Jaldo y Alfaro asoman y esperan

29 Oct 2017 Por Juan Manuel Asis

En lugar de certezas en cuanto a triunfadores y a derrotados, los comicios del domingo pasado dejaron dudas, interrogantes abiertos y paradojas, porque hubo victoriosos derrotados y perdedores que triunfaron. Tanta rareza hizo que algunos de los principales protagonistas aún no duerman tranquilos, ya sea por la sorpresa, por la incredulidad y por la incertidumbre que les generaron los resultados. El piso les tembló a varios. Algunos, como Jaldo, dejaron de lado la cautela y tomaron la iniciativa política de inmediato. El vicegobernador creyó ver sombras que no acompañaban el sentido del movimiento del oficialismo y reordenó su hábitat, la Legislatura, para enviar un contundente mensaje interno: los leales, o los que no jugaron en contra, tienen un espacio conmigo.

Otros, como Alfaro, sonríen frente a la perspectiva favorable que se le dibuja en lo político y en lo institucional. Es que, después del esfuerzo “a lo peronista” que hizo para que Beatriz Ávila, su esposa, acceda al Congreso, logró que en Cambiemos ya no le digan más intendente o Alfaro, ahora lo tratan de “Germán”. Mostró, a su estilo, que “se puede” como en el PRO. Dio un paso más en el acceso al núcleo de confianza de los amarillos. Sin embargo, la cautela le marca que debe esperar, y observar. Por de pronto, mañana lo espera Rogelio Frigerio.

El mismo pragmatismo

Alfaro y Jaldo tienen cosas en común; hablan el mismo idioma de la política, tienen vasos comunicantes, entienden lo que hace el otro en su propio espacio, saben de ascendencias territoriales y comulgan el pragmatismo político propio de su condición de peronistas. Si eran extraños o socios en desventaja en los esquemas de poder que integraban respectivamente -casualmente trípodes en cada espacio-, en adelante puede que no más.

Para ambos, las planillas con los números de los comicios dijeron mucho más que dos a dos; les advirtieron que deben prepararse lo mejor posible para lo que se viene. Cada uno lo enfrentará desde los límites del cargo que ostenta, la vicegobernación y la intendencia, las presiones de los otros protagonistas centrales que tienen como socios.

Desde el domingo, todos ellos tienen motivos para dudar y desconfiar de las intenciones de sus compañeros de ruta, porque en la disputa por medir fortalezas que implica una elección, algunos jugaron para debilitar al aliado. Si algo anticipó la elección parlamentaria es el inicio del fin de las fotos amistosas y el comienzo del tiempo de las conveniencias personales. Ambiciones en marcha para reflotar conductores o para que asomen nuevos liderazgos.

El cartelito deshonroso

Lo irónico del momento es que en el oficialismo, pese a volver a ganar como en las última decena de votaciones -entre provinciales y nacionales-, es donde se palpa la crisis interna, producto de aquellas sombras que al parecer no caminaron para el mismo lado. ¿Traición? Cuando las lealtades se debilitan o no se manifiestan como se espera, en el peronismo se levanta rápidamente este concepto acusatorio.

El deshonroso “cartelito” sobrevoló y sobrevuela con fuerza en el oficialismo, no sólo entre la dirigencia, sino también en las bases. Porque si arriba se leen con detenimiento los votos de cada mesa, circuito, ciudad o departamento para determinar quién trabajó bien, mal o regular -o quien no trabajó con lealtad-, “abajo” se comenta que hubo mensajes contradictorios el domingo de parte de punteros barriales o de referentes territoriales, ya que primero fueron en un sentido y luego fueron en otro.

Se menciona que hubo sedes -las antiguas “unidades básicas”- que llamativamente no se abrieron durante la jornada electoral. Verdades a medias o mentiras a medias. En fin, a todo el que le cuelgan el mote de “traidor” en el PJ le cuesta desprenderse de esa mochila. Pasarán años y la herida permanecerá.

La acusación de deslealtad en el justicialismo es la mayor deshonra para un peronista; si lo es, claro. Se comenta que en la sede legislativa cuando comenzaron a salir las “rarezas” numéricas de las planillas, hubo varios dirigentes que llamaron para asegurarle a Jaldo que habían jugado bien. O sea, en contraposición reconocían que otros jugaron mal.

¿Se puede, a partir de cotejar los resultados, asegurar que alguien traicionó o que no fue lo suficientemente leal con los candidatos propios? Los que miran desde afuera pueden especular y hacer interpretaciones aproximadas, los que están adentro y conocen el paño tienen la respuesta más conveniente. El que sí hizo pública la acusación fue el famaillense José Orellana, quien señaló directamente a Alperovich como el culpable de la merma de los votos y la pérdida del 3 a 1. El malestar se acrecentó porque el resultado echó por tierra la posibilidad de que su esposa, Sandra Mendoza -que ocupó el cuarto lugar en la lista del Frente Justicialista- pudiera ingresar a la Cámara de Diputados ante la eventual renuncia de Jaldo a la banca. Lo más probable.

