Unir El Cadillal con La Sala no fue tarea fácil para los participantes del Transmontaña

La montaña recibió a más de 1.300 enduristas. Los mejores de todos fueron el riojano Llanos y el italiano Cavallo

09 Oct 2017

El Rally Transmontaña de enduro fue tan exigente que ni a los mismos ganadores perdonó. El riojano Diego Llanos y el italiano Mateo Cavallo lograron la victoria luego de unir El Cadillal con La Sala en 3hrs20’2”97/100. Ellos sufrieron para ganar. Llanos lo primero que hizo fue felicitar a su compañero. “Hizo un esfuerzo muy grande porque se quedó sin frenos”, empezó a reconstruir la victoria.

El relato todavía tenía condición de extraoficial porque había que esperar el arribo de la otra pareja de punta. Mientras aguardaba la confirmación del triunfo debajo del arco de llegada que lo resguardaba sólo un poco del sol que invadía el valle de La Sala, el riojano expuso otra dificultad. “Algunos guadales obligaban a que nos apoyáramos mucho. No se veía casi nada. Después no hubo otros inconvenientes”, sintetizó.

Para Cavallo, que contó sus sensaciones a los pocos minutos y con ello el triunfo ya era oficial, el terreno lo complicó. Concretamente fue lo que originó el desperfecto en los frenos de su moto. “Tuve una caída; se golpeó el tubo de freno y se aflojó. Fue muy difícil, pero pude terminar”, comentó el italiano con felicidad. La dupla tuvo las mayores complicaciones en las bajadas. Vale remarcar que el europeo condujo más de la mitad del recorrido sin frenos delanteros. “Puedo decir que Mateo es un piloto tremendo. Solucionó perfecto el problema de quedarse sin frenos”, destacó su compañero.

Cavallo no paró de sonreír apenas arribó. Su incursión en tierras tucumanas le pintó esa sonrisa al muchacho de 22 años. “El circuito tiene mucho polvo, nada más, pero me ha gustado. Si Beta me vuelve a alojar, por supuesto que vuelvo”, bromeó Cavallo. Oficiaba de traductor Claudio Stefanuto, presidente de Beta Motor Argentina, que sonrió con complicidad y satisfacción: es que la marca italiana, especialista en la construcción de motos para campo traviesa, apostó a que dos representantes de ese país participaran en esta edición del Transmontaña con el objetivo de retener la corona que habían logrado en la edición 2016.

Para Franco Ayuso es un buen ejercicio mirar 12 meses atrás. El tucumano, junto al mendocino Stéfano Caimi, llegaron segundos (3hrs.25’36”28/100). Ayuso se quedó sin nada en la edición pasada por un desperfecto en su máquina cuando era casi imposible que el título se le escapase. En 2017 la meta era ganar, pero la montaña impuso sus reglas, aunque la dupla terminó feliz por la posición obtenida. “Cometí un error: se me cayó la moto por un barranco en una subida. Ahí perdí más o menos cinco minutos para sacarla. Creo que fue lo que nos llevó a caer en el segundo lugar”, analizó Caimi. “La próxima Stéfano va a venir más tiempo a entrenar y nos vamos a afianzar más”, dijo confiado Ayuso pensando en 2018 y en la buena sociedad que logró.

El podio se cerró con el binomio formado por Fernando Correa, campeón tucumano, y el español Alfredo Gómez. También tuvieron problemas que frenaron su andar. “No había opción: si no bajábamos el ritmo, la moto no llegaba”, indicó Correa. Sucede que a la rueda trasera de la máquina de Gómez se le salió una gran cantidad de rayos. “Casi quedamos fuera de carrera. Tuvimos que bajar la velocidad casi a cero”, remarcó Correa. “Fue una carrera diferente para mí: correr en pareja nunca lo había hecho”, contó el español. “De puntaje le pongo un siete porque hay mucho polvo”, dijo entre risas Gómez, que espera volver el año próximo.

En el Transmontaña de enduro se persiguen triunfos, pero no todos con destino de podio. El verbo ganar se conjuga en lo más íntimo, ellos no buscan esa victoria para trascender más allá de sus propias vidas. Es lo que pasa con los Cadile, de Mendoza.

