Un recreo verde y divertido

La primavera nos trae días ideales para huir de la ciudad y llevar a los chicos a disfrutar al aire libre. La pregunta es: ¿cómo sorprenderlos? Aquí te damos tres opciones no muy conocidas, donde los niños pueden divertirse por un buen rato, lejos de la tecnología. Es tiempo de elegir atracciones en las que la naturaleza, los juegos y la aventura son protagonistas.

05 Nov 2017


La intriga ronda a los alumnos del colegio Santa Cecilia, que fueron a pasar el día en el predio. ¿Que habrá más atrás, dónde dice bosque encantado? Para entrar deben pasar por un laberinto, por debajo de un espejo enorme que cuelga de un árbol y ponerse un disfraz. Pueden elegir entre ser un superhéroe, una princesa, un policía o un bombero, entre otros.
Los juegos son rústicos y originales. Hay una casa para jugar a las muñecas, y en otro espacio los chicos pueden pintar, armar sus propios títeres o entretenerse con juegos de ingenio. También hay pileta y cancha de fútbol.
Si bien de lunes a viernes la “Ciudad de los Niños” está destinada a paseos escolares, los domingos abre para las familias, de 10 a 18. Se puede pasar el día, hacer un picnic o comer un asado (hay mesas y asadores). Un local vende comidas rápidas y bebidas, detalla la encargadam Patricia Tezeira. La entrada cuesta $60 para los mayores y $40 para los menores.
¿Cómo se les ocurrió armar una ciudad para niños? Cuenta Tezeira que la idea nació en el colegio Juan B. Justo (Las Talitas), que tiene orientación en turismo y buscaban un espacio en el que los estudiantes pudieran aplicar lo aprendido. “Así fue que encontramos este club, que es de la Caja Popular, pero estaba en desuso. Lo empezamos a recuperar desde el año pasado. Queremos seguir avanzando e incorporar nuevas atracciones”, explicó.

> La Ciudad de los Niños

La fachada de un castillo sorprende a quien llega por primera vez. A la vera de la autopista al Cadillal (en la intersección con avenida Constitución) están el Hombre Araña, dos bailarinas, Campanita, Willy Wonka y Jack Sparrow. El chocolatero mira de reojo y sonríe, mientras el pirata le da un beso en la mano a cada niña o señorita que ingresa la Ciudad de los Niños.
Una vez en el predio de tres hectáreas queda claro que es el sitio ideal para desintoxicar niños con sobredosis de tablets, celulares y compu. Ellos se ríen a carcajadas en el rincón de los juegos clásicos, haciendo cosas tan básicas como saltar la soga, danzar hula hula, jugar al elástico, al yo-yo y a las bolillas, o desafiar la rayuela. En el “Gomajuego” se ponen a prueba las destrezas de los chicos, que deben escalar montañas de neumáticos. A pocos metros se divisa una casa del árbol, típica de las películas o los dibujitos animados. 
La intriga ronda a los alumnos del colegio Santa Cecilia, que fueron a pasar el día en el predio. ¿Que habrá más atrás, dónde dice bosque encantado? Para entrar deben pasar por un laberinto, por debajo de un espejo enorme que cuelga de un árbol y ponerse un disfraz. Pueden elegir entre ser un superhéroe, una princesa, un policía o un bombero, entre otros.
Los juegos son rústicos y originales. Hay una casa para jugar a las muñecas, y en otro espacio los chicos pueden pintar, armar sus propios títeres o entretenerse con juegos de ingenio. También hay pileta y cancha de fútbol.
Si bien de lunes a viernes la “Ciudad de los Niños” está destinada a paseos escolares, los domingos abre para las familias, de 10 a 18. Se puede pasar el día, hacer un picnic o comer un asado (hay mesas y asadores). Un local vende comidas rápidas y bebidas, detalla la encargadam Patricia Tezeira. La entrada cuesta $60 para los mayores y $40 para los menores.
¿Cómo se les ocurrió armar una ciudad para niños? Cuenta Tezeira que la idea nació en el colegio Juan B. Justo (Las Talitas), que tiene orientación en turismo y buscaban un espacio en el que los estudiantes pudieran aplicar lo aprendido. “Así fue que encontramos este club, que es de la Caja Popular, pero estaba en desuso. Lo empezamos a recuperar desde el año pasado. Queremos seguir avanzando e incorporar nuevas atracciones”, explicó.


