Panorama Tucumano en Chasquivil: Cuando cuidar la salud de un pueblo se convierte en un camino cuesta arriba

El programa de LA GACETA TV visitó la zona y registró cómo los médicos de alta montaña y los trabajadores sanitarios hacen un trabajo fundamental para cuidar a los habitantes de la zona.

16 Nov 2017

Son 115 habitantes que deambulan por los cerros, de 1.800 metros de altura sobre el nivel del mar, como lo hicieron durante siglos sus ancestros, los diaguita-calchaquíes. Pero no están solos, por esos caminos también circulan maestros, agentes sanitarios, enfermeras y un médico, que dedican su tiempo y horas de caminata para llegar a ellos con el alivio de la medicina moderna que en otros tiempos supieron desconocer.

Cristina y Rita Ayala son las dos enfermeras que trabajan en el CAPS de Chasquivil. El jueves, pasado, cuando LA GACETA visitó este paradisíaco lugar surcado por verdes llanuras y un río de aguas límpidas, antes de las 8 ya prestaban servicio. Apenas minutos después llegaron los agentes sanitarios, Amadeo Pistán y Fernando Olivar. Todos viven allí. Todos caminaron bajo la lluvia y la neblina, durante más de una hora, para arribar a su trabajo. “Nosotros somos el primer eslabón en la cadena de salud. Somos los que detectamos las necesidades del paciente o de la familia”, relata, orgulloso, Amadeo.

El día anterior, el médico generalista Carlos Rodríguez había llegado al pueblo, después de viajar cuatro horas en camioneta y tres a caballo desde San Miguel de Tucumán. Semana de por medio -si las condiciones climáticas lo permiten- el profesional realiza este viaje para atender a los pacientes de Chasquivil. “El resto de la semana, los servicios están cubiertos de forma permanente por nuestros agentes sanitarios y por nuestro personal de enfermería, que son de la zona y la mayoría pertenece a comunidades originarias”, explicó. Al igual que Rodríguez, otros profesionales realizan viajes similares para llevar a cabo su tarea en las ocho localidades que están bajo la órbita del Área Programática Oeste, un departamento del Siprosa que presta el servicio de salud en los pueblos de alta montaña. Los otros siete pueblos son San José de Chasquivil, Anfama, Anca Juli, Ñorco, Lara, El Nogalito y Mala Mala.

El jueves llovía y la neblina impedía ver las montañas que rodean al centro de Chasquivil, en el que se encuentran la Escuela N° 218, el CAPS y una cancha de fútbol. Pese a las condiciones climáticas adversas, decenas de habitantes bajaron de sus casas -dispersas por las montañas- para recibir atención médica. La mayoría eran niños que acudían para un control de rutina. Mientras el médico atendía en el consultorio, Pistán y Olivar bromeaban con los jóvenes que esperaban su turno.

Ese día fue Cristina quien se hizo cargo de la cocina. “Aquí se hace todo. Al no tener una persona que haga la limpieza u otras cosas, lo hacemos entre nosotros”, explicó mientras preparaba el guiso que alimentaría a todos los trabajadores, e incluso a algunos de los niños. Más tarde, Rita explicaría en qué consiste el trabajo de las enfermeras. “A veces el médico nos indica desde la ciudad, por radio, qué es lo que tenemos que hacer y qué medicamentos recetar -comentó-. Es mi orgullo tener que ayudar y salvar vidas, porque hemos salvado muchas vidas”.

En Chasquivil las casas se encuentran dispersas por el valle. La tarea de los agentes sanitarios es recorrer las viviendas realizando controles a la población. “La demora que tenemos, en días como hoy en que el camino está barroso, es de dos o tres horas caminando. Esa es la distancia entre las casas”, contó Amadeo. A la siesta, con sus botas y su campera de lluvia, se preparaba para emprender el recorrido del día con Roco, su perro, conocido como “el quinto trabajador del CAPS”. “Me acompaña a todos lados desde que empecé a trabajar”, explicó Amadeo riendo. Esta vez, le tocaba visitar dos casas cercanas acompañado por Rodríguez y por Luciana Noguera, una residente que realizó el viaje como parte de su formación. Tanto en la vivienda de Martina Pistán como en la de la primera enfermera de la zona, Berta Gutiérrez, la residente controló la presión de las dueñas de casa y el médico les entregó los medicamentos que les acababa de recetar.

“Nosotros confiamos en ellos (los agentes sanitarios) totalmente, ellos son nuestros ojos. Son los que están viviendo en carne propia las necesidades de la gente, porque forman parte de la comunidad”, explicó Rodríguez después de haber visitado a los pacientes junto con Amadeo.

Las horas de caminata por senderos de montaña no sólo constituyen su trabajo cotidiano, sino que también fueron parte del sacrificio que realizaron durante el proceso de formación como agentes sanitarios y enfermeras. Durante más de un año debían caminar cerca de 12 horas todos los fines de semana para estudiar en San Miguel de Tucumán. “Durante un año y seis meses lo hice en seis horas caminando de mi casa al Siambón, y ahí esperaba el colectivo que me llevaba a la ciudad”, contó Rita.

Los obstáculos

Hay una serie de factores que dificultan la tarea de médicos, agentes sanitarios y enfermeras. “La inaccesibilidad geográfica que hay en este lugar es la barrera principal”, opinó Rodríguez.

“Ante una urgencia, la única manera de que un paciente pueda estar rápido (en la ciudad) es la vía aérea”, relató. La Provincia tiene dos helicópteros que pueden ser utilizados para trasladar a los pacientes que se encuentran en un estado delicado, pero hay días en los que el clima impide que se realicen los vuelos. “En casos como ese la comunidad tiene que bajar a pulso (al paciente)”, explicó el médico.

Pese a las dificultades y a los contratiempos, quienes trabajan por la salud de los habitantes de Chasquivil están orgullosos de su labor. “Quizás muchas de las personas que han fallecido, si hubiese existido esto (el CAPS y sus trabajadores) podrían haber sobrevivido”, reflexionó Amadeo. “He nacido y me he criado aquí. Somos descendientes de los originarios -destacó-. A veces nos preguntan cómo nos fuimos a vivir tan lejos, pero no. Toda la vida hemos estado acá. Y vamos a seguir acá, cuidando nuestro cerro”.

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