“Es mi cuarto Transmontaña y el primero de él”, contó Leonardo apuntando a Martín. Su hijo se estaba sacando toda la indumentaria y protecciones luego de terminar el recorrido. “Mi esposa también está corriendo con un amigo, que tiene 75 años”, reveló el caballero. Lo de los Cadile ya es cómo una tradición. “El hecho de venir con toda la familia es el objetivo que queremos cumplir”, explicó Leonardo.

Martín también quiere seguir sumando horas en la carrera tucumana. Su deseo es formar dupla con mamá Patricia, pero siente que todavía falta. “Por supuesto voy a querer correr con ella. Cuando esté bien preparado y tenga bastante experiencia lo voy a hacer”, anticipó el joven piloto, que además es campeón de remo, categoría Menor.

El hijo reconoce que la pasión del padre lo aferra a la moto tanto como el ímpetu de su entrenador de remo; ambos le dan confianza para seguir con las dos actividades. “Es un ida y vuelta entre los dos deportes. Por eso me quedo con ambos; me trajeron demasiados amigos y muy lindas experiencias”, destacó Martín.

Como los Cadile, Francisco Ruiz y José Ross no quieren que su historia en el Transmontaña se corte. “La idea era llegar como sea”, dijo Ruiz. Él venía manejando la moto que, observada de frente, ofrecía una singular vista: cuando su compañero levantaba los brazos parecía que el piloto tenía cuatro extremidades superiores. “Mi moto quedó pasando el Alto de Vipos. ¿Qué fue de ella? No sé. En algún momento sabremos, je”, afirmó Rosso.

Para Ruiz fue un exigente trayecto los casi 20 kilómetros que tuvo que completar llevando a su compañero. “Se me acalambraron todos los músculos del cuerpo. No doy más”, reconoció.

La escena se repitió varias veces cuando los competidores arribaban. En el caso de la dupla es la segunda vez que sufren el percance. “El año pasado se me rompió también, pero directamente no pudimos llegar. Este año teníamos que llegar como sea. La solución es buscar una moto más nueva”, contó Rosso.

Llegada refrescante

El Transmontaña se corrió con alta temperatura. Las duplas sintieron potenciado los grados centígrados, por lo que no llamó la atención que apenas se sacaran los cascos, incluso antes de saludar a amigos y familiares, los pilotos se acercaran a las promotoras que entregaban bebida energizante y agua frescas. La hidratación fue uno de los aspectos que los organizadores recomendaron cuidar con énfasis. Por ello todos portaron camelbacks para transportar líquido, el que repusieron en cada puesto de reabastecimiento con sus equipos de asistencia.

Poco respeto a las normas

La ansiedad de los espectadores fue incontrolable en el ruta de Raco. En uno de los puntos de reabastecimiento se formó una larga hilera de vehículos. El dispositivo de seguridad que estaba bien posicionado no fue suficiente para contener a los conductores que, imprudentemente, circularon por las banquinas y hasta a contramano.

Correa y Gómez compartieron y sonrieron

La dupla de Fernando Correa y Alfredo Gómez partía como una de las más fuertes para ganar la carrera. Incluso por los altoparlantes se anunciaba que hasta Vipos ellos venían dominando la carrera. Si bien el tercer puesto no era lo que habían planeado, ambos mostraron cordialidad en la llegada. Los pergaminos de Gómez lo pusieron como el máximo exponente internacional en la edición 27 de la carrera por lo que fue muy solicitado por los simpatizantes del deporte. El español reconoció también que el trato que recibió en Argentina fue tan cordial que desea volver.

Llegadas veloces, con lágrimas y paseos exclusivos

En el predio de llegada en La Sala fue por demás interesante atestiguar el arribo de los pilotos. Los binomios dejaron explotar toda la adrenalina y aceleraron al máximo en un corto superprime. Los ruidosos escapes hicieron delirar a los presentes que retribuyeron el espectáculo con aplausos. Muchos de los que llegaban terminaron fundidos en abrazos que los emocionaron hasta las lágrimas. También los más pequeños fueron pilotos en la corta recta que llevaba hasta el arco de llegada una vez que el cronómetro se detuvo y la alta velocidad ya no era necesaria.

Música y elegantes trofeos

Un enorme escenario fue montado por el Club Tucumano de Enduro y Rescate para hacer la ceremonia del podio. Antes de la entrega de trofeos actuó la banda de rock La Pineal. Los trofeos dieron qué hablar por su gran tamaño y sobriedad.

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