Preocupa el vandalismo contra el patrimonio urbano

25 Oct 2017 Por LA GACETA

Seguramente, los hay en todas partes, pero no por eso la vergüenza es menor. Y si bien la cantidad de inadaptados sociales varía en las distintas sociedades, en Tucumán hay sin duda una cantidad significativa que aprovecha la nocturnidad y la ausencia de vigilancia para destruir el patrimonio urbano.

En nuestra edición de ayer informamos que el jueves pasado la Municipalidad de Yerba Buena comenzó a instalar carteles nomencladores con el nombre de la calles sobre la avenida Aconquija, pero de los 40 que habían colocado, casi una decena están dañados. Según información municipal, en la madrugada del sábado, se perpetró el ataque.

Se ha planeado instalar 680 carteles en las calles de esa ciudad, así como avanzar en la semaforización, basándose en el proyecto elaborado originalmente por el Centro de Investigaciones Viales de la Universidad Tecnológica de La Plata, en 2008. Los carteles colocados en las calles Acacias, Maciel, Rosas, Oeste, Bascary y García Hamilton, entre otros, han sido doblados. El subdirector de Tránsito sostiene que a diario enfrentan situaciones similares y los preferidos por los vándalos son los que dicen “Contramano” o “Lomo de burro”. El funcionario dijo que la señalética era de buena calidad, razón por la cual no pudo ser arrancada. Sobre la base de esta experiencia señaló que a los próximos carteles les agregarán 50 centímetros. La intendencia no ha calculado aún el costo de los daños ocasionados al mobiliario y a los servicios urbanos.

En junio pasado se restauró la gran fuente luminosa del parque 9 de Julio, que hacía una década no funcionaba como consecuencia del abandono municipal y del vandalismo. Se la enrejó para protegerla de los inadaptados. Un funcionario dijo en esa oportunidad que los actos vandálicos eran constantes. “Roban los picos de bronce y hasta los motores, que están bajo tierra, a dos metros de profundidad”, indicó.

Para poner en funcionamiento las fuentes del parque tuvieron que reparar bombas y motores, comprar equipos nuevos y reemplazar los sistemas eléctricos. También desagotaron, limpiaron y pintaron las estructuras.

En agosto pasado, en nuestra sección Cartas, un lector denunciaba episodios destructivos en el cementerio árabe de Monteros. “Con desagradable sorpresa y profunda indignación encontré el monumento familiar con signos de haber sido atacado con piedras. Cerámicas astilladas y floreros destrozados fueron la evidencia de un vandalismo conocido por todas las familias dolientes que poseemos una construcción en el lugar... Lo que más agrava es saber que los autores de estos hechos son menores de la zona, que crecen a la deriva” escribió José Rafael Abdala.

Días pasados, en esta columna nos referimos a la destrucción de una placa conmemorativa en el monumento de Manuel Belgrano, de la cartelería del viaducto El Saladillo y de la gruta de la Virgen de las Flores, ubicada a un kilómetro del Monumento al Indio, en la ruta 307.

Esta realidad se combate con educación. Si desde la infancia enseñamos a querer el lugar donde uno vive, es posible que cedan estos hechos vergonzosos que provocan perjuicio económico a la misma ciudadanía. Lo llamativo es que en una provincia que cuenta con varias universidades, la incultura en materia urbana es alarmante.

Comentarios