad. Perdón en nombre de los que mejoran su calidad de vida gracias a vos: los entusiastas de la actividad física, los que se sientan al sol -o a la sombra- con un libro o una buena lista de reproducción, los que pasean, los que descansan, los que se conectan con la familia y los amigos en la escenografía que regala tu belleza. Los que respiran.
Perdón, en resumidas cuentas, porque nos falta preguntarnos ¿qué vamos a hacer con el parque 9 de Julio?, y obrar en consecuencia. En cambio, te tratamos a los ponchazos. Te acostumbraste a la emergencia permanente, a los parches, al voluntarismo. Sí, deberías ser el jardín del jardín, la joya de la corona. Para eso naciste. Te transformamos en un híbrido, en una especie de Frankenstein al que vamos remendando como y cuando se puede. Pero como nunca es suficiente, ahora te colocan bajo el spot de un cacheteo político de escaso vuelo. Sinceramente, no sabemos cómo hacés para seguir aguantando.

Estimado parque 9 de Julio: vayan estas líneas a modo de disculpas públicas por tanto manoseo, tanto maltrato, tantos años de descuido coronados, por estas horas, con una disputa que a la ciudadanía no le mueve el amperímetro. Como si al gobernador y al intendente no les faltaran argumentos para mantener una pelea full time que a la sociedad lo único que le provoca es vergüenza ajena, ahora se les ocurrió meterte en el medio. Perdón, entonces, por esta discusión que corre el eje sobre lo que realmente importa: tu salud. El tironeo sobre quién administra tus recursos -la Provincia o el municipio- se parece a esas internas familiares por el cuidado del abuelo: en el fondo no interesa cómo puede sentirse él, sino contar con el poder para cobrarle la jubilación.

Perdón, querido parque, por la desaprensión de quienes te visitan y dejan montañas de basura por todas partes. Carlos Thays, el visionario que te diseñó, jamás hubiera sospechado que algún día serías blanco del vandalismo y de la mala educación de infinidad de tucumanos. Al paso que vamos, habrá que recubrir estatuas, bebederos, mobiliario y cartelería con estructuras de blindex.
Perdón por haberte mutilado de manera sistemática, por haberte robado el verde. La mayoría cree que el límite sur de tu superficie es la avenida Benjamín Aráoz, y que de allí en adelante es tierra de nadie. Lo que se hizo, en realidad, fue recortarte sin demasiadas explicaciones ni contemplaciones. Y al menor descuido seguirá sucediendo.

Perdón por tanta edificación cuando casi la totalidad de tu cuerpo debería ser pura naturaleza. Se entiende que ya cumpliste 100 años y que los paradigmas fueron cambiando, que la construcción se desarrolló como un goteo a lo largo de décadas y que, seguramente, no hubo premeditación. Pero a seguro lo llevaron preso y somos conscientes de que hay demasiado cemento del que deberías deshacerte. Sí, perdón por haberte cargado a lo largo de décadas con bares, clubes, un centro universitario, un autódromo, tribunas, un estadio que de palacio de los deportes no tiene nada, atracciones mecánicas, edificios del gobierno, un camping y mucho, pero mucho asfalto. En todos los parques del mundo la relación verde/hormigón es cuidada y proporcional. No es tu caso.

Perdón por no ayudarte a disfrutar de un espejo de aguas cristalinas. Damos fe de que lo limpiaron, lo drenaron, le pusieron patos, lo llenaron de pescaditos, lo dotaron de botes y de carritos a pedal, colocaron mil carteles rogando que lo cuiden... y nada. Ensuciar el lago San Miguel es una de las actividades favoritas de generaciones de tucumanos. En algún momento, tal vez en un futuro no tan lejano, procederán a vaciarlo, tapizar la zona de adoquines y a otra cosa.

Perdón por tanta contaminación visual y auditiva, porque no sólo con residuos sólidos y líquidos se construye la polución. No pretendemos que seas una réplica de Hyde Park, pero nos conformaríamos con un poco más de respeto. ¿Bajar el volumen de la música es mucho pedir cuando hay miles de familias intentando desenchufarse a la vez en una tarde de domingo?

Perdón por los que te invaden para robar, para vender o consumir drogas; en fin, para violar la ley. En el caso del parque, la ley de Murphy no falla: la vigilancia se nota en el lugar y en el momento equivocados.
Perdón en nombre de los que te quieren, te cuidan y te miman. De los laburantes que cortan el pasto, arreglan los canteros, podan los árboles, pintan, hermosean, y al día siguiente descubren que ese trabajo fue en vano porque alguien hizo de las suyas con absoluta impunidad. Perdón en nombre de los que mejoran su calidad de vida gracias a vos: los entusiastas de la actividad física, los que se sientan al sol -o a la sombra- con un libro o una buena lista de reproducción, los que pasean, los que descansan, los que se conectan con la familia y los amigos en la escenografía que regala tu belleza. Los que respiran.

Perdón, en resumidas cuentas, porque nos falta preguntarnos ¿qué vamos a hacer con el parque 9 de Julio?, y obrar en consecuencia. En cambio, te tratamos a los ponchazos. Te acostumbraste a la emergencia permanente, a los parches, al voluntarismo. Sí, deberías ser el jardín del jardín, la joya de la corona. Para eso naciste. Te transformamos en un híbrido, en una especie de Frankenstein al que vamos remendando como y cuando se puede. Pero como nunca es suficiente, ahora te colocan bajo el spot de un cacheteo político de escaso vuelo. Sinceramente, no sabemos cómo hacés para seguir aguantando.

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