La prudencia y el paraguas

20 Oct 2017 Por Álvaro José Aurane
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La cautela domina la conducta del oficialismo después de las PASO. Esa reserva se venía adivinando por omisión. Antes de las primarias, Osvaldo Jaldo sorprendió a propios y extraños con un desafío para nada menor: vaticinó que iba a obtener 200.000 votos de diferencia respecto de Cambiemos. Después de cumplida esa meta (sobrada excusa para enfervorizarse), el candidato a diputado ya no volvió a lanzar desafíos públicos. A pesar, inclusive, de que algún asesor llegó a sugerirle que redoblara la apuesta anunciando una cifra todavía mayor.

El miércoles, esa precaución quedó comprobada en la acción, pero ya no sólo como una postura sino como una estrategia. Fue durante la celebración del debate de los candidatos organizado por “Panorama Tucumano”, el ciclo de LA GACETA TV que transmite Canal 10.

El vicegobernador se mostró medido a la hora de exponer o de confrontar propuestas. De hecho, los únicos llamados de atención de los moderadores refirieron a que se excedía del tiempo fijado para cada postulante. Pero en el debate libre no dijo lo que le marcaron los coaches ni los guiones. En la gritería, después de que José Cano le dijera que era “la síntesis del kirchnerismo; de De Vido, de José López y de Cristina”, Jaldo le contestó al radical lo que en verdad quería: “Mentís vos ‘Canito’. Sos un perdedor y vas a volver a serlo el domingo”, le soltó. Después, para que quede claro que no era un lapsus, le aseguró que la diferencia de votos iba a ser mayor que en las PASO.

Descartado entonces que el oficialismo vernáculo haya optado por la prudencia por temor al resultado electoral de pasado mañana (la “ola amarilla” es un fantasma que el manzurismo tiene presente, pero que sólo respecto del número final de bancas, no en términos de la victoria o la derrota), la pregunta evidente es por qué se ha pasado del empacho proselitista al conservadurismo en dos meses. La respuesta, en principio, consiste en que lo que realmente angustia al Gobierno tucumano es su relación con la Casa Rosada en el futuro inmediato. Y esa aflicción se debe a que las relaciones institucionales con el macrismo se deterioraron rabiosamente durante este año electoral. Pero la congoja política va más allá del resultado dominical. Es más: es prácticamente independiente de los comicios.

Hay un apesadumbramiento privado entre algunos hombres públicos, que, a modo de botón de muestra, se ha evidenciado por estos días con el revocamiento del sobreseimiento de Juan Manzur en la causa que investiga presuntas irregularidades millonarias en el Plan Qunita. En ese expediente está imputado el ex ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, sobre quien pesan, desde ayer, dos órdenes de detención, con los correspondientes pedidos de desafuero en Diputados.

Para mayores tribulaciones sobre las perspectivas judiciales por venir, en el plano provincial la Corte Suprema tucumana también tomó desprevenida a la Casa de Gobierno con una acordada en la que, en los hechos, urge la designación de jueces para cubrir vacantes. Tal vez se trate sólo de previsiones tribunalicias para evitar que se acumulen los despachos vacíos y el retardo en la administración de justicia, pero para los hombres de la realpolitik del Ejecutivo sonó a una intimación que busca congraciar al Poder Judicial local con el macrismo, a fuerza de marcar diferencias con el manzurismo nada menos que en materia de calidad institucional. Dicho en pragmatismo duro, parece que queda bien hacer quedar mal al manzurismo ante el macrismo por estas horas.

Hay, en simultáneo, un temor público entre los hombres públicos. El de cuál será la situación del erario el año que viene. La Casa Rosada no viene dando respuestas tranquilizadoras. Quiere imponer una Ley de Responsabilidad Fiscal que implica lograr superávit y no aumentar impuestos; al mismo tiempo que respalda el reclamo judicial bonaerense para que se actualice el Fondo del Conurbano. Si ello prospera, el excedente de las “reparaciones” que se derrama en el interior se quedará en Buenos Aires.

Claro que Tucumán viene emitiendo después de las PASO señales de “buena voluntad” a la Nación. Los cuestionamientos al macrismo se redujeron a los slogans de campaña. Y, a pesar de contar con los números para arrebatarle el control del Concejo Deliberante capitalino al intendente Germán Alfaro, los planes de revuelta se aplacaron, sugestivamente, luego de la última visita del jefe de Gabinete, Marcos Peña, a Manzur.

