¿Será Donald Trump destruido por sus propias palabras?

Al presidente norteamericano le gusta presumir de sus logros. “Fui a una escuela de la Ivy League. Soy muy educado. Conozco las palabras. Tengo las mejores palabras, pero no hay mejor palabra que estúpido. ¿Es correcto?”

22 Oct 2017
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Por César Chelala - Para LA GACETA - Nueva York

Nadie escribió sobre la naturaleza de las palabras mejor -y en forma más bella- que el gran poeta chileno Pablo Neruda. En un corto segmento de sus Memorias, consignó: “…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como perlas de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema…” Y nadie abusó más de ellas que el presidente de los Estados Unidos, Donald J. Trump.

Las palabras pueden usarse para castigar, amenazar, influir, socavar, burlar, trivializar y abusar, entre otros objetivos. A lo largo de la campaña por la presidencia, y desde que se convirtió en presidente, Donald Trump ha utilizado casi todas esas características, pero especialmente en su sentido más negativo.

El lenguaje es una herramienta poderosa. En su libro The Political Mind, el notable lingüista y autor George Lakoff escribió: “El lenguaje obtiene su poder porque se define en relación con marcos, prototipos, metáforas, narraciones, imágenes y emociones. Parte de su poder proviene de sus aspectos inconscientes: no somos conscientes de todo lo que evoca en nosotros, sino que está allí, oculto, siempre en acción”.

Uno de los usos tácticos de Donald Trump es aplicar apodos a sus adversarios. ¿Quién puede olvidar su mote a Marco Rubio, “Pequeño Marco”? ¿O a Hillary Clinton, “La retorcida Hillary”; o a Bernie Sanders, “El loco Bernie”; o a Jeb Bush, “El vago Jeb”; o a Ted Cruz, “Ted el mentiroso”; o a Elizabeth Warren, “La boba Elizabeth Warren “? Al darle a sus rivales esos apodos peyorativos Trump quería marcarlos, crear una narrativa negativa sobre sus oponentes.

Eso explica por qué Trump sigue repitiendo lugares comunes, aunque debe saber muy bien cuán lejos de la realidad pueden estar. “Ganar” es una de sus palabras favoritas. En una manifestación en Albany, Nueva York, en abril de 2016, dijo: “Vamos a ganar tanto que incluso vamos a estar cansados de ganar. Y me dirán: ‘Por favor, por favor. Ya hemos ganado demasiado. No podemos soportarlo más, Señor Presidente, es demasiado’. Y yo les voy a decir, ¡No, no lo es!” Hasta ahora, sin embargo, su presidencia ha demostrado ser un banquete de causas perdidas.

El convertirse en Presidente no le impidió seguir usando las palabras para promover sus objetivos. Cuando Kay Ryssdal, un periodista radial estadounidense, le preguntó a Lakoff cómo había predicho que Trump ganaría las elecciones, explicó: “Me basé en lo que estaba diciendo, cómo lo decía y cómo logró manipular inteligentemente el cerebro de otras personas para su ventaja como un supervendedor, algo que ha estado haciendo durante 50 años. El sabe exactamente cómo hacerlo. Él sabe qué decir, y esos tuits que él envía son totalmente estratégicos. Hay cuatro tipos de tuits y cada uno de ellos se ajusta a una estrategia. Trump tiene una ventaja cuando otras personas piensan que él es simplemente loco o estúpido.”

Probablemente el Presidente nunca imaginó que sus propias palabras pudieran ser usadas para definirlo. Rex Tillerson, su secretario de Estado, lo llamó un “imbécil”. Cuando se le preguntó si realmente se había referido a Trump de esa manera Tillerson dijo: “No voy a responder una cosa minúscula como ésa”.

Más valiente, y claro, fue Lin-Manuel Miranda, el creador y estrella de “Hamilton” uno de los grandes éxitos de Broadway. Miranda quedó consternado por la ayuda ineficaz de la administración Trump a Puerto Rico luego de que el huracán María golpeara la isla, y de los ataques personales de Trump contra Carmen Yulín Cruz, alcalde de San Juan, capital de Puerto Rico. Miranda contraatacó, usando un tuit, el arma preferida del presidente. “Irás directamente al infierno, Donald Trump. No habrá largas colas para ti. Alguien dirá: ‘Por acá, señor’ Ellos mismos despejarán el camino “, tuiteó Miranda.

Es posible que William Shakespeare haya imaginado esta situación del uso descuidado del lenguaje por parte de Donald Trump cuando escribió: “Sin pensamientos, las palabras nunca van al cielo”.

© LA GACETA

César Chelala - Periodista y escritor. Co-ganador del premio Overseas Press Club of America y dos premios ADEPA.

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