Claves para no fracasar en la lucha contra la obesidad

18 Oct 2017

> PUNTO DE VISTA

ANDREA R. MIRANDA | DIRECTORA MÉDICA DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE ESTÉTICA Y NUTRICIÓN INTEGRAL

Es para destacar el avance que representa la celebración del Día Nacional de Lucha contra la Obesidad en un país como Argentina, donde su prevalencia va en aumento y un 60% de la población tiene sobrepeso, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud.

Estamos frente a una enfermedad no transmisible que genera complicaciones como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, hipercolesterolemia, hipertrigliceridemia, afecciones del aparato óseo o cuestiones cardíacas y cerebrovasculares, como accidentes o infartos. Además, una persona obesa tiene mayor tendencia a desarrollar distintos tipos de cáncer.

El diseño de programas eficaces de prevención y control presenta un enorme desafío, tanto desde el sector público como en el privado. En la mayoría de los casos se observa en los pacientes depresión, ansiedad, trastornos de ansiedad generalizada, trastornos obsesivos compulsivos y, por supuesto, baja autoestima. Por ello, la consulta médica no puede resolverse en 15 o 20 minutos. Se requiere un mayor tiempo para conocerlos, entenderlos y poder brindarles el enfoque personalizado necesario.

Por otro lado, hay que trabajar el impacto familiar. Los padres deben aconsejar, pero lo determinante es el ejemplo que den día a día con las conductas. Una de ellas es la alimentaria que, si favorece al aumento de peso, va a transmitir hábitos de consumo poco saludables. De la misma manera, si los padres son sedentarios, seguramente los niños lo serán.

En Argentina existen costumbres que contribuyen al aumento de peso. En el consultorio, la más común que observamos es el picoteo. Además de las cuatro comidas y antes de las tres o cuatro horas que se sugiere entre una y otra, suele haber un picoteo constante. Este lo que esconde son emociones que llevan a esa conducta que, generalmente, es adictiva.

Otro mal hábito muy frecuente es saltearse el desayuno. Por la mañana solemos estar apurados y muchas veces tomamos una infusión ligera o directamente nada. Entonces, a las dos o tres horas, estamos más cansados y nutricionalmente no estamos aptos para desarrollar nuestras actividades.

Esto se relaciona, además, con que elegimos alimentos con alta carga glucémica, principalmente harinas refinadas, grasas saturadas, galletitas, snacks, productos de panadería como facturas y empanados. Lo preocupante es que se disminuye el consumo de frutas y verduras.

En la dieta de los argentinos se observa frecuentemente la baja ingesta de fibra, vitaminas y minerales. Hay pacientes con sobrepeso u obesidad que tienen carencias nutricionales. El consumo de legumbres es muy bajo, por ejemplo, y lo mismo sucede con los lácteos.

Otro error habitual es creer que consumiendo muchos alimentos con envases de color verde vamos a bajar de peso. Estos son light, es decir, más livianos, pero también presentan calorías. Hay una necesidad de abordar a los pacientes con obesidad desde otro lugar, porque si no vamos a seguir fracasando. (Télam)

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