Primeras batallas de la guerra del peronismo

27 Oct 2017 Por Álvaro José Aurane
1

La composición de la Legislatura, probablemente, se completará en cuestión de días. Hoy ocupan sus bancas 48 de los 49 legisladores electos en 2015. La poltrona que sigue vacía corresponde nada menos que al ex senador Sergio Mansilla, quien encabezó la lista oficial del alperovichismo, por el oeste, en los últimos comicios provinciales.

El escaño de Mansilla está en entredicho en torno del artículo 45 de la Constitución provincial: “Los legisladores durarán cuatro años y podrán ser reelegidos por un nuevo período consecutivo. No podrán ser elegidos nuevamente sino con un intervalo de un período”.

El ex intendente de Aguilares (1999-2003) fue consagrado legislador en 2007 y, nuevamente, en 2011. Pero en esta segunda oportunidad no asumió en el parlamento tucumano sino (elección nacional mediante) en la Cámara Alta nacional. Entonces, Mansilla interpretó que al no jurar como legislador estaba habilitado para ser candidato en 2015. La Junta Electoral Provincial aceptó su postulación y lo inscribió, pero el amayismo planteó ante la Justicia que se estaba ante una tercera candidatura consecutiva, en colisión con el límite constitucional.

La Sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo también lo entendió así: declaró que la Constitución prohíbe la “re-reelección” sin distinguir si se asumió en la banca o no. Y dictó una cautelar que impedía a Mansilla participar de los comicios. Esa medida fue levantada, vía per saltum, por la Corte Suprema de Tucumán. El alperovichista, entonces, fue candidato. Y dos días después de la votación del 23 de agosto de 2015 planteó otro per saltum para que la sentencia de la Sala III fuera revisada, pero esta vez la Corte rechazó ese pedido.

El 12 de noviembre de ese año, la misma Sala III admitió el recurso de inconstitucionalidad del entonces senador. Con ello, elevó al superior tribunal de Justicia el recurso de inconstitucionalidad planteado por Mansilla contra el fallo que declaró que su postulación a legislador lesionaba la Carta Magna provincial.

Desde entonces, quien fuera secretario del Interior del primer gobierno de José Alperovich (2003-2007) espera una respuesta. Y (que se supiera hasta anoche) seguirá esperándola. Porque la cobertura de la banca que reivindica no será ocupada por él en los próximos días. Quien sería incorporado a la Legislatura es César Elías “Kelo” Dip.

Sin Mansilla en su banca, el corrimiento de la lista determina que el escaño debe ser ocupado por el ex intendente de Lules. Sólo hace falta que la Junta Electoral Provincial confirme oficialmente que el esposo de la saliente diputada Miriam Gallardo (la misma que se apartó del mandato del bloque del Frente para la Victoria y votó en favor del desafuero del detenido ex superministro “K”, Julio De Vido) es quien sigue en la nómina para que se le tome juramento.

Esa promete ser la segunda avanzada del jaldismo en la guerra política peronista que acaba de estallar.

Mensajes y economías

Dip visitó la Legislatura el miércoles. El luleño forma parte del “Club de los Ex” en que Alperovich sustenta una parte de su arraigo territorial en el interior. Pero habilitar su acceso a la Cámara, más que buscar restarle un dirigente al ex gobernador, pretende dar un mensaje: la “desalperovichización” de la Legislatura está en marcha. Si hubiera un Día de la Lealtad alperovichista, la fecha de nacimiento de Mansilla bien podría ser propuesta para la celebración.

Ocupar la banca que reclama el esposo de la intendenta de Aguilares, Elia Fernández, no es una provocación: es una segunda batalla contra las huestes del ex gobernador. Mansilla es tan simbólico para el alperovichismo que avanzar sobre él es suficiente mensaje para todos. El jaldismo ahorra señales. Toda una economía de poder...

Así, a poco más de una década de la última gran pugna, el peronismo tucumano ha vuelto a entrar en guerra política. Esta nueva conflagración (porque la ironía es el postre favorito de la Historia) tiene otra vez a José Alperovich de un lado. Y a un vicegobernador del otro.

Horas y colores

Los hechos de las últimas horas confirman que, para Jaldo, el alperovichismo cometió un acto de guerra durante los comicios del domingo. Esa votación en la cual la lista del justicialismo, liderada por el presidente de la Legislatura, ya no le ganó por 200.000 votos a Cambiemos, como en las PASO, sino por 140.000. Con lo cual, el reparto de bancas de diputados nacionales ya no fue de “3 a 1”, como en agosto, sino de “2 a 2”.

De manera prácticamente lineal, Fuerza Republicana pasó de 90.000 sufragios a 155.000 en sólo 60 días.

Por cierto, la lectura de FR rechaza esa correspondencia entre el 6% de votos que ganó y el 5% de voluntades que el PJ resignó. En el bussismo están convencidos de que, por un lado, Cambiemos restó votos a Jaldo por la “peronización” de la campaña que ensayó exitosamente el intendente Germán Alfaro. Mientras que, por otra parte, FR le restó voluntades a Cambiemos, como consecuencia de esa peronización del espacio macrista local.

En cambio en el jaldismo, con las planillas del escrutinio en una mano y el mapa de las secciones electorales en la otra, asumen acabadamente que el alperovichismo (para decirlo de manera elegante) no habría sido leal.

El diputado José Orellana puso en palabras esa convicción instalada en la vicegobernación. “El alperovichismo no hizo nada. No acompañó y jugó para este resultado”, dijo el “mellizo” al programa de radio “De primera mano”.

