Cómo romper las barreras que impiden la paz en el Medio Oriente

12 Oct 2017

César Chelala - Columnista invitado

Recientemente, en Israel, la colaboración entre médicos palestinos, israelíes y estadounidenses salvó la vida de un adolescente de Naplusa, Palestina. Jummana, una niña palestina de 17 años, padecía un problema endocrino grave, poco común. Sus médicos de la Autoridad Palestina la remitieron al Centro Médico Rambam en Haifa, Israel, donde fue operada con éxito. Este proyecto formaba parte de un nuevo modelo de tratamiento llamado “Trae al paciente, trae al cirujano”.

El profesor Dov Tiosano, un endocrinólogo pediátrico israelí, había examinado a Jummana y había diagnosticado un tumor relacionado con una enfermedad genética, resultado de la consanguinidad. Tiosano contactó a un colega en los Institutos Nacionales de Salud de los Estados Unidos, quien confirmó el diagnóstico y se comunicó con el profesor John A. van Aalst, director de la División de Cirugía Plástica del Hospital Infantil de Cincinnati, para averiguar sobre el mejor lugar donde realizar la cirugía.

El profesor Van Aalst, que tiene fuertes conexiones profesionales con médicos palestinos e israelíes, sugirió entonces que la adolescente fuera operada en el Centro Médico de Rambam, siendo este el lugar más seguro y en general más conveniente para la operación. La actuación conjunta de los médicos palestinos, israelíes y estadounidenses condujo a un resultado exitoso, que puede ser una experiencia de aprendizaje para futuros casos similares.

Si bien las iniciativas de colaboración en salud por sí solas no pueden asegurar la paz, especialmente cuando abundan las tensiones políticas, culturales, psicológicas y religiosas, estas a menudo sirven como un punto de contacto útil entre las naciones en conflicto. Este tipo de programas binacionales de salud han servido para ampliar la cooperación entre naciones en conflicto y aumentar la comunicación entre las mismas.

Durante la década de los 80 los enfrentamientos violentos entre los “contras” y los sandinistas de Nicaragua despertaron el interés de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la oficina regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Como resultado de ello, la OPS implementó la siguiente estrategia: “La salud como puente para la paz”. Esta tuvo como objetivo proporcionar atención de salud a las poblaciones que viven en zonas devastadas por la guerra en América Latina. Su trabajo resultó en los llamados “Días de tranquilidad” en El Salvador y Perú, durante los cuales miles de niños fueron vacunados contra la poliomielitis, la difteria, la tos ferina, el tétanos y el sarampión. Lo más notable es que estas actividades de la OPS contaron con el respaldo de funcionarios gubernamentales y fuerzas guerrilleras rebeldes, preocupados por la salud pública en un terreno común.

El mismo enfoque se ha utilizado en el Oriente Medio. Desde su fundación en 1988, la Asociación de Médicos Israelíes y Palestinos para los Derechos Humanos ha creado dos fondos para abordar la negligencia médica a los niños palestinos trabajadores: el Fondo de Atención Médica para Niños Palestinos y el Fondo Médico para Niños de Trabajadores Extranjeros. Desde los Acuerdos de Oslo de 1993, se crearon varios nuevos grupos de salud que proporcionan servicios a los palestinos.

La cooperación no se limita al campo médico. En la música, dos orquestas formadas por músicos árabes e israelíes han estado actuando en varios países: uno, la Orquesta por la Paz, creada por el músico argentino Miguel Ángel Estrella, y la otra, la orquesta Divan del Oeste-Oriental, co-fundada por Daniel Barenboim, el conductor israelí nacido en Argentina y Edward Said, el fallecido profesor palestino-estadounidense.

Aparte, un grupo de mujeres árabes que viven en Israel está actualmente trabajando con mujeres israelíes activistas por la paz proponiendo alternativas para lograr el entendimiento entre ambos pueblos.

A estas experiencias debe añadirse el intercambio de otros artistas, así como de profesores y estudiantes, personal técnico de diferentes disciplinas e ídolos deportivos que juegan en equipos mixtos de israelíes y palestinos. Estoy proponiendo nada menos que un esfuerzo masivo de israelíes y palestinos, que seguramente encontrará un amplio apoyo internacional- para romper las barreras psicológicas que separan a sus ciudadanos. Se ha gastado tanto dinero en guerras que se podría dedicar tanto más esfuerzo para crear un ambiente propicio para la paz.

La paz entre israelíes y palestinos no se logrará rápidamente sino sólo a través de un esfuerzo masivo que involucre a la ciudadanía podrán ocurrir la reconciliación y la cooperación entre ambos pueblos. En una región plagada de desconfianza, miedo y violencia, la construcción de puentes ciudadanos es el mejor antídoto contra la guerra.

Estas acciones, por sí mismas, no traerán una solución permanente al conflicto, pero crearán las condiciones que podrían hacer posible la paz entre israelíes y palestinos.

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