“La participación popular, comunitaria, es la que corrige las inequidades”, afirma Mempo Giardinelli

“Desde el Manifiesto pensamos una democracia no representativa, sino deliberativa”, agrega.

15 Oct 2017
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CRÍTICO. “Hay una realidad del país que no se ve ni en la TV ni en los grandes diarios”, afirmó Giardinelli. la gaceta / foto de franco vera

Cuando a Mempo Giardinelli se le pregunta qué es el Manifiesto Argentino, el escritor acerca una definición más cercana a la poética que al repertorio tradicional del lenguaje político. “El Manifiesto - afirma -es una propuesta de esperanza”. Ese es el “paraguas” del colectivo que nació en medio de la crisis de 2001 y que reúne entre otros fundadores al dramaturgo Roberto Cossa, al sociólogo Fortunato Mallimaci y al matemático y periodista Adrián Paenza.

Pero, ya pisando en firme, el escritor y columnista del diario “Página 12” añade que el Manifiesto Argentino impulsa una Reforma Constitucional con el eje en una democracia participativa; llama a convertir el Poder Judicial en un “servicio de justicia” y cuestiona en un todo la política del macrismo.

De paso por Tucumán, Giardinelli presentó los lineamientos del “Manifiesto”, al cual adhieren ciudadanos de todo el país provenientes de distintas fuerzas partidarias con presencia en varias provincias y una Junta Ejecutiva de nueve miembros, entre los que está la tucumana Rosana Herrera de Forgas. El autor de “El santo oficio de la memoria” (entre numerosos títulos de una profusa obra de ficción y ensayística) destacó, en diálogo con LA GACETA, que la principal propuesta del colectivo El Manifiesto Argentino es “una reforma política verdaderamente democrática y participativa”.

- ¿Cómo nace el Manifiesto?

-En plena crisis del 2001, yo empecé convocando a un pequeño grupo de amigos, incluso algunos que hoy están en otros espacio, y que espero que no se arrepientan de haber firmado. Yo estaba en Chaco, el paisaje social era desolador. Toda la ciudad estaba a oscuras y había al mismo tiempo pequeñas expresiones de cultura popular. El primer artículo lo escribí en “Página...” en enero de 2002, y desde ahí me salió la pregunta: “no somos políticos, no tenemos la posibilidad de hacer un cambio, pero algo tenemos que hacer”. Y largamos el primer Manifiesto, con un ideario, que es una carpeta de ideas. Hace poco más de un año lo reflotamos, y básicamente lo que impulsamos es una reforma Constitucional. Una Constitución es un pacto social que organiza la vida de una comunidad.Y el imperativo de ese pacto social es lograr que ningún sector de esa comunidad tenga privilegios sobre otros. Luego viene un sistema, el Republicano que eligió la Argentina, que contiene un sistema de representación. Y nos dijimos, ¿por qué no deliberar más allá de los representantes? Si el pueblo argentino delibera todo el tiempo, a lo largo de toda su historia ha estado participando con una pasión nacional conmovedora, exquisita, ¿por qué la única deliberación posible será aquella que se dé a través de sus representantes -aunque sean elegidos democráticamente, por el voto popular- ? Pero que son pocos, y son los que determinan todo. Y empezamos a pensar la propuesta de una democracia no representativa, sino participativa. Nos parece que el sentido de la participación popular, social, comunitaria, es el de corregir esas inequidades. Y esto no es un invento nuestro. Alemania, Finlandia, Suiza, son así. A mí me gustaría alcanzar el nivel de civismo que tienen esos países.

- ¿Se trata de modificar el sistema bicameral?

- Se verá. En el Derecho Constitucional hay mucho para discutir al respecto. Creo que el Poder Judicial es uno de los grandes problemas del país. Este es un país sin justicia. Tiene un Poder Judicial carísimo, pretencioso, del siglo XIX, con suerte; que tiene una judicatura que es lo más cuestionado que hay en esta sociedad; más que los dirigentes sindicales. Y ese cuestionamiento tiene que ver con formas de corrupción, puestos prácticamente eternos, sin un sistema de evaluación de la judicatura. Nosotros decimos que, tal vez, la Argentina no necesita ese Poder Judicial. La Argentina sí necesita un servicio de justicia, que es distinto. La Constitución de 1853 ya preveía el juicio por jurado; y recién lo estamos viendo en tres o cuatro provincias.

- El Manifiesto surge en el 2001. Sin embargo, durante el kirchnerismo estuvieron callados...

-No, no nos quedamos callados. Fue una decisión consciente. En 2003, cuando el país estaba empezando su reorganización, cuando Duhalde llama a elecciones y asume Néstor Kirchner llegamos a tener 40.000 seguidores en una internet entonces precaria.

- ¿La premisa ya era entonces la Reforma Constitiucional?

- En aquel momento era más importante la pacificación, la concordia, el trabajo, defender la salud, la escuela pública, la cuestión de la tierra... Estaba el problema de a quién se votaba el 23 de abril. Conversamos, y decidimos que cada cual votara a libertad. Era una sociedad fraccionada.

- ¿ Cuál es hoy la lectura?

- Hoy la Argentina está casi en una etapa de disolución nacional, que por ahí no se ve. Nos dicen “choreaban los K”. Seguramente hay un montón. Bueno, “métanlos en cana”. Pero ahora hay muchos más en esa condición; son familias enteras, las de los dueños de la Argentina. Como dice Pedro Peretti, la oligarquía logró que la tierra no sea un tema de discusión en la Argentina; nadie discute los latifundios, la extranjerización de la tierra, las fronteras sojeras que están asesinando campos y personas. La Sociedad Rural, entre otros, ha logrado que se invisiblice la cuestión de la tierra; cuando la cuestión de la tierra es constitucional en la Argentina; porque la Argentina nace como un problema de la tierra. Pensemos en Roca, en las Malvinas...

- ¿A qué atribuye el ascenso del macrismo ?

-Los grandes responsables son los medios. Por eso yo digo que el presidente es Magnetto. Les desespera tener el 95 % de la audiencia televisiva. Hay una realidad de país que no está ni en la TV ni en los grandes diarios. Pasa lo de Santiago Maldonado y al otro día La Nación publica que viene un nuevo juicio a Báez. Viene un proceso electoral y Bonadio les hace el favor de citar a Cristina, de quien dicen ahora que es la asesina de Nisman.

- ¿Hoy llaman a votar por alguna fuerza en particular?

- No, los compañeros son los que saben, dentro de cada territorio, quiénes son los que mejor pueden representar este ideario. Y, por otra parte, nos parece importante terminar con el espíritu unitario de la Argentina, Y eso se lo hemos dicho a Cristina y a los del Instituto Patria. No es posible que desde un escritorio de la ciudad de Buenos Aires se dirima quiénes serán candidatos de Catamarca, de Misiones o de Córdoba. Para mí, hoy el Manifiesto es el embrión de una confluencia nacional y popular que interprete el sentir del 70% de la ciudadanía que tiene un sentido patriótico. Pensamos que hay que trabajar para esa masa de ciudadanía.

- ¿Cómo analiza el hoy del radicalismo y del peronismo?

- Estoy esperando que el radicalismo se termine de romper, haciendo honor a Alem e Irigoyen, para que no se siga doblando. Creo que eso también pasa en cierto modo en el Partido Justicialista. Sería bueno que se rompa. Hay un modo histórico de hacer política que es la negociación entre la real politik y lo coyuntural; y los que salen perdiendo son los principios. Y eso es lo que no vamos a resignar.

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