En privado, uno de los hombres más cercanos al vicegobernador asegura, incluso, que hay sectores del oficialismo que “a la mañana votaron por un color, y a la tarde mandaron a votar por otro”. No es una metáfora: sostiene que antes del mediodía hubo coordinación para que se sufragara con la boleta azul claro del PJ; y que después se auspició que las papeletas a elegir fueran las del azul oscuro de Fuerza Republicana.

Mapas y planillas

Con idéntica correspondencia, el martes a la mañana había “un” Jaldo, que por la tarde era “otro”. Ya era de noche cuando, tras analizar el “mapa” de la votación, puso en marcha la primera batalla de la guerra del peronismo: telefoneó a Fernando Juri, quien acaba de sobrevivir a una pancreatitis. Su convalecencia acabó con esa llamada: el miércoles estaba en la Legislatura, confirmando que asumiría la presidencia subrogante.

La elección de Juri es doblemente simbólica. En primer lugar, él libró la última guerra política del peronismo vernáculo, cuando enfrentó a Alperovich (su compañero de fórmula en 2003), en la Legislatura y el PJ. Ayer lo convirtieron en la tercera autoridad de Tucumán. Cuando Jaldo no esté en la provincia, el vicegobernador en los hechos será el hombre que hace poco más de 10 años rompió lanzas con el ahora senador nacional.

En segundo término, Juri encarna una condición esencial: es un “peso pesado” del peronismo que es ajeno al alperovichismo. Esa característica específica consagró a Juan Antonio Ruiz Olivares como vicepresidente primero de la Cámara. El monterizo tampoco tiene una foto reciente desayunando en la casa del ex gobernador. “El Gallego” tampoco es “jaldista”. Más aún: coquetea con el gobernador, Juan Manzur. Pero tampoco es alperovichista. Y con eso alcanzó.

A la vez, Jaldo pasó a cuarteles de invierno a Julio Silman. Que FR terminase en segundo lugar en su terruño (Alderetes) fue una certeza estadística que selló su suerte. El vicegobernador, con ello, dejó en claro que, en adelante, no se permitirá el lujo de la duda.

También le extendió el retiro a Guillermo Gassenbauer. La filtración canalla (y la viralización morbosa) de un video que lo muestra en la intimidad consumiendo droga liquidó la figura del ex secretario privado del ex gobernador. Jaldo, un par de días después, no tuvo miramientos. Sólo se ocupó de marcar distancias inmediatas e insalvables. Amor con amor se paga, sintetizarían las abuelas...

Precisamente, el contraste entre esa decisión y la de mantener al radical Ariel García en la vicepresidencia segunda es violentísimo. Jaldo, que ya en 2016 sostuvo implícitamente al radical cuando prorrogó los mandatos de las autoridades (como había perdido las internas en la UCR, Cambiemos pedía su lugar), ahora lo ratifica de manera explícita. Justo después de que Alfaro y el radical José Cano (a quienes García confronta) celebraran la meta de renovar las dos diputaciones en juego. Como se dijo, ese aval es la presentación en sociedad de García como un hombre del “espacio” jaldista. Pero es un par de cosas más, también.

Por un lado, Jaldo está diciendo que el apotegma “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”, está en revisión tras los comicios del domingo, cuando él no fue la “mejor” opción para muchos encumbrados “compañeros”.

Por otra parte, el más antialperovichista de esa mesa es el vicepresidente segundo. El único pedido severo de juicio político que enfrentó el ex vicegobernador operó el 20 de febrero de 2010: García lo había querellado por calumnias e injurias en 2006 y Alperovich no se presentó a la audiencia de conciliación, de modo que -nada menos- la Sala II de la Cámara Penal pidió destituir al mandatario (su cargo tiene inmunidad procesal) para someterlo a juicio ordinario. “Ariel García” se caratuló, también, el expediente que cuestionó la “recontra-reelección” que el alperovichismo habilitó para el ex mandatario mediante la reforma de la Constitución de 2006. En 2011, la Corte local falló que tres mandatos, en realidad, debían contarse como dos...

Agendas y canciones

Hacia adentro de la Legislatura, el mensaje es que “todo está por verse”. En el mes de la “lealtad peronista” debe leerse que esa y no otra será la vara para revisar la composición de las comisiones. Y las autoridades de cada una...

Al alperovichismo, en tanto, se le abre una segunda agenda. No es imprevista, pero sí es anticipada. El estallido de la guerra política del peronismo no estaba en el calendario de fin de año. Por el contrario, el ex gobernador estaba abocado más bien a los abrazos que a los codazos. Por caso, fue anfitrión el martes de una de las reuniones más concurridas de las que se vienen celebrando en su casa en los últimos tiempos. Y ya hay un largo calendario de compromisos para la semana próxima, que comienza por un desayuno con jóvenes profesionales.

La reacción de Jaldo también tiene que ver con la campaña incesante que viene desplegando Alperovich, con obvias miras hacia 2019. O dicho de otro modo, el vicegobernador se ha notificado de “eso” de lo que Juan Manzur pareciera no querer enterarse.

Contradicciones y “clivajes”

Por arriba de la coyuntura, lo inquietante es la consolidación de Alperovich como una suerte de gran contradictor.

La “brecha” del “jaldismo” es el frente más nuevo que enfrenta el ex mandatario con el peronismo. Desde antes, Alfaro (cada vez más, “el gran elector”) lo fustiga sin pausa. Y aunque plantado en una vereda enfrentada con la del vicegobernador, el intendente le apunta a Alperovich y le dispara acusaciones como la de haber sido “el jefe de campaña” de FR.

“Alperovichismo o no alperovichismo” se ha convertido en la mayor divisoria de aguas en las cumbres políticas tucumanas. En el gran “clivaje” del poder.

Comentarios