Donar sangre: un acto de entrega y de amor al prójimo

10 Nov 2017

> PUNTO DE VISTA

JOSÉ NAROSKY

ESCRITOR / ESPECIALISTA EN AFORISMOS

“El generoso da algo que le pertenece, el altruista da algo de sí mismo”.

Se celebró ayer en nuestro país el Día Nacional de la Donación Voluntaria de Sangre. Esa fecha de 1914, en el viejo hospital Rawson de Buenos Aires, se realizaba la primera transfusión de sangre en el mundo, sin la presencia del donante. Se utilizaba, una sustancia de fundamental importancia terapéutica, ya que evitaba la coagulación de la sangre. Su realizador, fue un médico argentino, Luis Agote.

Existe sí, en el calendario mundial un denominado “Día Internacional del Donante de Sangre”. Pero el Dr. Agote había descubierto, que añadiendo a la sangre extraída de una vena una cierta cantidad de una sustancia química llamada citrato de sodio -de muy fácil obtención- no se coagulaba, es decir que podía conservarse en frío por un tiempo relativamente prolongado. El citrato de sodio es una sal derivada del ácido cítrico. Se encuentra en el limón, entre otras.

Luego, cuando un enfermo la necesitaba, se le podía aplicar de inmediato sin ningún riesgo y sin tener que recurrir personalmente a donantes de igual grupo sanguíneo. El no habérselos hallado a tiempo había costado muchas vidas. La transfusión de Agote tuvo excelente resultado y la noticia se difundió por el mundo como un reguero de pólvora. Hoy, en todos los establecimientos asistenciales del planeta existe una reserva de sangre, en previsión de cualquier emergencia.

Merecido homenaje

El 12 de noviembre de 1954 un coche fúnebre llevaba para su eterno reposo los restos de un hombre de 86 años, famoso mundialmente, aunque no tanto en nuestro país. Su método salvaría -y sigue salvando- millones de vidas humanas, con sólo guardar sangre en un recipiente debidamente esterilizado.

Recordemos que la sangre es un recurso importante en todas las intervenciones urgentes. Permite aumentar la calidad de vida de los pacientes con enfermedades potencialmente mortales y llevar a cabo procedimientos quirúrgicos complejos.

El Dr. Agote fue uno de esos hombres de pequeña talla que proyectaron sombras gigantescas. Por eso vale un aforismo final en su homenaje: “Quien está dotado de grandeza ve más que sus contemporáneos. Lo que no puede ver es su grandeza”.

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