Pero la ansiedad del oficialismo vernáculo es tal que el Gobierno tucumano buscará conjurar una eventual tormenta financiera por ley.

Por las dudas...

70.000 millones de pesos. Alrededor de esa cifra gira la estimación del Presupuesto General de la Provincia para 2018 que prevé el Poder Ejecutivo. Según fuentes bastante informadas, no se descarta que, incluso, pueda hasta variar en un par de miles de millones.

El proyecto aún no ha sido elevado a la Legislatura (el Poder Legislativo, por cierto, agrega su propia partida presupuestaria a la pauta de ingresos y de gastos que la Casa de Gobierno plantea para toda la administración pública). Esto no llama la atención en el parlamento local, porque el plazo constitucional para la remisión del plan de recursos y de gastos es el 31 de octubre. Pero lo que sí inquieta es no tener novedades aún de la ampliación presupuestaria que (en este país inflacionario) se da casi sin interrupciones, año tras año.

De la ampliación de este año (más que una autorización para gastar, es el blanqueo de lo ya gastado, normalmente en salarios estatales, tras los aumentos que se acuerdan en el primer semestre) aún no se ha oído ni una cifra en la Legislatura. Y este asunto no es menor porque esa “actualización” del Presupuesto es la que se toma para luego aplicar las variables “macroeconómicas” (estimación de la inflación, del crecimiento del PBI y de la cotización del dólar para el año siguiente) y así obtener el número global.

En el Poder Legislativo estiman que recibirán este lunes el proyecto de ampliación, y que el lunes siguiente llegará el del Presupuesto 2018.

Teniendo en cuenta que el aumento salarial de los estatales fue este año de un 23% (como es escalonado, representa un gasto extra del 15% para el actual ejercicio económico), barajan que el Presupuesto 2017, que arrancó en $ 54.600 millones alcanzará los $ 60.000 millones. De modo que si se confirma que el Presupuesto 2018 será de unos $ 70.000 millones, el aumento interanual rondará el 20%. Dicho en términos poco técnicos de técnicos presupuestarios, “casi dentro de los parámetros que viene barajando la Nación”. El “casi” es un generoso eufemismo: el Presupuesto 2018 de la Nación es sólo un 14,8% mayor en comparación con el de 2017.

Si alcanza tal cifra, el Presupuesto 2018 de Tucumán será un gigantesco “paraguas” abierto por el manzurismo.

En primer lugar, aunque en Tucumán parezca que cada Presupuesto anual es una autorización al Ejecutivo, en términos legales es lo contrario. La Ley de Presupuesto surge de un proyecto de la Casa de Gobierno, pero cuando se sanciona se convierte en un mandato legal. Por ende, si la Provincia no lograra reunir durante el año que viene los recursos previstos (entre recaudación propia y Coparticipación Federal de Impuestos), la Ley de Presupuesto será su primer argumento para buscar financiación extra por medio de la toma de créditos.

En segundo lugar, y por estas mismas razones, un proyecto de Presupuesto 2018 abultado es también un “paraguas” para capear las tormentas que pueda deparar los acuerdos de Responsabilidad Fiscal que impulsa el macrismo.

En tercer término, el manzurismo estaría dejando previsto un notable “colchón” para enfrentar las paritarias del año que viene. Ningún Presupuesto General de la Provincia prevé una partida para aumentos salariales, porque en ese caso toda negociación con los estatales arrancaría con esos montos como “piso” para la recomposición salarial. Las previsiones, en todo caso, se “esconden” en otras partidas. Con unos $ 70.000 millones para el año que viene, aún en el peor escenario, la Casa de Gobierno ya estaría haciendo su “reserva” para garantizar el pago de los sueldos. En Tucumán, a eso le llaman “Paz Social”.

Eso sí: si el Presupuesto 2018 rondará finalmente el monto consignado, dejará abierta una pregunta central: ¿estamos ante una pauta financiera megamillonaria porque Manzur está pautando ya un plan de continuidad más allá de 2019?

La respuesta sólo puede ser dada en términos políticos. Si después de los comicios hay cambios centrales en su Gabinete, evidentemente el gobernador habrá dado señales de que quiere quedarse por un mandato más. Por el contrario, el statu quo sólo será sinónimo de que este es un gobierno de transición.

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