Cabe imaginar también el disgusto de Pablo Yedlin, que de estar con un pie adentro después de las PASO, ahora debe aguardar que alguien se baje para acceder al Congreso. ¿Observará al senador de la misma forma que el “mellizo”? ¿O pensará, como Manzur, que el ex gobernador forma parte del espacio y que es imposible que haya ordenado a los suyos ir para atrás?

Precisamente Jaldo, después de dar el primer paso -una reacción a lo que observó como un intento de restarle protagonismo a futuro- ahora espera alguna señal concreta del gobernador para saber dónde está parado, con quiénes cuenta y quiénes le son leales. Y a quién debe serle leal. ¿Qué señales? Él desplazó referentes de la mesa de conducción. ¿Manzur tiene que hacer lo mismo en su gabinete? El titular del PE decidió por lo pronto seguir jugando en la institucional “Superliga” -la de los gobernadores peronistas- sin mirar la política liga más popular, la local, donde los justicialistas siguen esperando que los de arriba se pongan de acuerdo sobre quién será el que conducirá finalmente el espacio.

En ese marco, hay que mirar con atención el voto de la Capital entre las PASO del 13 de agosto y las generales, donde el oficialismo comparativamente perdió 8.000 votos (121.000 a 113.000) y donde Cambiemos ganó 15.000 sufragios (129.000 a 144.000). Veintitrés mil votos de diferencia; la suficiente para asegurar la segunda banca a Cambiemos. En agosto, varios dirigentes capitalinos peronistas -ante la exigua diferencia con CpB- se envalentonaron y dijeron que esos votos eran suyos, no de Yedlin.

¿Qué pasó entre una y otra votación? Como dato interesante valga decir que se incrementó el número de votantes entre una y otra elección en la ciudad; pasó de 318.000 a 358.000. Todas las fuerzas crecieron en sufragios, menos el FJT, que perdió adhesiones. Ergo; no trabajaron tan bien como el resto, o algunos no se esforzaron como en agosto. O lo que es peor; algunos trabajaron para otros. ¿Por qué? La respuesta para algunos peronistas es más que clara y está referida a la conducción del espacio. En el medio, además, está en juego la presidencia del Concejo Deliberante. Dicen que la difusión de cierto video privado tiene que ver con esto último.

Amigos son los amigos

En cambio, en la oposición los efectos del resultado de la votación se tradujeron en el fortalecimiento de Alfaro en Cambiemos como figura en ascenso y de confianza en la Nación. Y en la aparición imprevista de jugadores para disputar espacios internos, como la de Alfonso Prat Gay frente al debilitamiento político de la figura del radical José Cano.

El ex ministro de Hacienda de Macri está convencido de que está “condenado” a ser gobernador de Tucumán, la tierra de sus abuelos. Sin embargo, debe aguardar las reacciones del macrismo respecto de sus intenciones, ya que el Presidente -¿apresuradamente?- bendijo a Cano como el candidato de Cambiemos en la provincia para 2019. Tiene un escollo importante en la Nación: Peña, que no simpatiza con él. En cambio, el Jefe de Gabinete se lleva muy bien con el ex titular del Plan Belgrano, por lo que Prat Gay debe observar cómo puede caer en el seno del poder central el blanqueo de sus intenciones.

Su revelación, por ahora, entusiasmó más a un grupo de tucumanos nucleados en “Convicciones”, que se acercaron para sondearlo. Es más, alguno, con mucho histrionismo y festejo habría lanzado entre referentes locales de Cambiemos -del ala peronista- un “con Prat Gay gobernador se viene la revolución de la transparencia”. Es lo que se comenta.

Prat Gay hizo buenas migas con el intendente durante su paso por el gabinete nacional a través de la concejal Sandra Manzone y fue el invitado estrella del 7 de julio del año pasado, cuando la Municipalidad inauguró el Monumento al Bicentenario en la avenida Mate de Luna. Ni lerdo ni perezoso, leyó e interpretó los números de los comicios y se sentó con Alfaro, su amigo; ahora más amigo que antes.

La apuesta de Macri

Es que el intendente, a partir del domingo, se convirtió en una pieza clave de Cambiemos en Tucumán a futuro. Si después de las PASO Macri tenía que mirar más al peronista de Villa Amalia; tras los resultados recientes, el Presidente tendrá que mimar a Alfaro, porque desde la Capital es donde tendrá que irradiar política y gestión para disputar el poder provincial dentro de dos años.

La importancia del ex secretario de Gobierno de Amaya la entendió rápidamente Prat Gay, y reaccionó pensando en sus aspiraciones: lo visitó en su despacho. Antes de los comicios, una delegación local del PRO tentó al jefe municipal para que los conduzca. Alfaro puede sonreír, dedicarse más tranquilo a gestionar y a pensar en la reelección porque, de entre todos, es el que salió mejor parado, pese a que Cambiemos volvió a perder su sexta elección consecutiva en los últimos dos años.

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