> Reserva fitozoológica 

El sonido de la naturaleza es lo primero que impacta en la granja del Fito Zoo. Para llegar al corazón de esta reserva poco conocida hay que ir por la autopista al Cadillal. En el puente de ingreso a Tafí Viejo hay que doblar a la derecha, recorrer unos 100 metros, atravesar un portón de madera y seguir cuesta arriba 200 metros más. Son siete hectáreas y media de verde y más verde. El aroma a tierra mojada asalta el olfato. La vista no tiene descanso: el paisaje es de ensueño. Hay de todo para disfrutar: animales silvestres, autóctonos, de granja. También una laguna y todo tipo de especies vegetales. Y rincones temáticos. En uno de ellos, por ejemplo, hay tinajas de hace dos siglos y otras piezas indígenas.

Isabel González está en el quincho de la reserva. Conocida como Coca, es la artífice de todo lo que vemos. A punto de cumplir 76 años, cuenta que este es su lugar en el mundo, un sitio que le ha costado sacrificio mantener pero que le brinda demasiados momentos placenteros. “Lo armamos con mi esposo en el 92. Era un sueño que yo tenía: vivir en el paraíso, pero en uno terrenal, no celestial”, explica la mujer de ojos claros, amante de los animales y de las plantas. Sirve café o mate para todo el que visita el lugar. Si son chicos, les ofrece un panchito.

A lo lejos, las risas interrumpen el canto de los pájaros. Estudiantes del instituto San Pedro, de Las Talitas, se divierten en uno de los mayores atractivos del predio: el puente colgante sobre el lago, que se mueve intensamente al atravesarlo. 

Después de la adrenalina viene el paseo que invita a conocer los más diversos animales: chanchos del monte, pavos criollos y reales (uno de ellos de imponente color blanco), patos, corzuelas, suris, loros, palomas, faisanes, gansos, peces de colores y ovejas, entre otros. Asoman un mono aullador -que se pone celoso cuando alguien está cerca y no lo mira- y una mona araña que pasa el día haciendo piruetas y que odia las fotos. “Si ve un celular cerca se enloquece. Pero no es mala, al contrario: es súper cariñosa”, cuenta el guía de la reserva, Sebastián Godoy. Mientras habla, la mona lo abraza con la cola y le extiende los brazos para que él la acaricie.

Algunos animales están sueltos. Otros se encuentran en hábitats protegidos para hacer más seguro el paseo. Después del recorrido por la reserva -la vuelta dura una hora y media- vale sentarse a disfrutar del paisaje y comer un asado. Hay mesas, sillas y asadores en el predio, que abre todos los días desde las 9 y hasta las 19. Los chicos pueden ir en grupos o con sus familias. La reserva cuenta con canchas de fútbol, juegos infantiles y un sector en el que los amantes del paintball pueden ir a divertirse o a entrenarse.


> Día de campo en la granja

Andar a caballo, en carro, ver ordeñar vacas en el tambo, preparar y hornear pan casero y otras tareas de la vida de campo. Todo eso pueden hacer los chicos en la granja “La Vidalita”, ubicada a pocos metros de la ruta 305, en el kilómetro nueve aproximadamente. Vicente Bellomío, dueño del predio, cuenta que las puertas del tambo se abrieron hace 25 años por pura casualidad. “Un día nos pidieron de una escuela si podían conocer. Dijimos que sí, y nunca más paramos”, detalla, mientras enseña parte de las 10 hectáreas que tiene el lugar. Hay cabras, ovejas, patos, gansos, burros, caballos y un pony.

En la granja también hacen equinoterapia, actividad destinada a niños con capacidades especiales. Los chicos pueden almorzar o desayunar, participar de una cabalgata y juegos criollos. Aunque en “La Vidalita” suelen organizar días de cabalgatas, por el momento abren sólo de lunes a viernes y especialmente reciben grupos escolares. La entrada cuesta $100 e incluye desayuno o merienda campestre. Los días de mucho calor se puede usar la pileta.


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- Granja La Vidalita

- Isabel Fitozoo González

- Ciudad de Los Niños


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