Coco, el cartonero que fundó una cooperativa para reciclar basura y cuidar del medio ambiente

Ricardo Coco Niz ayuda a vecinos porteños, al Gobierno y a 43 familias pobres. Contó cómo arrancó todo.

18 Oct 2017
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EN ALIANZA CON LA COMUNIDAD. Ricardo Coco Niz logró unir a todos para cuidar el planeta. LA GACETA / FOTO DE DIEGO ARÁOZ.-

Hace 15 años no se hubiera imaginado el escenario que está pisando ahora: el hotel Hilton. Está parado frente a un auditorio que escucha atentamente el relato de su vida. Una historia que hace 15 años, cuando transcurrían los hechos debajo de un puente de Buenos Aires, a nadie le hubiera importado. Ricardo Coco Niz comprende que “la comodidad de la pobreza”, como él le llama, no genere admiración. “A veces uno se estanca y se queda esperando una solución que nunca llega”, reconoce. “Yo estuve así durante 25 años”, dice el hombre de ojos almendrados e intensos. De repente algo hizo click en su vida y Coco se levantó, fundó una cooperativa de trabajo para el reciclado de residuos y cuidado del medio ambiente y salvó muchas familias de la extrema pobreza. Hoy cuenta en Tucumán su “Plan B, mi segunda oportunidad”.

De trato respetuoso y amable, Coco no se ubica en el lugar del maestro, sino del que tocó fondo y quiere dar una mano al que todavía no sabe cómo salir de su inacción. Viene a LA GACETA invitado por Solidarios en Red.

- ¿Coco, qué fue lo que te hizo click?

- Hubo un incendio en el lugar donde yo vivía con mis cinco hijos (ahora tiene 12) y tuvimos que salir corriendo. En ese momento me puse a pensar qué les dejaba yo a mis pibes. ¿Un carrito para cartonear? ¿Un puente para vivir? ¿Un basural para revolver? Ahí empecé a sentir que tenía que hacer algo, aunque no sabía qué. Siempre me había dedicado a hacer trabajos honestos, como me habían enseñado los franciscanos que me criaron cuando era chico, en Entre Ríos. Pero ¿qué les dejaba a mis hijos?

- ¿Cómo se te ocurrió hacer una cooperativa?

- Un día en que yo andaba buscando desperdicios para vender me encontré con una vecina de Ravignani y Santa Fe, Juanita. Me invita a estudiar. ‘Coco, ¿porque no venís a la escuela?’, me dijo. Y yo con la excusa de que tenía que trabajar... Ibamos por toda la ciudad rompiendo bolsas para sacar algo para comer y algo para vender. No era yo solo, éramos miles de personas que hacíamos lo mismo y que hasta llegábamos a pelearnos por una bolsa de basura. ¡Por las de McDonald’s, que más desperdicios tenían para comer! Hasta que me decido y me voy a la escuela.

- ¿En la escuela te enseñaron sobre las cooperativas?

- No. La escuela me permitió ampliar mi visión, me abrió ventanas por todos lados. Yo leía todo lo que llegaba a mis manos. Una vez encontré en un basural una revista del Inaes, el Instituto Nacional de Economía Social. Ahí me enteré de qué era una cooperativa. Dije ¡qué bueno, no hay que poner plata, sólo esfuerzo! Me fui al Inaes y ahí una señora me explicó todo. Fui a ver a unos amigos que tenían un caballo y les propuse armar una cooperativa. Se llamaba El Camino. Yo conocía de separación de residuos. Comenzamos a trabajar bien, pero nos llegó una inspección del intendente de Pilar. ‘Muchachos ustedes no pueden trabajar así. Tienen que ir al Argentina Trabaja’, nos dijeron. Nosotros dijimos no. Y ellos nos cerraron el predio.

- ¿Cómo conseguiste librarte de los políticos?

- Yo ya había olfateado que el proyecto era posible. Pinté un cartel: Cooperativa de trabajo El correCamino. Le hice hacer un dibujo muy lindo y eso atrajo a mucha gente. La idea era crear una cooperativa productiva y para eso debíamos hacer una alianza con la comunidad, que es la dueña de la ciudad. Debíamos ofrecerle una solución y a la vez crear una conciencia solidaria para incluir a las familias de cartoneros, con el valor agregado del cuidado del medio ambiente. Lo que teníamos en claro es que no queríamos planes sociales para evitar la manipulación política. Nosotros no somos piqueteros.

- ¿Cómo llegan a CorreCaminos?

- En 2011, en Villa Crespo, fundamos la cooperativa que trabaja al cuidado del medio ambiente humano y ecológico e intentamos recuperar y mejorar la vida de personas en situación de vulnerabilidad. Trabajamos con basura preclasificada por los vecinos y las retiramos de postas. Se recogen tres toneladas por semana que de otra manera irían a enterramiento. Se rescata y repara todo lo que se puede y el resto se clasifica y se comercializa para reciclado (vidrios, plásticos, cartones, metales y otros). De este trabajo viven 43 familias, que reciben entre $ 1.500 y $2.000 por semana, sin contar los gastos de comida para todas las familias y de mantenimiento de la cooperativa.

- ¿Aumentó la tarea?

- Ahora podemos incluir muchas más familias porque realizamos un convenio con Desarrollo Social de la Nación que apoya nuestra iniciativa, y nos cedieron un galpón de 1.000 metros cuadrados y maquinarias para realizar nuestro proyecto en Barracas.

- ¿Cuál es va a ser el rédito de todo esto?

- Tiene muchos beneficios. Dar un servicio gratuito a la comunidad, de la que uno ya se siente parte; mejorar la calidad de vida de muchas familias gracias al trabajo y contribuir con el cuidado del medio ambiente. Todo esto con la esperanza de seguir creciendo.

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